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La prensa catalana se harta de Luis Enrique: desplantes, faltas de respeto y prepotencia y, algunos, hasta piden su cabeza

Enero 27, 2016
luis enrique

Luis Enrique ha sido el técnico del triplete, el responsable de que el tridente formado por Messi, Neymar y Suárez sean uña y carne, el entrenador que ha colocado al Barcelona -de nuevo- en lo más alto del escalafón europeo. Sin embargo, no todos están contentos con el ex de la Roma o Celta, al que hace tiempo el también asturiano Benito Floro definió como “el típico asturianín”, aludiendo a su habitual actitud chulesca. Esa actitud está colmando la paciencia de la prensa.

Luis Enrique ha seguido fiel a la tendencia instaurada en el Barcelona en los últimos años: no da entrevistas personalizadas. Los que le conocen afirman que, si de él dependiera, tampoco acudiría a las ruedas de prensa. Considera a los periodistas enemigos naturales, buitres que únicamente buscan un tema polémico con el que entretenerse toda la semana, meros aficionados que no tienen mucha idea de fútbol. Esta situación se hizo evidente cuando fichó por el club culé, aunque ha ido empeorando a lo largo de los últimos meses, más si cabe después de lograr el triplete.

Cabe recordar que la llegada de Luis Enrique fue recibida con optimismo por parte de la mayor parte de la prensa. Se acababa un mal año, el de Gerardo ‘el Tata’ Martino. El técnico argentino nunca encajó con sus jugadores y tampoco congenió con la prensa, hipercrítica con él desde el minuto uno. En el Barça de la historia moderna no se perdona un año en blanco. Luis Enrique, por tanto, significaba una vuelta a la era Guardiola, al estilo Barça, a los títulos. En contra de lo que pueda parecer, los periodistas no fueron duros con el asturiano en sus inicios.

Todos apoyaron a Messi

Desde su primera comparecencia ante los medios de comunicación, Luis Enrique se mostró distante, aséptico, en muchas ocasiones antipático. Quizás esperaba que el ambiente en la sala de prensa fuera como en la época de Guardiola y eso era imposible. A Pep se le llegó a venerar tanto que en una ocasión un periodista de una televisión nacional le preguntó, con rictus de evidente preocupación: “¿Te encuentras bien, te ha pasado algo?”. No, el ambiente no podía asemejarse a algo tan antinatural, pero tampoco se respiraba entre los periodistas la crispación que tuvo que aguantar Martino. Digamos que Luis Enrique comenzaba en punto muerto y de él dependería el rumbo.

Y la cosa se empezó a torcer: a las malas contestaciones se le unió la falta de resultados y buen juego en la primera parte de la temporada, cabreo con Messi incluido. Fue la época en la que el técnico intentó, infructuosamente, sustituir a Messi en un partido ante el Eibar; después la relación entre ambos se enfrió sobremanera, hasta el punto de llegar a encararse en un entrenamiento, una confrontación que fue reconocida por varios miembros de la plantilla. Y fue entonces cuando se inició la guerra pública Messi-Luis Enrique y todos, sin excepción, se alistaron en el bando del argentino: directiva, jugadores, afición y, por supuesto, prensa. Esto nunca lo perdonó Luis Enrique, que únicamente entró en razón cuando los capitanes del Barça le hicieron ver que las cosas solo funcionaban cuando Messi estaba contento.

El triplete le reforzó en su odio

Pero la temporada fue avanzando y el técnico que llegó a estar en la cuerda floja se terminó haciendo con el triplete. Luis Enrique se sintió ganador de una guerra que solo había existido en su mente. Los periodistas estaban realmente satisfechos con la marcha del Barça y con el aparente cambio de actitud del asturiano; nadie en su sano juicio buscaría problemas con un entrenador que acaba de ganar un triplete. Daba igual, Luis Enrique se crispó más aún porque creyó que nadie le daba el mérito que realmente tenía. Quizás olvidaba que sobresalir en un equipo en el que están Messi y Neymar es harto complicado.

El caso es que la situación ha terminado de enquistarse en la presente campaña. Aunque el equipo marche bien en el aspecto deportivo, las ruedas de prensa son largas batallas dialécticas en las que solo hay un contendiente. En las últimas semanas hemos podido ver cómo Luis Enrique le recriminaba a una periodista su falta de dicción en público; también hemos asistido a un sinfín de respuestas con monosílabos, hasta llegar al punto de que el jefe de prensa del Barcelona le ha tenido que pedir que se alargue en sus conversaciones; eso sin olvidar sus habituales re-preguntas a los periodistas: “No, dime qué te parece a ti”. Son, en definitiva, situaciones muy desagradables que hacen que cada rueda de prensa sea un mal trago para los reporteros.

Los integrantes de las distintas redacciones son claros en sus círculos más privados: “Es insoportable, pero a ver quién le echa con tantos títulos”. Otros se plantean asistir a las ruedas de prensa sin preguntar, algo difícil. “Siempre nos piden que le preguntemos cosas concretas, no podemos dejar de hacerlo”. Los más activistas van un paso más allá: “Tendríamos que levantarnos todos juntos e irnos, como hicimos hace ya algunos años” (Ocurrió cuando el departamento de comunicación del Barcelona nunca permitía que hablaran los pesos pesados del vestuario).

El malestar de los periodistas con el Barça es notorio. No gusta la antipatía de Luis Enrique, cansan las bromas pesadas de Piqué e indignan los ataques de Alves. Por si fuera poco, ya no les permiten viajar en su mismo avión. Cada vez es más difícil desempeñar este oficio.

Felipe de Luis Manero

@felipedeluis99