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Cosidó opta por sacrificar al jefe de Madrid

La proximidad al PP andaluz salva al máximo responsable de los antidisturbios

Abril 25, 2014
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La militancia política se ha colado en la crisis de los antidisturbios de la Policía, concretamente en las decisiones que ha adoptado el máximo responsable del Cuerpo, Ignacio Cosidó, para intentar zanjarla. El director general ha decidido sacrificar al jefe de la Unidad de Intervención Policial (UIP) de Madrid, Francisco Javier Virseda, y salvar a los otros dos mandos cuyas cabezas pedían los sindicatos: el jefe a nivel nacional de la especialidad, José Miguel Ruiz Igusquiza, y el máximo responsable de la Comisaría General de Seguridad Ciudadana, Florentino Villabona. Este último es un hombre muy próximo al Partido Popular andaluz. De hecho, su anterior cargo fue el de director de seguridad del Ayuntamiento de Málaga, en manos de los conservadores.

Es todo lo que ha podido hacer Cosidó por Villabona, uno de los miembros de la Junta de Gobierno de la Policía elegidos por él mismo. Sin embargo, el comisario general de Seguridad Ciudadana sale tocado de la crisis. El sacrificado, Virseda, era una elección personal suya. Según una opinión absolutamente mayoritaria en la UIP, un error que ha terminado pagando. Ni Villabona, ni Virseda tenían experiencia alguna en el control de masas antes de esta legislatura. Eso quedó de manifiesto tras las Marchas de la Dignidad, cuando Virseda no supo reaccionar sobre el terreno a los graves incidentes registrados esa noche. Así se lo reconoció en persona a Cosidó cuando éste acudió a visitar a los heridos, según fuentes policiales.

Un nombramiento polémico

El nombramiento de Virseda para dirigir la UIP de Madrid, la pieza más relevante de toda la especialidad, fue acogido con estupor en su seno. Virseda venía de Málaga, como Villabona, en concreto de la unidad adscrita a la Junta de Andalucía que tiene el Cuerpo Nacional de Policía. Su elección se saltaba la secuencia considerada natural en la UIP, tras la marcha del experimentado Javier Nogueroles a una embajada. Y además, llegaba sin experiencia alguna en la materia. Desde el primer momento, los agentes rechazaron a su nuevo jefe y el clima tardó poco en enrarecerse.

La falta de experiencia no es óbice para que todo un comisario general decida abandonar la sala de crisis que se habilita en la Jefatura Superior de Policía en cada jornada conflictiva y salga a dirigir sobre el terreno en un coche del Cuerpo. Esto causa malestar en los mandos intermedios de la UIP, que consideran una interferencia en su trabajo las órdenes y contraórdenes que reciben, como ocurrió el 22M.

Una vez más, el Partido Popular pesa demasiado en las decisiones correspondientes al Ministerio del Interior. Existe en la Policía un convencimiento extendido de que los peores momentos de la crisis entre el ministro, Jorge Fernández Díaz, y Cosidó, no han acabado con el cese de éste por el peso en la formación que tiene el político palentino. No ocurrió así con el primer secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Ulloa, ajeno al partido y del que Fernández Díaz se desembarazó al año de su nombramiento.

Los antidisturbios se quejan de una nefasta regulación de la jornada laboral, que les obliga a desplazarse sin casi previo aviso y les evita cualquier conciliación con su vida personal y familiar. De esto y de los errores, los sindicatos también culpan al jefe de la UIP a nivel nacional. Pero Cosidó no se ha atrevido con él. Ruiz Igusquiza es un hombre de su número dos, Eugenio Pino, el comisario que dirige de facto la Policía, y a cuyo criterio corresponden la inmensa mayoría del carrusel de cambios que ha sufrido la cúpula policial desde que gobierna el PP.

Pedro Agueda