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Ocurrió en una de las calles de Madrid

La primera gran bronca de Gonzalo Miró y Amaia Montero

Febrero 16, 2010

Están muy enamorados, pero lo cierto es que la semana pasada protagonizaron una acalorada discusión en una calle de Madrid.

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Cuando Gonzalo Miró y Amaia Montero iniciaron su ahora cacareado romance, pocos apostaban por un amor que parecía férreo y hasta envidiable. La cantante no dudó en confirmar su idilio y el presentador reía a carcajadas, destilando ternura y hasta simpatía para con los medios de comunicación. Cosa rara en él, pues cuando casi matrimoniaba con Eugenita Martínez de Irujo, fruncía el ceño cada dos por tres. Dicen que Gonzalo es bastante vulnerable, quizás por eso cambia de talante según la pareja con la que se encuentre. Anyway, Gonzalito es atractivo y buena persona a partes idénticamente proporcionales. Todos sus compañeros y amigos se refieren a él con cariño y lo tildan de un ser ingenuo e inteligente. Eso, sin duda alguna, fue lo que conquistó a la bilbaína, amén de un cuerpo que crea pensamientos lúbricos a propios y extraños. No es de extrañar, por tanto, que la Montero reconozca que siente más de lo que nunca hubiera imaginado. Y es que es de las pocas veces que se le ve tan contenta a la ex vocalista de ‘La oreja de Van Gogh’.
 
La discusión imprevista
 
A pesar de los pesares, el amor es tan endeble como la propia vida. De eso saben los dos, pues han vivido rupturas sentimentales algo traumáticas y hasta devaneos que parecían gloria y, al final, han sido únicamente coqueteos de semana y media. No parece el caso, por eso Gonzalo y Amaia prefieren decirse las cosas a la cara y evitar que las rencillas crezcan y se reproduzcan. El pasado viernes protagonizaron su primera gran discusión en plena vía pública. El reloj marcaba la una y cuarto de la madrugada cuando Gonzalo frenó en seco su impresionante coche en plena calle Goya de Madrid. En la ventanilla del copiloto, la bella Amaia Montero discutía acalorada. Me cuentan que las palabras se tornaron chillidos y que más de uno quedó alucinado con la pasión con la que se rebatían los argumentos. Por fortuna, el asunto acabó unos diez minutos después con los ánimos algo más tranquilos. Eso sí, insisten en que aquella fue una bronca para la posteridad, quizás porque aunque ambos parecen sosegados y muy silenciosos, la realidad es que tienen fuertes caracteres que, en ocasiones, chocan. Pero, a buen seguro, el amor puede con todos los infortunios de lo cotidiano. Es ley de vida…
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)