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La insolencia y prepotencia de Pablo Iglesias: intentó censurar a la prensa y quería ser profesor de por vida en la Universidad Complutense de Madrid sin ganar la plaza

Junio 7, 2017
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Pablo Iglesias manipuló el famoso ‘yes, we can’ de Obama y lo transformó para su propio uso personal y vetando a los medios de comunicación. El líder de Podemos, que era profesor titular interino (sic) en la Universidad Complutense de Madrid, quiso perpetuar in aeternum su estatus en la UCM tras salir elegido eurodiputado, pero sin haber ganado la plaza. El rector Carlos Andradas se lo quiso impedir, e Iglesias recurrió. Lo curioso es que cuando los medios de comunicación pidieron la sentencia del recurso contencioso-administrativo, el líder podemita prohibió a la oficina de prensa del Tribunal Superior de Justicia su distribución. El CGPJ acaba de levantar el veto de Iglesias al derecho a la información y ahora sabemos que pretendía perpetuarse como profesor sin los méritos necesarios; es decir, dando un “pelotazo”.

En síntesis, la cuestión es la siguiente: Pablo Iglesias demandó a la Universidad Complutense de Madrid (UCM), al entender que, como todos los profesores titulares o como cualquier funcionario de carrera, podía pedir una excedencia en su puesto para hipotéticamente reincorporarse en el futuro. Obviaba Iglesias que él no era ‘profesor de carrera’ sino “interino”, un matiz muy importante en este asunto. Corría el año 2014 y el líder de Podemos, que acababa de resulta elegido eurodiputado, era profesor titular interino y la Complutense estimó que no tenía derecho a excedencia por servicios especiales precisamente por no ser de carrera; es decir, por no haber ganado una oposición.

Pablo Iglesias no lo aceptó y acudió a los Tribunales para reclamar su derecho a esa excedencia. El entonces Rector Carlos Andradas afirmó en su momento que la Justicia le dio la razón, ya que consideró que “debía primar la palabra funcionario sobre la de interino”. Pero, además, la plaza que ocupaba Iglesias era de “sustitución” de otro profesor que se reincorporó posteriormente, por lo que ya no tenía “la posibilidad siquiera de poder ser profesor interino”. Pese a ser una respuesta del todo lógica, no gustó a Iglesias que parecía querer que se le reconocieran unos derechos que podrían convertir a una plaza interina que él había ganado a dedo en una plaza a perpetuidad, y siguió litigando: esta vez ante los Juzgados Contencioso-Administrativos.

El asunto recayó en el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 18 de Madrid, que en fecha 8 de marzo de 2016 –procedimiento abreviado número 495/2015-, resolvió la demanda interpuesta por Pablo Iglesias Turrión contra la Universidad Complutense de Madrid, cuyo objeto era la impugnación de una resolución del Rector de dicha Universidad, de 14 de julio de 2014, en la que se desestimó la solicitud del recurrente de que le fuera reconocida la situación de excedencia forzosa -con efectos de 1 de julio de 2014-, o, subsidiariamente, la situación de servicios especiales.

Iglesias vetó a la prensa y se inició para los medios un calvario judicial

El caso tenía la suficiente entidad para que los medios de comunicación pidieran la sentencia al gabinete de prensa del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, pero cuando esa Oficina de Comunicación solicitó la resolución al órgano judicial -el 17 de febrero de 2016-, el Juzgado, mediante acuerdo de la letrada de la Administración de Justicia de 5 de abril de 2016, rechazó dar traslado de la misma al constar un escrito de Pablo Iglesias en el que no prestaba su consentimiento a facilitar copia de la misma; es decir, que Iglesias había vetado que se informara de sus cuitas judiciales, algo que es público por naturaleza. ¿Por qué tenía miedo el líder podemita de que se supiera la verdad?

La Oficina de Comunicación, de acuerdo con su función de cauce institucional entre los órganos judiciales y los medios de comunicación, establecido en el Protocolo de Comunicación de la Justicia 2015 del Consejo General del Poder Judicial, interpuso recurso de revisión contra el acuerdo de la letrada de la Administración de Justicia, que fue desestimado por el titular del Juzgado el 29 de abril de 2016.

La resolución negativa de ese Magistrado fue notificada el 3 de mayo de 2016 a la Oficina de Comunicación, que procedió a interponer recurso de alzada ante el Consejo General del Poder Judicial. Y, así, el pasado 6 de abril de 2017, la Comisión Permanente de este órgano estimó por unanimidad el recurso con una contundencia que deja a Iglesias al pie de los leones:

“(…) El interés invocado por el Gabinete de Comunicación del Tribunal Superior de la Comunidad de Madrid tiene una evidente y honda raigambre constitucional, pues a través del acceso y difusión de la sentencia se pretende dar satisfacción al derecho fundamental del público a recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión (art. 20.1.d CE)” y acordando que procedía “dar acceso a la Oficina de Comunicación del Tribunal Superior de la Comunidad de Madrid a la sentencia dictada por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo núm. 18 de Madrid en el procedimiento abreviado núm. 495/2014”.

El fallo del Contencioso-Administrativo: varapalo a Iglesias

Leyendo la sentencia, que este periódico ofrece de forma íntegra, se entiende el por qué Iglesias quería ejercer –y de hecho ejerció-, la censura contra los medios de comunicación. El Tribunal le da la razón en parte –en el hecho concreto de que puede tener excedencia pese a ser interino-, pero se la quita en el fondo de la cuestión: le recuerda que es un interino, que está colocado a dedo para hacer una sustitución y que su plaza no es para siempre, sino sólo hasta que se reincorpore el profesor titular, el cual sí que ganó la plaza con el sudor de su frente.

En definitiva, que el fallo de la sentencia le recuerda a Pablo Iglesias que sí, que tiene derecho a acogerse a la situación de servicios especiales, pero añade lo siguiente: “Sin perjuicio de que su efectividad esté condicionada por el hecho del posterior reingreso de la titular de la plaza docente que ocupaba y pueda hacer ineficaz ese derecho, al poder producirse el cese del nombramiento que le fue otorgado el día 13 de noviembre de 2008, lo que es una cuestión ajena a este proceso” (sic).

Todo un torpedo en la línea de flotación de Pablo Iglesias. Ahora se entiende por qué el jefe de Podemos vetó a la prensa y practicó con ella la censura de la que hizo gala el régimen franquista.

Jorge Ventura