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La novela "Gitana, ¿tú me quieres?" encierra párrafos de la vida de la tonadillera

La obsesión de Mila Ximénez se llama Isabel Pantoja

Octubre 2, 2008

Mila Ximénez está rentabilizando bien su enfermiza obsesión por Isabel Pantoja. Aún recordamos cuando Encarna Sánchez le brindó a mesa servida su primera entrevista con la tonadillera. “A mesa servida”, un guión del cual Mila no debía para nada salirse del mismo. Eran las preguntas que interesaban a Encarna Sánchez y a Isabel Pantoja. Desde aquel día ya existió entre ambas un rechazo mutuo; la continua amistad con la tonadillera distanció a la locutora del resto de sus “incondicionales” amigas. Entre ellas, cómo no, Mila Ximénez.

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Sería absurdo y muy hipócrita por su parte no reconocer que gracias a Isabel Pantoja, han subido los ceros de su cuenta corriente y, cómo no, el salto a la fama. Posiblemente si Mila Ximénez tuviera la oportunidad de dar marcha atrás y se planteara las consecuencias que esta novela le va a traer, estamos convencidos de que no la hubiera escrito. Decimos que Mila está preocupada porque sabemos de sus movimientos y las preguntas que realiza a sus interlocutores. También sabemos que la novela está siendo revisada con lupa por parte de los abogados de Isabel Pantoja. Poco inteligente por parte la autora.

Maite Zaldivar, ¿se verá reflejada en la novela?

¿Nos hablará la escritora de la relación de Julián con Isabel? ¡Qué mal pensados somos! Pero a buen entendedor sobran las palabras. Aunque en este caso se trata de eso, de palabras noveladas, hojas de un libro que es sólo una novela. La novela de Mila, Gitana, ¿tu me quieres?  Nos preguntamos si la habrá leído ya Maite Zaldivar, cuyo parecido con la protagonista no es casual. Desde luego, a Mila le han faltado arrestos para escribir una biografía. Porque la novela cuenta lo que todos sabemos hace tiempo por los programas rosas. ¿Que aporta de nuevo? Nada. Menudo desencanto. De lo poco que dice, se le entiende todo. Sigan leyendo:

Era incapaz de llorar. Aunque de haber sido así no podría enjugarse las lágrimas, está inmóvil, sólo podía morderse los labios, temblando de rabia y dolor. ¡Julio!, el gran amor de su vida. Esa vida, había vivido tantos años de felicidad con él… y se habían transformado en un sufrimiento que a veces dudaba si podría soportarlo. El mismo que le ofreció un futuro y que la había abandonado cuando cayó en las redes de ella. — ¡Maldita gitana, maldita seas! —murmuraba mientras el cuerpo sin vida de su todavía marido, caía inerte en una caja de fina madera hacia el hueco que acoge para siempre-. Nunca olvidaría aquel día en que le hizo aquella pregunta que le mordía el alma: — ¿Estás con Malena? Él la miró y la acarició con una sonrisa burlona. — ¿Estás loca? Claro, que no. ¿Lo creyó? No, en absoluto. No era la primera vez que había visto esa mueca de deseo en su cara, cuando le había hablado de otras mujeres que, al final, era cierto, no habían pasado de ser un capricho pasajero que le hacía volver a casa arrepentido, buscando su piel como un enamorado primerizo. Era difícil de entender, pero lo esperaba cada noche húmeda de deseo, de miedo, a veces hasta el amanecer. —No temas cariño, no haría nada que perjudicara a mi familia. Sería incapaz de vivir sin vosotras. Nadie puede romper esto, sólo es trabajo, no puedes tener celos de ella. No es más que una herramienta que voy a manejar para conseguir lo que siempre hemos soñado, que yo sea el acalde de este pueblo. Jamás me fijaría en una mujer como ella, ni creo además que le gusten los hombres, o al menos, eso se dice. Ella quiere dinero y yo necesito sus votos. Y después lo de siempre, la abrazaba y a veces la amaba después de haber amado a alguien que hasta entonces no había tenido rostro”.

Julio Fernández