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El gran muñidor ha sido el periodista Paddy Harverson, actual portavoz de los duques de Cambridge, que en 2012 viajó a Madrid a instancias del ex jefe de Comunicación de la casa real española, Javier Ayuso, para solicitar su parecer sobre la grave crisis que pasaba la monarquía española

La monarquía británica, una operación bien orquestada

Mayo 12, 2015

Gran parte del proceso de reconciliación de la familia real británica con la opinión popular pasó por elevar la imagen de la duquesa de Cornualles, ahora plenamente aceptada, relegando lentamente al olvido a la mitificada princesa Diana, aunque buscándose no herir la susceptibilidad del príncipe Guillermo, que nunca ha reparado en esfuerzos a la hora de restaurar el nombre de su madre

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El conservador David Cameron, primo en quinto grado de la reina Isabel de Inglaterra por descender por vía ilegítima del rey Guillermo IV, ha vuelto a ganar las elecciones en una Gran Bretaña todavía fuertemente aristocrática en sus formas en momentos de lo que parece ser una explosión de júbilo monárquico. En días pasados, y durante su viaje a Australia, el príncipe Harry recibía un baño de multitudes, justo en vísperas del nacimiento de la nueva princesa Charlotte de Cambridge, que ha venido a ocupar el cuarto puesto en la sucesión al trono y, posteriormente, la familia real celebraba el 70 aniversario del Día de la Victoria rememorando con ello la gran solidaridad de los entonces reyes, Jorge VI e Isabel, con la población de Londres, que padecía los fuertes bombardeos de los cazas alemanes, ganando con ello una enorme popularidad en aquellos años.

Todo un éxito en el programa de recuperación del prestigio de una monarquía que, años atrás, pasó por momentos de enorme fragilidad y que en la actualidad ha recuperado todo su respeto tradicional y produce enormes dividendos turísticos para el país que conviene mantener. Un proceso en el que ha tenido y tiene una gran contribución el periodista Paddy Harverson, secretario de Comunicación del príncipe de Gales y de la duquesa de Cornualles desde 2004 y actual portavoz del duque y la duquesa de Cambridge, que en 2012 viajó a Madrid a instancias del entonces jefes del gabinete de prensa de nuestra casa real, Javier Ayuso, para solicitar su parecer en el momento de grave crisis por el que pasaba la monarquía española. 

El intento de hacer olvidar a la princesa Diana

Gran parte del proceso de reconciliación de la familia real británica con la opinión popular pasó por elevar la imagen de la duquesa de Cornualles, ahora plenamente aceptada, relegando lentamente al olvido a la mitificada princesa Diana aunque buscándose no herir la susceptibilidad del príncipe Guillermo, que nunca ha reparado en esfuerzos a la hora de restaurar el nombre de su madre como bien dejó claro el día de su compromiso oficial con Kate Middleton al regalarle el simbólico anillo de compromiso de zafiros y diamantes de la llorada princesa.

De ahí que la prensa británica recoja la pugna que el duque de Cambridge ha tenido que sostener con ciertos elementos del poder establecido para no arrojar a su madre al olvido forzado al que se la quiere relegar, a la hora de elegir los nombres de su primera hija Charlotte Elizabeth Diana. Una elección de nombres afinada que nos habla de un futuro rey que sabe compaginar lo convencional y la tradición –Charlotte por la malograda pero popular princesa de Gales que no llegó a reinar en el siglo XIX, y Elizabeth que ha sido el nombre de grandes reinas inglesas-, con sus propias ideas y su talante de hombre afectuoso (Diana por su madre). Y es que su madre Diana no es algo negociable para el duque de Cambridge, si bien él sabe que haber dado ese nombre a su hija en primer lugar hubiera supuesto colocar a la pequeña princesa una fuerte carga simbólica que habría disparado tanto las comparaciones como el interés mediático colocado sobre ella.

¿Se convertirá la hija del duque de Cambridge en la nueva “Princess Diana”?

No obstante ya hay quien teme que algunos comiencen a llamarla “Princess Diana” en detrimento de sus nombres principales, un poco en la línea de lo sucedido en España con Felipe Juan Froilán Marichalar convertido en Froilán a secas por la prensa y por la opinión popular. En unos días se darán a conocer los padrinos de la neófita (ya se habla de Pippa Middleton), que es de esperar que no sean ya reyes y reinas, como fue en el caso del propio príncipe Guillermo, que cuenta con el rey Constantino de Grecia entre sus padrinos de bautismo. Pero por el momento los Cambridge se han retirado a su mansión de Anmer Hall, en el Parque del Palacio de Sandrigham, para pasar allí los primeros días en familia en compañía de Carole Middleton y de la nurse española, María Teresa Turrion Borrallo.

Los padrinos no “reales” de los gemelos del príncipe Alberto de Mónaco

Entre tanto, recientemente se celebraba en Montecarlo el bautizo de los gemelos Jacques y Gabriella, hijos de los príncipes Alberto y Charlene de Mónaco que, a pesar de sus buenas relaciones con el resto de la realeza europea, tampoco han querido elegir a los padrinos de sus hijos ni entre el grupo clásico de la realeza ni entre la familia inmediata del príncipe Alberto, pues los elegidos fueron el diseñador Christophe Le Vine y Diane de Polignac para Jacques, y Nerine Pienaar y Gareth Wittstock para Gabriella. El Palacio de los Grimaldi estaba profusamente engalanado con flores blancas y una pantalla gigante mostraba en la plaza del palacio a los monegascos los ritos del interior de la catedral de Santa Devota, recamada de 6.000 flores blancas, donde tuvo lugar la ceremonia religiosa, tras la cual la pareja principesca (con una Charlene particularmente elegante de blanco) y sus hijos vestidos con faldones blancos de Christian Dior se dirigieron a pie de regreso al palacio acompañada por grupos folclóricos locales y de la Auvernia y la Provenza francesa.

A ello siguió una ceremonia en el Salón de los Espejos en la que el nuevo príncipe heredero, Jacques, titulado marqués de Vaux, recibió la Gran Cruz de la Orden de Grimaldi y su hermana Gabriela fue creada Gran Oficial de la misma Orden. Hubo júbilo en el principado, aunque Carlota Casiraghi fue la gran ausente, pero atrás quedan días más gloriosos como aquel en 1958 cuando el bautizo del príncipe Alberto estuvo rodeado de una gran solemnidad y de mucho mayor aparato, pues la madrina era nada menos que la reina Victoria Eugenia de España.

Ricardo Mateos