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La muerte de Nicky Hayden tiñe de luto el mundo del deporte del motor y abre dos debates: la seguridad del ciclismo en carretera y el abuso de las Redes Sociales

Mayo 23, 2017
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No por menos esperada la noticia, ha sido, el dolor, menos agudo. Este lunes 22 de mayo, a las cinco y cuarto de la tarde, se confirmaba la noticia: Nicholas Patrick Hayden moría en el hospital italiano en el que había permanecido cinco días luchando por su vida; tras un accidente fatal mientras entrenaba en bicicleta de carretera. Hayden, nacido el 30 de julio de 1981, no había cumplido aún los 36 años y competía en la actualidad en el equipo Red Bull Honda Racing Team de Superbikes. Todo el mundo del deporte en general, y del motor en particular, se ha volcado con las condolencias a la familia y al recuerdo de una gran persona que era unánimemente querida por la “familia” de la moto.

El último gran campeón americano

Nicky Hayden conquistó el Título de Campeón del Mundo de MotoGP en 2006. En una carrera histórica, la última de aquel año, en Cheste, donde Valentino Rossi arruinó sus opciones cayendo en los primeros compases, el “Chico de Kentucky” vio como su sueño de infancia se hacía realidad. Compañero años antes del propio Rossi y ésa misma temporada, del novato estrella de Repsol (recién arrebatado a Movistar),  Dani Pedrosa. Hayden tuvo una oportunidad histórica de rebelarse contra su papel de segundo piloto del equipo de fábrica de Honda y la supo aprovechar.

El resto de sus años en MotoGP es una historia de modestos resultados deportivos y un viaje por Ducati y otros equipos privados (hoy Aspar le ha recordado como su mejor piloto como persona en su estructura) hasta su marcha a SBK en 2016. Desde entonces y después de la hegemonía histórica de los estadounidenses en la categoría reina de los grandes premios, no ha vuelto a correr en MotoGP ningún piloto defendiendo la bandera de las barras y las estrellas.

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Una familia humilde, y motera

La familia de Hayden lleva gasolina en las venas. El pequeño Nicky quiso ser piloto desde que podía andar y Campeón del Mundo desde que empezó a correr. Su hermano Tommy, que ha acompañado a su madre estos días tan duros en Italia, ha emitido un comunicado que, por su humanidad y entereza, resulta imprescindible leer:

 “Queremos dar las gracias a todos los que nos han mandado sus mensajes de apoyo. Ha sido un gran consuelo para todos nosotros saber que Nicky ha influido de forma tan positiva en la vida de tanta gente. A pesar de que se trata de un momento muy triste, queremos que todo el mundo le recuerde así: pilotando una moto.

Desde pequeño soñó con ser un piloto profesional y no solo lo consiguió, sino que fue capaz de llegar a la cúspide de su deporte y proclamarse campeón del mundo. Todos estamos muy orgullosos de eso.

Además de estos recuerdos compartidos por todos, también tenemos muchos otros de Nicky en casa, en Kentucky, en el corazón de la familia. Todos le echaremos tremendamente de menos.

Es importante para nosotros darle las gracias al personal del hospital por su increíble apoyo y su amabilidad. Con el permiso de las autoridades pertinentes, esperamos poder tener a Nicky en casa pronto”.

Un accidente fatal

De nuevo, un ciclista que fallece arrollado por un coche. La condición de estrella mundial de Nicky Hayden y la proyección de su figura en España, un país con dos muy recientes episodios dramáticos, a manos de conductoras irresponsables, elevó la repercusión del accidente; y las corrientes de lo “políticamente correcto” enseguida etiquetaron el evento desde el prisma de los que siempre son los buenos (los que van en bicicleta) y los que siempre son los malos (los que circulan en coche).

Pero lo cierto es que estamos ante una pandemia de seguridad vial en la que todos los implicados cometen imprudencias. En este caso, las autoridades italianas han podido confirmar que el piloto se incorporó, en un giro perpendicular sin visibilidad, a una vía estrecha y sin arcén haciendo caso omiso de un Stop y escuchando música con sus auriculares. El coche que le arrolló circulaba con preferencia al llegar a ese cruce, aunque presuntamente a una velocidad superior a la máxima permitida en esa carretera secundaria. El conductor, de 30 años, que se dirigía a su trabajo, sigue en estado de shock y con tratamiento psicológico.

Minutos antes, Hayden había despedido al grupo de ciclistas que le acompañaban en el entrenamiento rutinario que solía hacer casi a diario. El ciclismo de carretera casi no dispone de espacios exclusivos y homologados para ser practicado. La triste realidad del tráfico de hoy en día nos está enseñando un camino inevitable: es anacrónico, por inasumible en términos de víctimas de tráfico, que una persona en un vehículo tan ligero y lento circule compartiendo vía con vehículos de más de una tonelada que multiplican por diez su velocidad. La bici es muy popular en nuestro mal llamado “primer mundo” y se merece la inversión pertinente que le proporcione, por fin, su propio espacio, seguro y exclusivo.

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Las hienas de las redes

Otra reflexión que nos ofrece la muerte de Nicky Hayden, o en este caso su agonía, es el tratamiento de las noticias durante estos cinco días de angustia por parte de algunos medios de comunicación; que difundieron la falsedad de la muerte y otros bulos destinados a conseguir las consiguientes visitas de los lectores de Internet, de la forma más miserable que existe: explotando el morbo que persiguen las hienas de las redes sociales cuando huelen un drama.

Incluso el padre del piloto, desde los Estados Unidos, se vio obligado a difundir un comunicado, afirmando que Hayden no estaba muerto, que se le mantenía con vida artificialmente y que no había sido operado ni había estado nunca en coma inducido. Como ha sucedido ya con otras desgracias personales recientes, las redes sociales han vuelto a ser, con la pérdida de Nicky Hayden, un reflejo de todo lo bueno y lo malo de esta sociedad tan conectada.

Ride in Peace

Un Campeón del Mundo, una celebridad, pero por encima de toda una gran persona, se ha ido demasiado pronto víctima de un accidente que se podría haber evitado. El destino nos golpea de nuevo para enseñarnos, sin piedad, que para toparse con la muerte solamente es necesario estar vivo y es precisamente eso, la vida, su disfrute y también su cuidado, el único patrimonio que tenemos. Es la prudencia, y no Twitter, la que salva vidas. Como se dice, en inglés y en la “familia” de la moto, “Ride in Peace” Nicky Hayden.

Diego Lacave

@DiegoLacave