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Historias todas ellas que molestan particularmente a don Juan Carlos, que, una vez cambiada la ley, no quiere mezclarse en esas cuestiones

La polémica sobre la titularidad del ducado de Suárez reabre la caja de los truenos en la Diputación de La Grandeza

Abril 2, 2014

Esta institución, en la que ya vienen dándose algunas batallas dialécticas en los últimos tiempos, son muchos los que acusan en particular y de forma directa a su presidente, Alfonso Martínez de Irujo, duque de Aliaga y de Híjar e hijo de Cayetana de Alba a quien definen como soberbio, por mostrarse excesivamente débil al no defender ante don Juan Carlos lo que se entiende que son unos derechos


El gran interés que ha generado en los medios de prensa la sucesión en el ducado de Suárez tiene movilizadas las opiniones de la gran nobleza hispana, en cuyo seno vuelven a reabrirse viejas heridas que se originaron cuando en 2006 el cambio en las leyes sucesorias equiparó los derechos entre hombres y mujeres. Por una parte, está el gran enfado de algunos por el trato descarnado que la prensa está dando a una cuestión que compete a “una familia discreta, buena y por la que no se está mostrando respeto alguno aireando este asunto cuando el cadáver de Adolfo Suárez estaba todavía sin enterrar”, según nos declara un noble titulado.

Por otro, las diferencias de opinión entre unos y otros nobles a la hora de interpretar a quien debería de pasar el ducado de Suárez, que para muchos tendría que ser indiscutiblemente para Adolfo Suárez Illana a pesar de la ley de igualdad de derechos “porque el rey debería portarse bien con él” y porque como primer concesionario el difunto Adolfo Suárez hubiera podido disponer de la sucesión de su casa como su hijo Adolfo atestigua que quiso hacer.
 
En Zarzuela no hay dudas: el ducado para Alejandra Romero
 
Y es que aún no han pasado ni los duelos ni los lutos que los Suárez sin duda respetarán antes de presentar su solicitud de sucesión en el ducado ante el Ministerio de Justicia, y ya hay hasta quien dice que en Zarzuela no se duda de que el ducado pasará a Alejandra Romero como portadora de los mayores derechos en detrimento de su tío Adolfo. Nunca debieron de imaginar los Suárez que se levantaría tan enorme polvareda, pero estos lodos vienen, en realidad, del enorme malestar de un gran sector de la nobleza que desde hace años se siente atacada, no respetada en sus derechos históricos, y completamente abandonada por la corona: “Después de como ser portó la nobleza con la familia real en los tiempos de Estoril. Mucho mejor se portó la nobleza española con la familia del conde de Barcelona que los nobles italianos y franceses lo hicieron con el rey Umberto de Italia y con el conde de París”, aseguran.
        
Todos se hacen lenguas, y el asunto también ha llegado a la Diputación de la Grandeza en la que ya vienen dándose muchas batallas dialécticas en los últimos tiempos, pues son muchos los que acusan a la institución, y en particular y de forma directa a su presidente, Alfonso Martínez de Irujo, duque de Aliaga y de Híjar e hijo de Cayetana de Alba a quien algunos definen como soberbio, por mostrarse excesivamente débil al no defender ante don Juan Carlos lo que se entiende que son unos derechos, los de los nobles, que tendrían que ser salvaguardados o cuando menos considerados con mayor respeto y cuidado y escuchando mucho más la voz de los interesados. “Nos tienen completamente apartados”, nos declara alguno, “y finalmente todos estos cambios en las leyes no pretenden sino finiquitar la nobleza debilitando a las familias, enfrentándolas, y haciendo que los grandes títulos históricos pasen a familias nuevas cambiando de apellido”.
 
Los nobles, entre pactos y demandas: de los Medinaceli a los Martínez Bordiú
 
Los cambios en las leyes sucesorias han generado que haya más de 600 pleitos por sucesiones en el Tribunal Supremo, y esas tensiones vuelven abrirse cada vez que, como sucede ahora, surge alguna sucesión en títulos particularmente significativos como es el caso del ducado de Medinaceli, uno de los más importantes y antiguos de España, que con toda probabilidad pasará en breve de la familia Fernández de Córdova a la familia alemana de los príncipes de Hohenlohe-Langenburg. Enfrentamientos entre miembros de las familias, que se ven forzados a llegar a acuerdos a momentos un tanto forzados pues ya hubo un pacto entre Fernando Ramírez de Haro, esposo de Esperanza Aguirre, con su hermana mayor Beatriz por el cual él le cedió a ella el condado de Murillo para evitar que ella se interpusiese en la sucesión del más importante condado de Bornos.
 
Y en esa misma línea también se habla de un posible pacto entre los hermanos Martínez-Bordiú según el cual tras la muerte de la duquesa de Franco ese flamante y significativo ducado pasaría a su hijo Francis Franco, a quien su hermana Carmen Martínez-Bordiú, primogénita de la familia y por tanto portadora de mayores derechos, se lo cedería a cambio de recibir de él el marquesado de Villaverde que él lleva actualmente.
 
La actitud de Zarzuela indigna a la nobleza
 
Historias todas ellas que molestan particularmente a don Juan Carlos, que una vez cambiada la ley no quiere mezclarse en esas cuestiones pues ya en años pretéritos decidió que se pusiese el freno total a las rehabilitaciones de títulos al descubrirse los numerosos casos de falsificaciones que “colaron” en el Ministerio de Justicia y que llevaron a algunos como un famoso duque consorte a la cárcel. Por tanto se hace muy difícil creer que, aunque algunos lo consideren injusto, don Juan Carlos decida mezclarse en este asunto y no dejar que la legislación siga su libre curso haciendo recaer el ducado de Suárez en Alejandra Romero.
 
Pero las quejas continúan, los agravios se acumulan, y la actitud de Zarzuela es cada vez más criticada por ciertos sectores de la nobleza que, según otra persona de ese entorno, “no son sino aquellos que quisieran ser recibidos y estar cerca del rey, pero que al no estarlo se sienten molestos. Sin embargo” – añade – “el rey no los tiene apartados porque son muchos los que, como el duque de Híjar, mantienen una relación fluida y frecuente con él pues el rey sabe perfectamente quién es quien”.
 
Ricardo Mateos