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La nueva revolución cubana: Tras la visita histórica de Barack Obama, ya antes, Real Madrid y Barça habían “tomado” la Isla

Marzo 23, 2016

La locura por el fútbol español llega a Cuba, coincidiendo con el momento de aperturismo del país. La población cubana se divide entre hinchas del Barcelona y del Real Madrid. Todos hablan sobre la Liga. El pueblo ha pasado de idolatrar al Che a hacerlo con Messi y Cristiano

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“Esta es una visita histórica y una oportunidad histórica”. Fueron las primeras palabras del presidente de EEUU, Barack Obama, tras aterrizar en el Aeropuerto de La Habana (Cuba), en el primer viaje de un mandatario estadounidense en 88 años. El viaje es un nuevo hito del deshielo iniciado por los Gobiernos hace 15 meses. Obama cerró su primer día en la Isla con un paseo y una cena en familia en La Habana Vieja. El presidente estadounidense se dirigió a los cubanos con un nuevo guiño apenas llegó a La Habana“¿Qué bolá, Cuba?”, afirmaba en Twitter, en una expresión propia del argot local.

Pero antes, mucho antes, también se había producido otro hecho, cuando menos, llamativo. “A la primera persona a la que quiero dedicarle esta victoria es al comandante Fidel Castro. Daría cualquier cosa por poder pasar un segundo a su lado”. Son las palabras de Omara Durand tras vencer en la prueba de los 100 metros en los Juegos Parapanamericanos de Toronto de este mismo año. Esta velocista paralímpica -sufre de minusvalía visual-, oriunda de Santiago de Cuba le dio a su país dos metales dorados en este Torneo, confirmándose pues como una de las deportistas más relevantes de la Isla en los últimos tiempos. A pesar de ello, ni su gesta ni sus declaraciones tuvieron prácticamente eco en las calles de Cuba en la tarde del martes 11 de agosto de 2015. Su prueba coincidió con la final de la Supercopa europea disputada entre el Barcelona y el Sevilla en Tiblisi. Nadie hablaba de Durand, ni de Richer Pérez, ni de Yorgelis Rodríguez otros atletas en activo cubanos-, ni de ningún otro que no lleve una pelota en los pies. Las conversaciones versaban únicamente sobre la victoria in extremis del Barcelona. Sobre la casi remontada del cuadro hispalense. Sobre la endeblez defensiva del actual Campeón de Europa. Sobre los dos libres directos transformados por Messi. Sobre el cuarto título en las vitrinas de Luis Enrique. Ya no existe otro deporte. Solo fútbol. Barcelona y Real Madrid. Por este orden.

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Taxi de Cuba con una camiseta del FC Barcelona

La fiebre del fútbol se desató completamente en Cuba durante el Mundial de 2014, fecha en la cual la insistencia de los aficionados cubanos obligó a la televisión estatal a ofrecer un resumen diario y a enviar a Brasil a su mejor hombre, Renier González. Un año antes se empezaron a retransmitir en directo los partidos de la Bundesliga y al término del Torneo, el gobierno tomó la decisión que dinamitaría completamente al pueblo cubano: compró los derechos deportivos de la Liga BBVA y dio rienda suelta a la pasión futbolera de los caribeños, hasta ese momento latente. A partir de ahí, la locura se ha instalado definitivamente en el país del mojito y del son: “Cuba está dividida en dos: Barcelona o Real Madrid. Messi o Cristiano. La gente se pinta la cara con los colores de su equipo en los días de partido. Yo no llego a tanto, pero le voy al Barcelona”. Jeison conduce un taxi-bicicleta (transporte ideado para el turista), a media jornada en la parte vieja de La Habana. Me violenta un poco seguir hablando de fútbol mientras Jeison pedalea sosteniendo mi peso. Él parece estar acostumbrado. Acepta su realidad con una entereza encomiable.

