Menú Portada
https://track.adform.net/C/?bn=17156992 1x1 pixel counter :

La inmensa fortuna de la familia real Saudí: 1,4 trillones de dólares para los 15.000 miembros de la dinastía, de los que 2.000 son los principales beneficiados, entre ellos el polémico príncipe Al-Waaled bin Talal cuyos bienes se estiman en 28.000 millones de dólares

Septiembre 7, 2017
al walleed

En un contexto cultural de códigos tribales, desierto, oasis, jeques y petrodólares el vasto conjunto de la dinastía real saudí, los descendientes del fundador del reino Abd-el-Aziz Al Saud, se reparte sumas astronómicas que llueven como el maná sobre una plétora de príncipes difícil de calcular. Todo ello en un entorno de luchas intestinas e intrigas palaciegas propias de una dinastía en la que la sucesión al trono no está claramente fijada, aunque da preferencia a la edad y a la generación por delante de la primogenitura.

Así, desde la muerte en 1953 del mitificado fundador de la dinastía la sucesión ha ido pasando de unos de otros de sus muy numerosos hijos de distintas esposas, siendo el actual rey Salman el hijo número 25 del citado Abd-el-Aziz Al Saud. Con 81 años, muy frágil de salud tras dos embolias, y afectado por el Alzheimer, el pasado 21 de junio el monarca promovió a su hijo favorito, Mohammed-bin-Salman, a la posición de príncipe heredero poniéndole por delante de todos sus otros numerosos primos todos ellos nietos del fundador del reino. Un acontecimiento que descabezó al hasta entonces heredero, Muhammed-bin-Nayef, gracias a un auténtico complot palaciego que modifica la política de alianzas del reino saudí pues, si el hasta ahora heredero había puesto en cuestión el reciente embargo saudí a Qatar, el nuevo sucesor cursó formación en el FBI y ha afirmado que sin la influencia cultural de los Estados Unidos en Arabia Saudí “habríamos terminado como Corea del Norte. Sin embargo, son muchos los que  califican a Muhammed-bin-Nayef de arrogante y de ser a sus 32 años el auténtico poder en la sombra detrás del trono de su padre.

Miles de príncipes todos ellos descendientes de las 22 esposas del primer rey

Sin embargo estos cambios súbitos en la sucesión dinástica no son el único problema que encara  la dinastía saudí, que cuenta con miles de príncipes todos ellos descendientes de las 22 esposas del primer rey que reconquistó la ciudad familiar ancestral de Riyahd en 1902, y en 1932 creó el reino de Arabia Saudí donde es considerado el padre de la patria. En su tiempo la toma de esposas múltiples le fue de gran ayuda para conseguir el apoyo de una coalición de tribus que le permitió dar forma a su gran reino, pero ahora todos esos descendientes, esta inflación de príncipes y los gruesos emolumentos que perciben se han convertido en un auténtico problema.

Todo un enorme gasto para la Hacienda saudí, pues según un Informe del embajador norteamericano fechado en 1996 y filtrado por WikiLeaks, todos los miembros de la familia Al-Saud reciben del estado unos ingresos que van desde los 270.000 dólares por mes que llegan a los príncipes de más edad, hasta los 8.000 dólares que reciben los miembros muy menores de las ramas más remotas y colaterales de la dinastía. El sistema se calibra por generaciones de manera que los hijos e hijas aún vivos del fundador perciben 270.000 y 200.000 respectivamente, los nietos cerca de 27.000, los bisnietos 13.000, y los tataranietos un mínimo de 8.000 dólares por mes. Cifras imposibles de evaluar en su total, teniendo en cuenta que en 1996 el presupuesto para sostener estas partidas de gasto alcanzaba más de 2.000 millones de dólares por existir cerca de 60 hijos vivos, 420 nietos, 2.900 bisnietos, y cerca de 2.000 tataranietos.

Miles de millones de dólares muy difíciles de cuantificar

Estas “listas civiles” son, por otra parte, percibidas desde el momento del nacimiento, y a ellas se suman otras cantidades como incentivos por la procreación. Todo ello sin contar las múltiples otras vías de enriquecimiento, en un país sin constitución escrita, como grandes construcciones o los peregrinajes a los lugares santos que han aportado fondos a los príncipes mayores como lo fueron en su momento el difunto rey Fadh y algunos de sus hermanos enteros. Así mismo, se habla de príncipes saudíes que acuden a los Bancos locales para solicitar préstamos que finalmente no se pagan, y de confiscaciones de tierras comunes en lugares en los que se diseñan futuros proyectos empresariales que pueden ser vendidas a posteriori con grandes beneficios.

Tanto es así que el difunto rey Abdullah, cuya fortuna se tasó en unos 18.000 millones de dólares, intentó contener parte de esos abusos al evitar que algunos de sus parientes utilizasen la Compañía Aérea nacional como un jet privado. Vistos de forma colectiva estos abusos parecen comenzar a ser percibidos por la sociedad saudí como el gran peso de una casta privilegiada, si bien, de entre los cerca de 15.000 miembros de la dinastía, unos 2.000 son los que acaparan las grandes fortunas y las grandes prebendas como es el caso del polémico príncipe Al-Waaled bin Talal cuyos bienes personales se estiman en 28.000 millones de dólares. Masas ingentes de dinero muy difíciles de cuantificar y de controlar aunque se hace una estimación de 1,4 trillones de dólares para el total de la fortuna del conjunto familiar de los Al-Saud.

Un enorme negocio conocido comoAl-Saud Inc.”

Pero otro aspecto notable del tribalismo local imperante en el reino es que no todos los príncipes cuentan con los mismos privilegios, pues los hijos y nietos del fundador cuyas madres no pertenecían a la élite de los linajes árabes no son considerados como elegibles para suceder en el trono. De hecho, y según un reciente informe de la BBC, un cierto número de príncipes disidentes se han evaporado o han desaparecido de forma misteriosa en tiempos recientes. Otros han preferido radicarse fuera de Arabia Saudí como es el caso del también disidente príncipe Khalid bin Farhan al-Saud, residente en Alemania, quien, ante la bajada sostenida de los precios del petróleo que ha restringido la economía del país, ha afirmado: La gente tiene menos dinero que antes, pero la familia real continúa con el mismo. Hay mucho dinero del Estado que se oculta en los presupuestos y cuyo destino lo determina el propio rey”.

Ya hay, por tanto, voces que cuestionan si tan inmensa familia real puede mantener de forma simultánea su lujoso estilo de vida y su mano férrea e incuestionada sobre el país, en el que el rey Salman es el gran jerarca que preside tan enorme negocio conocido de manera informal como “Al-Saud Inc.”.

Ricardo Mateos