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La mujer de Miguel Boyer no ha declarado ante el Registro de la Propiedad la obra en su casa de Puerta de Hierro

La mansión “fantasma” de Isabel Preysler

Septiembre 3, 2007

En su día Isabel Preysler fue denunciada por su vecina y ex cuñada por exceso de edificabilidad y el Tribunal Supremo la obligó a derribar parte de su mansión. Lo más sorprendente es que en el Registro de la Propiedad no consta la declaración de obra nueva. Única hasta para eso.

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Son curiosas las cosas que depara el Registro de la Propiedad cuando sus titulares tienen a bien facilitar la información solicitada. Y más en el caso de la indiscutible Isabel Preysler. “Tenía que ser única, dicen, hasta para esto”. Su ya famosa mansión, entre otras cosas por la cantidad de cuartos de baños que alberga, anuncia cuando menos que, una de las más populares de la jet set española, se convierta en protagonista por un hecho inusual. La compañera sentimental del ex ministro socialista Miguel Boyer, por sorprendente que pueda parecer, no ha “declarado” en el Registro de la Propiedad número 32 de los de Madrid la obra de la que hoy es vivienda habitual y oficial del famoso matrimonio.
Así, según consta en la documentación a la que ha tenido acceso este periódico, el mencionado inmueble, ubicado en la lujosa y privilegiada urbanización Puerta de Hierro (Madrid), calle Guisando, sólo consta como una finca (número 4565), de “cinco mil cuarenta y cinco metros cuadrados… en pleno dominio de Isabel Preysler Arrastia… con la única servidumbre de la conducción subterránea de aguas…” Sobre la “supuesta” vivienda, que no figura hipotecada, no consta ningún dato. “Algo excepcional si tenemos en cuenta las dimensiones de la vivienda”, aseguran Registradores de la Propiedad consultados por éste periódico.
Obligada al derribo
Pero todo tiene su explicación. Isabel Preysler adquiría la mencionada parcela de terreno de más de cinco mil metros cuadrados a la Inmobiliaria Alcazar S.A. Y comenzaba las obras de una mansión que prometía convertirse, como así fue, en una de las más llamativas de España. Gracia Bergese, vecina del matrimonio Boyer-Preysler, denunciaba en la Junta Municipal de Moncloa una presunta infracción urbanística porque, presuntamente, “no se respetaban las distancias que la futura mansión debe guardar con la vivienda de la denunciante.
Gracia Bergese estuvo casada con Agustín Boyer y reside en la mencionada calle de Guisando desde hace más de 40 años. En su día, la denunciante declaró que intenté, sin éxito, que alguien me enseñara los planos de la parcela y de la construcción. Primero fui a la Gerencia Municipal de Urbanismo y no me dejaron verlos. Estuve más de un mes de una ventanilla a otra, y no me hicieron caso. Por fin conseguí ver los planos depositados en la oficina de la comunidad de propietarios”. Bergese contrató un arquitecto para que comprobara si las obras que se realizaban se correspondían con lo previsto en el planeamiento. El informe que redactó el técnico
contratado por la denunciante señaló la existencia al menos de dos infracciones de la ordenanza sobre construcción.
Que nadie se entere
Su denuncia cayó en saco roto ante el Ayuntamiento de Madrid, que concedió las licencias oportunas para la realización de la obra, y, tras sucesivas apelaciones, en octubre de 2000 el Tribunal Supremo dictó sentencia y obligó a la pareja a derribar una parte de su pista deportiva y de su vivienda por construir demasiado cerca de la parcela de su vecina Grazia Bergese, en contra de lo que establecían las normas urbanísticas vigentes. La vivienda, al estilo de los palacetes neoclásicos y con una superficie útil de 1.370 metros cuadrados, distribuidos en dos plantas, fue presentada en sociedad en el otoño de 1992, mediante un reportaje en color que ocupó 32 páginas en la revista Hola.
Isabel Preysler recurrió esa sentencia, y argumentó que esas obras eran de las que se consideran «de reforma menor», por lo que no podía aplicarse en este caso el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid. El Tribunal Supremo, por el contrario, ha recordado que tales obras consistieron en demoler un frontón que ocupaba una parte del espacio que debía separar las dos viviendas, en construir un garaje en el sótano y, sobre él, ocupando una parte de ese espacio, una pista deportiva.
¿Se explican ahora por qué Isabel Preysler y Miguel Boyer no han inscrito en el Registro de la Propiedad su declaración de obra nueva? Únicos hasta para eso.