El fútbol ya rueda por las calles de Cuba

En esas calles, cada vez más, se pueden ver a niños jugando al fútbol, con porterías improvisadas con latas de Bucanero (popular cerveza cubana). No obstante, Jeison es realista: “En Cuba somos malísimos jugando al fútbol, malos de verdad. Eso hay que llevarlo en la sangre, como ustedes (los españoles), los brasileños o los argentinos”. Cuenta una divertida leyenda que Maradona dijo tras entrenar un par de días con la selección cubana: “Son grandes atletas, pero pónganles delante de la portería de vez en cuando. No saben dónde está”. El combinado nacional llegó a los cuartos de la última edición de la Concacaf, aunque allí recibió un doloroso correctivo de su archienemigo -cada vez menos-, Estados Unidos (6 a 0). Ahora, Cuba ocupa el puesto 139 del ranking FIFA. Aún queda camino por recorrer.

Dándome una vuelta por la calle Obispo, la travesía de los Oficios y demás vericuetos de la zona vieja de la Habana -la que enamora de verdad-, me cuesta creer que no estoy en los aledaños del Santiago Bernabéu o del Camp Nou. Todo son camisetas del Barcelona (en su mayoría), o del Real Madrid. Despierto de mi ensoñación al ver a hinchas madridistas y culés mezclados como si tal cosa, algo difícil de imaginar en nuestro país. Pero el cubano (así hablan ellos de sí mismos, en tercera persona), no tiene fobia alguna. Es más, lo normal es que dentro de las familias haya miembros de cada uno de los equipos punteros. En una ciudad en la que todo huele a gasolina, hay que tener en cuenta a los conductores. Casi todos los taxis -los oficiales, los piratas, los coches clásicos americanos, todos-, tienen el escudo del Real Madrid o del Barcelona. No es tan normal verlos juntos en el mismo coche: “Soy del Barcelona pero mis dos hijos le van al Real Madrid. ¿Por qué? Pues imagino que para llevar la contraria a su padre”, cuenta apesadumbrado el propietario del vehículo con el escudo culé en la parte delantera y el blanco en la trasera. “Durante el partido cada uno lo ve por su lado, pero después todos tomamos juntos”. El cubano no es rencoroso, no le sale. En esos mismos taxis se ven, en muchas ocasiones, banderas norteamericanas en consonancia con las cubanas. Tampoco hay odio a  los yanquis.

En una de esas plazas fui testigo directo de la locura de la que antes me hablaban. Para la confección de este reportaje, le pedí a un chico joven ataviado con la remera del Madrid que posara para una foto. Lo hizo henchido de orgullo. “Te vas a hacer famoso en España”, le comentó socarronamente un amigo. Diez minutos después me lo volví a encontrar, ya lejos del lugar en el que le retraté. Me había seguido con un solo objetivo: “Tienes que etiquetarme en Facebook ahora mismo”. Le expliqué que me era imposible, ya que en La Habana es poco menos que una utopía conectarse a Internet vía Wifi y el reportaje aún no iba a ser publicado. No le importó. Me hizo fotografiar su perfil de Facebook y prometerle que lo primero que haría al llegar a España sería publicar su foto etiquetándole. Con el fútbol no se juega.

El fútbol en directo lo cambió todo

Aunque no hay medidores de audiencia en Cuba, la sospecha generalizada es que el televidente elegiría antes un partido del Real Madrid o del Barcelona que uno de pelota -béisbol- por muy importante que fuera este último. Un encuentro de cualquiera de los dos paraliza completamente el país (algo no muy complicado, si tenemos en cuenta el asfixiante calor que normalmente hace). “Vemos los partidos de su Liga en vivo, sin pagar”. Después de tanto tiempo apartado de casi todo, el cubano se siente orgulloso de entrar a formar parte de algo tan grande como es el fútbol. Quizás ahí radique el eje central de esta tramoya. A pesar de su sonrisa constante, el ciudadano de a pie en Cuba no tiene demasiados motivos para esa -muchas veces- impostada alegría: todos tienen trabajo, sí, pero el oficial únicamente les permite comer a lo sumo la primera semana del mes. Después entra en juego la picardía, el estraperlo, el trabajo ilegal que sí que permite llegar a fin de mes. Se podría decir que el pueblo está hastiado de una revolución que le ha anclado en el tiempo. Por eso, el fútbol en directo ha servido de acicate para una sociedad adormecida. Ahora el cubano tiene un nuevo motor en su vida, algo que le conecta con el mundo, un nuevo tema de conversación diferente a la política. El cubano, por fin, ha conocido la maravillosa sensación de estar integrado.

