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El actor acudió acompañado de una guapa moza a unos grandes almacenes

La jornada de compras de Miguel Ángel Silvestre

Septiembre 16, 2008

El actor Miguel Ángel SIlvestre acudió a unos grandes almacenes con una guapísima acompañante. ¿Estará el Duque enamorado? ¿Quién es su actractiva ´amiga´?

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Cuando el sol brillante se esconde lentamente, Miguel Ángel Silvestre reanuda su frenética actividad social y sale con sus amigos a deambular por las calles menos transitadas de un Madrid que se planta el pijama. El actor, que desde su participación en la serie Sin tetas no hay paraíso huye de las grandes aglomeraciones, realiza pequeñas compras y cena en restaurantes de no excesiva rimbombancia a horas tardías para evitar acosos innecesarios.
No le gusta ser estridente –aunque confiesa que le gusta ser conocido- ni hacer ostentación de su ya abultada fortuna. Prefiere vestir vaqueros –de carísima firma internacional-, camiseta holgada y zapatillas, para intentar pasar desapercibido entre el gentío. A veces lo consigue. Otras, le cuesta trabajo. Ayer, cerca de las diez de la noche, el Duque, convertido en un absoluto ídolo de masas que provoca récords de ventas en las revistas de forma súbita, se acercó hasta unos grandes almacenes cercanos al que, por ahora, es su domicilio habitual.
Acompañado por una mozarrona de enormes ojos, apetecible silueta y vestuario sencillo, permaneció casi inmóvil frente a una enorme estantería plagada de películas y videojuegos para consolas. Leyó, hasta en cinco ocasiones, las sinopsis de las películas de estreno y rió con espontaneidad durante la conversación que mantuvo, a través del teléfono, con su amigo Joaquín.
Miró con atención algunos cursos didácticos sobre relajación y decidió preguntar a los dependientes sobre un juego en particular. Por allí lo conocen mucho. Me contaron que acude con cierta habitualidad al centro comercial y que se muestra accesible y campechano con los trabajadores. Sólo se le acercaron dos personas para pedirle un autógrafo y una fotografía, aunque las empleadas de la planta fantaseaban con su moldeado cuerpo.
Veinte minutos más tarde, cuando en el mismo lugar sólo quedaban otras dos personas que ojeaban anillos y pulseras de una firma de joyas, decidió marcharse con su esbelta acompañante hacia rumbo desconocido. Eso sí, se llevaron una película que, a buen seguro, les daría mucho juego esa noche. ¿Estará el Duque enamorado o sólo será una amiga con la que ir de compras? Suspiros de amor aturullan mi cabeza…
 
Por Saúl Ortiz