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El informe no vinculante de la JGE ni apoya el aplazamiento de las elecciones ni lo deniega, con sus miembros divididos en dos posturas enfrentadas

La Junta de Garantías Electorales deja en manos del secretario de Estado la decisión sobre la Federación de Fútbol

Abril 9, 2008

La Junta de Garantías Electorales (JGE) emitió un informe ´light´ sobre la decisión que hay que adoptar sobre el incumplimiento de la Federación Española de Fútbol (RFEF) de la Orden Ministerial por la que se convocan elecciones en las federaciones deportivas. Una votación de 5-4 a favor de aceptar el aplazamiento de los comicios impidió que la JGE se pronunciara con rotundidad.

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En consecuencias, será el futuro secretario de Estado para el Deporte quien deba tomar la postura final sobre las elecciones en la RFEF. Sencillamente vergonzante que en un Estado de derecho alguien pueda incumplir con impunidad la legalidad y que quien está encargado de hacerla cumplir no lo haga. Diez días después de que acabara el plazo para la llamada a las urnas y sin que ésta se haya producido, ni la Junta de Garantías Electorales ni el Consejo Superior de Deportes han cumplido con la obligación para la que fueron elegidos.
Un simple escrito en el que no se pedía un aplazamiento sino que anunciaba la convocatoria para el último trimestre del año, vulnerando la orden ministerial, ha puesto en jaque a todo un secretario de Estado que permanece escondido, sin dar la cara, en espera de saber la semana entrante si continúa en el cargo, si es premiado con un ascenso por su mala gestión, o si se queda como diputado del Congreso, cargo para el que ha sido elegido por Madrid. Jaime Lissavetzky prefiere estar calladito en lugar de hacer cumplir la ley porque sabe que cualquier decisión que adopte será polémica. Por el enfrentamiento con el núcleo duro del fútbol representado por Villar, o por tener que hacer frente a las demandas que surgirán de la mano de la oposición. La postura del ‘avestruz’ es la más conveniente para los intereses personales del señor Lissavetzky, que no para el deporte y la legalidad vigente.
Así, si Zapatero comete la torpeza de confirmarle en la Secretaría de Estado, Lissavetzky se verá respaldado y adoptará la medida que crea conveniente, haciendo o no cumplir la ley. Será el momento de valorar que le da menos miedo, si las absurdas e imposibles amenazas de la FIFA o las reales de los que le van a exigir responsabilidades penales por una presunta prevaricación por omisión.
Aunque en estos momentos las apuestas se decantan por el dejar pasar para que el nuevo secretario de Estado arregle el entuerto. Entuerto que no será tal si el futuro presidente del CSD proviene de alguna de las comunidades autónomas gobernadas por el PSOE que ya han puesto en marcha las elecciones en sus territoriales. O incluso si el futuro secretario de Estado fuera alguien que en estos momentos ocupa un puesto dentro del propio CSD, porque son muchos los que no apoyan a Lissavetzky en esta gestión.
Mientras, a Villar le salen cada día más las cuentas y su triunfo sobre el CSD. Ni ha convocado cuando se le imponía ni ha sido inhabilitado. Llegará a la Eurocopa (9 de junio) como presidente, derrochará en invitaciones a los votantes en forma de viajes, estancias y palcos en los partidos que dispute España, y con las voluntades debilitadas, allá por septiembre convocará a las urnas para asegurarse la reelección. Hoy no le salen las cuentas y por eso no fija los comicios.
Prueba de ello es lo sucedido esta semana en las elecciones de la Federación de Cantabria, donde ante la movilización de la oposición, los hombres de Villar se han tenido que poner las pilas llevando a votar a equipos enteros de juveniles –votan los mayores de 16 años- para asegurarse el triunfo. Las elecciones han sido impugnadas por el candidato Julio Engonga, pero de nada valdrá su impugnación.

La pataleta del Getafe

Ya saben que en las elecciones de la RFEF el triunfo se decantará del lado que marque la Liga de Fútbol Profesional (LFP). Sus actuales rectores, José Luis Astiazarán y Javier Tebas, son rivales de Angel María Villar. A estos los eligió la asamblea de la Liga con el voto de más de 30 clubes de los 42 que componen la asociación. La misión en estos momentos de Villar es que Astiazarán y Tebas dejen sus cargos para que desaparezca el miedo a la derrota en las urnas.
Difícil tarea, pero en la que ya se ha puesto Villar. Cualquier situación es buena para minar al enemigo. Estos días ha surgido la polémica con el Getafe y la final de Copa del Rey del próximo miércoles 16 de abril. Como ya saben el otro finalista es el Valencia, quien acogiéndose a las normas, ha pedido adelantar su partido de la próxima jornada al sábado, algo que por reglamento la LFP está obligada a concederle como le ha concedido.
¿Dónde está el problema? ¿Por qué no pide lo mismo el Getafe? Porque hoy jueves disputa partido de Copa de la UEFA ante el Bayern Munich, y si pidiera adelantar el partido de Liga al sábado sus jugadores llegarían con menos de 48 horas de descanso. Entonces, al presidente getafense Angel Torres no se le ha ocurrido otra que exigir a la LFP que no conceda el adelantamiento al Valencia para que haya igualdad de condiciones en la final de Copa. Y amenaza con jugar en liga con juveniles o pedir la destitución de Astiazarán y Tebas.
Más claro, el presidente del Getafe pide que se le nieguen sus derechos al Valencia, que sea la LFP la que incumpla con su obligación. El señor Torres ha debido olvidar que en la eliminatoria de cuartos de final ante el Mallorca, el Getafe adelantó su partido de liga al sábado y el Mallorca jugó en domingo, con lo que tuvo un día menos de descanso. Norma por otro lado muy común en torneos de UEFA y FIFA, cuando los partidos de cada fase no se juegan todos en idéntica fecha, ni tan siquiera las semifinales de los mundiales.
Angel Torres, hasta hace bien poco uno de los que pedían el desalojo aunque fuera “a patadas de Villar”, ahora está montado en el carro federativo. Y favor con favor se paga.