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La pasión por el fútbol se respira por las calles de La Habana

Tele Rebelde es el segundo Canal de la televisión estatal cubana y el encargado de retransmitir los partidos de la Liga Española. La estructura del canal es singular: partidos en directo de la Liga BBVA y la Bundesliga, algunos en diferido de otras competiciones europeas y de la propia Champions, béisbol cubano y americano en directo, intercalado todo ello con momentos históricos del deporte patrio (como el oro de Javier Sotomayor en Barcelona’ 92). Como dato a tener en cuenta, el fútbol cubano no se da en directo. En fin, son muchas retransmisiones y el equipo humano es limitado. En ocasiones se utiliza la narración de canales como ‘Sky Sports’ en español o se pincha directamente la señal de algún otro canal internacional y se habla encima del comentarista en cuestión. Los juegos importantes los narra Renier González, reputado comentarista y narrador deportivo que lleva años peleando por el fútbol. “Ahora me centro más en la Bundesliga, pero mis compañeros también lo hacen muy bien”, señala con humildad Renier. La realidad es que la calidad se ve claramente resentida sin él. Es habitual que los demás presentadores pregunten en directo a su realizador por el horario de algún evento. O que se enzarcen en un debate feroz de tópicos. O que con su ritmo guasón le quiten solemnidad y emoción al partido en cuestión. El resultado es curioso, singular, auténtico. Como Cuba.

En la televisión se refleja la prematura evolución del fútbol en la isla. Todo ha sucedido muy rápido. El cubano es como un niño ávido por aprender lo básico del balompié. La prisa a veces le juega malas pasadas y, aunque está a la última de la actualidad futbolística internacional, a veces cae en análisis vacíos. “Soy del equipo al que todos odian”, me dice desafiante un camarero cuando se percata de que soy español. Después de diez días en Cuba tengo clara la respuesta: “Del Real Madrid, imagino”. Una sonrisa de satisfacción invade su rostro. Intento comprender el porqué de la supremacía del Barça en la isla y me encuentro con esta respuesta: “¿Sabes lo que pasa? Que el Barça tiene al mejor del mundo (Messi) y al tercero mejor (Neymar). El Madrid ‘solo’ tiene al segundo (Cristiano). Por eso soy del Barcelona”. Me lo explica muy serio Yoidin, maestro recién licenciado, demostrando que para el cubano aún queda lejos el rigor histórico de los latinos o el conocimiento táctico de los europeos.

Tiempos de apertura e ilusión para los cubanos

Este reportaje está escrito días después de la semana más importante de la historia moderna en Cuba. El viernes 14 de agosto se izó, por primera vez en 54 años, la bandera de Estados Unidos en La Habana. La embajada norteamericana en la isla ya es una realidad. Un día antes hubo celebraciones por todo el país en honor al 89 cumpleaños del sempiterno comandante Fidel Castro. La alegría se respiraba por todos lados. Tal vez por la conjunción de ambos acontecimientos. Poco tiempo después (del 19 al 22 de septiembre) fue el Papa Francisco el que estuvo en la Isla. Y ahora todas las miradas están puestas en el viaje de Barack Obama al otrora país repudiado por los norteamericanos.

El cubano siempre se ha encontrado en una compleja dicotomía: no quiere dar la espalda a su patria, pero tampoco descolgarse del mundo. Siempre fue una cuestión de extremos: o conmigo o contra mí. Ahora sueña con poder llevar las dos banderas -la de Cuba y la de Estados Unidos-, en su coche sin sentirse culpable. Sueña con sentirse cubano y ciudadano del mundo al mismo tiempo. El comentarista deportivo especializado en fútbol Renier González lleva insistiendo en la misma idea años: “Si no nos abrimos al mundo, nada mejorará”. Habla de fútbol, pero en Cuba -como en tantos otros sitios-, fútbol y vida van de la mano.

Felipe de Luis Manero

@felipedeluis99