Menú Portada
Eugenia Martínez de Irujo y Gonzalo Miró disfrutaron de unos días en Turquía

La pasión turca de Vicky Martín Berrocal

Julio 29, 2008

En tiempos de agonía estival, hay quien aprovecha para darle una nueva oportunidad al amor. Es el caso de Eugenia y Gonzalo que han disfrutado de unos días de pasión en Turquía.

pq_576_vicky.jpg

Pese a que las estadísticas insisten en que en tiempos de carolina estival las relaciones sentimentales se resquebrajan con mayor facilidad, parece error o apunte incierto para la gran mayoría de los famosos españoles. Es el caso de Eugenia Martínez de Irujo y Gonzalo Miró que estos días han lucido amor desinteresado por las calles de una Turquía que se recupera del último atentado. Cuentan que el viaje les ha servido para afianzar una relación que parece férrea y estable. Mimos, caricias y miradas que más que de amor, parecían pura llama. Un guía, de apetecible mirada, les acompañó durante su estancia allí y les mostró, con absoluta minuciosidad, aquellos lugares que no debe perderse un turista con ganas de conocer. Días de asueto y tranquilidad que, según el apuesto periodista Cesar Heinrich, han sido inmortalizados por una reportera arriesgada que siguió a la pareja por todos los recovecos. Dicen que Eugenia cavilaba acerca de la identidad de la mujer que les perseguía indiscriminadamente. Suerte que era una fotógrafa con destacada profesionalidad. Por allí, días antes, también habían estado otros rostros muy conocidos como Boris Izaguirre o la andaluza Vicky Martín Berrocal, a quien también se la vio en el bodón de una Caritina Goyanes más rebosante que nunca. Me cuentan que la ex de Manuel Díaz “El Cordobés” pudo haber encontrado un apuesto mozalbete que le ha pintado una sonrisa en su rostro. Pese a que no es un idilio de loco amor, parece que a la de las curvas sinuosas no le importaría conocerlo más a fondo. Martín Berrocal está dispuesta a olvidar su último romance que le sirvió para entender el mecanismo de la frivolidad. Aquel fue un ronroneo que le dio más de un quebradero de cabeza. Quién sabe si en unos días aparece agarrada de un bello efebo. Eso sí, deberá resistirse a la tentación de engullir kebak todas las mañanas. Qué comida tan deliciosa.
 
Por Saúl Ortiz