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Acaba de lanzar al mercado su segundo libro de memorias sin contar muchas de las cosas que no hizo

La memoria selectiva del ex presidente Aznar: No ejecutó una sentencia sobre el “antenicidio” a Antena 3 Radio favoreciendo al Grupo Prisa

Noviembre 10, 2013

El ex presidente del Gobierno José María Aznar ha lanzado al mercado su segundo libro de memorias “El compromiso del poder”. El presidente de honor del PP incluye en la obra unos diarios de lo que hizo en cada uno de los días de la campaña electoral de 2004. Pero lo que no cuenta Aznar, quizá no las escribió, son muchas cosas de las que no hizo y el por qué no las hizo. En un claro ejercicio de memoria selectiva.

El hoy presidente de FAES no recuerda en el libro porque no ejecutó la sentencia del Tribunal Supremo que anulaba laconcentración de emisoras entre la Ser y Antena 3 Radio, en lo que en su día de conoció como el antenicidio. Una operación estratégica de poder realizada bajo el mandato del presidente socialista Felipe González que favoreció al Grupo Prisa, por entonces propiedad de Jesús de Polanco, el editor gran amigo del felipismo, y que a este grupo mediático en primera línea de la parrilla de poder, convirtiéndose en el grupo informativo de referencia en España con esta maniobra.

Una multa sin efecto

Desde que se produjo en 1992 la absorción de Antena 3 Radio, a la sazón una radio pujante, por la Ser, que no podía competir, hasta que el Gobierno de Felipe González la aprobó, en 1994, la concentración de estas dos cadenas fue manifiesta. Y mientras tanto el Servicio de Defensa de la Competencia del Ministerio de Economía y Hacienda, en tiempos del Miguel Angel Fernández Ordoñez, Mafo, miraba hacia otro lado. Y si acaso multaba al Grupo Prisa, la Cadena Ser, Antena 3 de Radio y al Grupo Godó por los acuerdos adoptados para actuar conjuntamente en el ámbito de la radio, en un auténtico monopolio informativo que fue aprobado por el Consejo de Ministros del gobierno socialista de Felipe González, a propuesta de Pedro Solbes como ministro de Economía.

Nada de esto cuenta Aznar en su segundo libro de memorias. Ni tampoco lo hizo en el primero. El ex presidente del Gobierno del PP, tan dado a demostrar en ocasiones su valentía con palabras, no narra en el libro si es que en esta ocasión tuvo miedo al todopoderoso Grupo Prisa, si bien pacto con ellos una línea informativa adecuada para su gobierno o bien se bajo los pantalones para no ejecutar la sentencia de la Sala Tercera del Tribunal Supremo fallada en el año 2000, bajo su mandato, y que anulaba la decisión del Consejo de Ministros de 20 de mayo de 1994 por la que se autorizaba la concentración (en la práctica fusión), entre las emisoras de la Cadena Ser y las de Antena 3 de Radio. La sentencia fue dictada por unanimidad por los magistrados que componían la Sala de lo Contencioso Administrativo: Fernando Ledesma Bartret: (presidente de la sala y ex ministro socialista de Justicia), Ángel Rodríguez García, Eladio Escusol Barra, Oscar González González, Segundo Menéndez Pérez y Manuel Campos Sánchez-Bordona.

Un frente periodístico imparable con un abogado impagable

El Supremo atendía así la demanda interpuesta a título individual por un grupo de profesionales de la comunicación que se habían sentido dañados por esta maniobra del felipismo de apoyo al Grupo Prisa, como eran los fallecidos Manuel Martín Ferrand y Antonio Herrero, José María García, Federico Jiménez Losantos, Melchor Miralles y el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez. La demanda fue ganada y llevada por el prestigioso abogado Felipe Arrizubieta Balerdi. Tras una larga y azarosa tramitación procesal en el Tribunal Supremo, este dictó sentencia por la que anulaba la concentración autorizada por el gobierno socialista por atentar contra la libertad de expresión en la radio, dado que no respetaba las normas establecidas en defensa de la pluralidad en la concentración de emisoras

Y al gobierno de turno, el del señor Aznar, el Tribunal Supremo le ordenaba desandar lo andado separar lo concentrado, habiendo sido aprobada la concentración por un Consejo de Ministros, le correspondía a este ejecutar la sentencia. Y los periodistas intentaron por todos los medios procesales ejecutar la sentencia, pero se encontraron con la frontal oposición del gobierno de Aznar.

