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La labor de la Fiscalía Anticorrupción claramente en entredicho

La Justicia se pliega ante los corruptos en el caso Malaya

Octubre 6, 2013
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La reciente sentencia de casi 5.000 folios de la Audiencia Provincial de Málaga sobre el caso Malaya ha puesto de manifiesto la fragilidad de la Justicia en España, de cómo se puede robar por bien poco, de cómo la Fiscalía Anticorrupción y los Juzgados de Instrucción no saben realizar sus labores de investigación, y de cómo los grandes despachos de abogados todavía siguen mandando en España. Un verdadero fiasco, chasco, decepción, decorazonamiento, desencanto y todos los calificativos que se le puedan dar a una Justicia que se pliega ante los corruptos.

El juicio del caso Malaya finalizó el 30 julio de 2012 y han tenido que pasar 14 meses para ver plasmada una sentencia ridícula, escasa, trivial que impone micropenas en un macrojuicio con 95 imputados, de los que prácticamente la mayoría han salido absueltos o con penas menores: Tomas Olivo, Sandokan, Fidel San Román, González de Caldas, Ávila Rojas, etc…Los promotores que más viviendas había levantado en Marbella durante la década de gobiernos del GIL y que más han colaborado con la corrupción, de la que ellos mismo han sido verdaderos cómplices en los llamados años de bonanza. El gilismo era sinónimo de construcción y riqueza y de llenarse los bolsillos unos pocos privilegiados. Muy poco importaban los destrozos urbanísticos o transgredir las normas establecidas. Unas normas, éticas y no éticas, que ahora la Justicia con esta sentencia parece no darles importancia, aplicando micropenas a quiénes se las han saltado a su libre albedrío.

Beneficiados por la Justicia

Para la Justicia parece poco importar la decencia, el sentido de servicio público, que desapareció con la llegada de Gil y Gil a la Costa del Sol, y que luego se extendió como ejemplo a otros muchos municipios de la geografía española, que rápidamente comprobaron que moviendo una línea en un mapa propiciaba un pelotazo urbanístico, que ahora ampara la Justicia española con su tibieza y benignidad. Una Justicia que con su resolución en el caso Malaya parece amparar el virus de la corrupción extendido en la clase política municipal y en casi todos los empresarios que se relacionan con ella. Además de favorecer la presencia de testaferros y blanqueadores de dinero, muchos de ellos destacados bufetes de abogados.

Hasta el gran corruptor, Juan Antonio Roca, condenado a 11 años de cárcel y a pagar una multa de 240 millones de euros, ha salido beneficiado por ser un “cantante” ante la Justicia. La excusa era que su colaboración con la Fiscalía ha sido básica para adentrarse en el fondo de al corrupción marbellí. ¿Pero de qué ha servido?,¿Si casi la mitad de los imputados han salido absueltos?.

Para la Justicia no parece tener importancia que quién decidía, quién daba las órdenes y quién daba licencias urbanísticas no era un político de turno. Era el adláter de Gil y Gil, el gran blanqueador del gilismo. Roca cobraba las mordidas de los empresarios y repartía el dinero a su antojo entre los concejales, policías y jueces corruptos, ahora sentenciados con penas ridículas, exiguas e insuficientes para dar ejemplo a una sociedad que lucha a diario contra la lacra de la corrupción en todas sus esferas. Unos actores corruptos (jueces, policías, concejales) nada secundarios, aunque así lo vea ahora la Justicia. Una operación como la Malaya, símbolo de la corrupción más descarada basada en la especulación y en el poder de los de siempre.

Risa, hilaridad, pena y lamento

La sentencia de la Audiencia Provincial de Málaga produce risa e hilaridad, pero al mismo tiempo da pena, llanto y lamento a quienes durante casi dos décadas hemos luchado para que la verdad de esa corrupción saliera a la luz. Con el agravante añadido de que deja claramente en entredicho la labor investigadora de la Fiscalía Anticorrupción y de su fiscal jefe de Málaga, Juan Carlos López Caballero, cuyas penas solicitadas han quedado en algunos casos relevantes reducidas a una quinta parte. ¿Para qué nos sirve entonces la Fiscalia Anticorrupción, si no sabe investigar? ¿Y los Juzgados de Instrucción, si cometen tantos errores en instruir según luego manifiestan las altas esferas judiciales?

La Sala Primera de la Audiencia Provincial de Málaga, presidida por José Godino, ha dejado para la posteridad y para el mal funcionamiento de la transparencia en España estas condenas: Pedro Román, quien fuera mano derecha del alcalde Jesús Gil y Gil , cuatro años de cárcel y abonar una multa de 2,5 millones de euros; el ex alcalde Julián Muñoz, dos años de prisión y cinco de inhabilitación (ninguna multa); la de la ex alcaldesa Marisol Yagüe, siete años y nueve meses y más de dos millones de euros; Montserrat Corulla, la amiga de Roca y de Alberto Ruiz Gallardón (a la sazón ministro de Justicia) cuatro años y 30 millones; la ex edil socialista Isabel García Marcos, quien en su día fuera el azote del gilismo y luego vendida a la causa, cuatro años; y Tomás Reñones, ex concejal de Deportes y que fuera capitán del Atlético de Madrid y chivato de Gil en el vestuario, cuatro años y 300.000 euros. Pero lo más importante: 43 personas, casi la mitad de los acusados, han sido absueltos, entre ellos destacados empresarios, abogados, marchantes, testaferros…y tal y tal. Por ejemplo, la hija y la esposa de Juan Antonio Roca, Rosa Jimeno, se han marchado a su casa sin pena alguna. Una medida que en el futuro puede ayudar en el caso Noos a la infanta Cristina de Borbón, donde el juez José Castro estudia imputarla por delito fiscal.

Dicen que la Justicia va lenta, pero si además de tardía parece mala y es nada ejemplarizante, apaga la luz y vamos para siempre.

Juan Luis Galiacho