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¿Habrá boda en Portugal?

La presión mediática azuza a Alfonso Díez

Febrero 14, 2011

Me cuentan que Díez está que trina. No sólo porque otros medios han lanzado al mercado portadas con declaraciones suyas sobre la famosa reunión con los hijos de la Duquesa de Alba, sino también porque no entiende quién se encarga de filtrar datos concernientes a la vida cuasi conyugal que mantiene con la aristócrata dama. Rarezas varias que resultan más que sorprendentes. Sobre todo porque si algo destaca en Alfonso es la discreción. Algo que lo hace todavía más interesante y encantador.

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Está en boca de todos. Incluso los informativos de las principales cadenas de televisión se han hecho eco de la que, en caso de producirse, sería la tercera boda de la Duquesa de Alba. Alfonso Díez no puede más. Me cuentan que en los últimos días está recibiendo incesantes llamadas de teléfono. Le preguntan, le insisten y le increpan. Increíble. Tanta presión podría pasarle factura. El próximo fin de semana está previsto que el funcionario se reúna con Cayetana en el Palacio de Dueñas. Allí podrá desconectar del mundanal ruido. Sería más que necesario.
Alfonso no ha cambiado de teléfono como apuntan algunos medios, ni tampoco lo está pensando: “estoy apagándolo de vez en cuando porque son muchos los que me llaman constantemente”, me dijo el pasado sábado. Alfonso es sincero. Claro y rotundo. Sin dobleces ni ocultaciones. Quizás, por eso, son muchos los que se aprovechan de su candidez para sonsacarle información. Es vulnerable. Desde que el pasado martes, éste que les escribe publicara un reportaje del excelente funcionario en la revista ‘Sálvame’, me cuentan que otros han intentando repetir la jugada con estrategias de lo más variopintas. Algunos -me cuenta el propio Alfonso– intentando malmeter, vociferando en contra del medio y del escribidor. Otros, montando en cólera por no haber sido elegido para escribir tan comentado escrito.  
Me cuentan que Díez está que trina. No sólo porque otros medios han lanzado al mercado portadas con declaraciones suyas sobre la famosa reunión con los hijos de la Duquesa de Alba, sino también porque no entiende quién se encarga de filtrar datos concernientes a la vida cuasi conyugal que mantiene con la aristócrata dama. Rarezas varias, que resultan más que sorprendentes. Sobre todo porque si algo destaca en Alfonso es la discreción. Algo que lo hace todavía más interesante y encantador.
A pesar de lo cacareado, Alfonso y Cayetana todavía no van a pasar por la vicaría. Y mucho menos en el Palacio de Liria. Me insisten en que, en caso de celebrarse, los contrayentes estarían pensando en Portugal, aunque todavía no hay fecha elegida. Nunca la ha habido, ni siquiera cuando ambos estaban convencidos de dar semejante paso.