Burdas mentiras al Supremo

No sólo eso, si no que pretendió engañar reiteradamente a los periodistas y al Tribunal Supremo diciendo que lo habían ejecutado, con unas falsas medidas que más o menos dejaban las cosas como estaban antes de la sentencia, siempre en beneficio de Prisa. Pero el Tribunal Supremo insistía que la sentencia había de cumplirse en sus propios términos; es decir, sin patrañas ni amiguismos ni ambages ni otras supercherías.

Y el gobierno de Aznar hacia oídos sordos a los autos cada vez más irritados del Tribunal Supremo y a las proclamaciones diarias de Federico Jiménez Losantos en su programa matinal de la Cope, hoy es día tal del mes tal del año tal y señor Aznar sigue usted sin cumplir la sentencia del Tribunal Supremo. Así día tras día por si no supiera el presidente Aznar lo que se traía entre manos.

Si Aznar hubiera ejecutado la sentencia del Supremo hubiera tenido serias consecuencias par el devenir del Grupo Prisa (que maniobraba casi en monopolio), así como de todo el mercado informativo en España. En círculos jurídicos se consideraba que la consecuencia de si Aznar hubiera ejecutado esta decisión el Grupo Unión Radio, resultado de la fusión entre las emisoras de la Cadena Ser y las de Antena 3 de Radio, se tendría que haber deshecho y el Grupo Prisa no hubiera tenido más necesidad que desprenderse de las emisoras de Antena 3 Radio que había obtenido ilegalmente.

Aznar, al límite de la prevaricación

Las denuncias del pasteleo del presidente Aznar con el grupo Prisa no tuvieron ningún éxito. Aznar siguió protegiéndoles incluso arriesgando la separación de poderes, enfrentándose al poder judicial, y en los límites de una eventual prevaricación. Y en esto, llegó Zapatero y lo primero que hizo fue reconocer que Aznar había incumplido sus obligaciones constitucionales, y no había ejecutado la sentencia del Tribunal Supremo. Dijo Zapatero explícitamente ahí tenemos un problema, afeando con ello el comportamiento de Aznar y cambió la Ley, quitó las normas en defensa de la pluralidad en la radio.

Y entonces, por mérito de la mayoría socialistazapaterista en el Congreso, la sentencia del Tribunal Supremo contra el Grupo Prisa, a la que el Consejo de Ministros de Aznar se había empeñado en no ejecutar, sufrió una imposibilidad sobrevenida de ejecución. Es decir, ya no se podía ejecutar porque la Ley que protegía el pluralismo en la radio fue derogada. El Grupo Prisa salía indemne.

¿Aznar: miedo a Prisa?

Así fueron las cosas: José María Aznar no tuvo el cuajo de enfrentarse a Prisa y lo que es peor, no tuvo la dignidad de ejecutar una sentencia del Tribunal Supremo, por lo que no estuvo a la altura, en este caso, de las obligaciones constitucionales.

En su segundo libro de memorias “El compromiso del poder”, Aznar no cuenta nada de esto. Ni se lamenta, ni da una explicación contundente de por qué no ejecutó la sentencia del Supremo. Quizá era consciente de las dificultades que para el devenir político de su persona le supondría enfrentarse de frente al entonces todo poderoso Grupo Prisa, liderado por la familia Polanco y su ejecutor, el periodista Juan Luis Cebrián.

Aznar yaha sacado dos libros de sus vivencias, pero en ellos queda muy claro que su memoria es súper selectiva, y que solo cuenta lo que quiere y le favorece. Y sigue demostrando su miedo a abordar diferentes asuntos muy complicados de entender por la opinión pública.

Juan Luis Galiacho