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Fue la invitada "tapada" que accedió a la fiesta por una puerta trasera

La Infanta Elena se aburrió como una mona en el cumple de María Zurita

Septiembre 24, 2008

En su 33 aniversario, María Zurita estuvo acompañada por muchos de sus amigos. Sin embargo, llamó la atención la discrección de una Infanta Elena que no quiso perderse la fiesta pero que accedió por una puerta trasera.

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A sus treinta y tres años, María Zurita puede sentirse orgullosa de tener a su alrededor a un nutrido grupo de amigos que celebran sus éxitos y la acompañan en sus fracasos. María es una mujer cercana, auténtica y que repele las rimbombancias inadecuadas. Austera en el trato, accesible en las distancias cortas e inigualable en eso de organizar saraos para festejar aniversarios y fiestas de guardar. Me cuentan que el fiestón que organizó en la terraza del Hotel Óscar de Madrid, propiedad de un Quique Sarasola que en petite comité es tan o más divertido que en apariencia, resultó todo un éxito. Cerca de cincuenta invitados, un exquisito menú que la propia Zurita pidió para la ocasión, y una barra libre de la que, entre otros, no se separó un Javier Cárdenas que toca las estrellas con su ‘Atrévete’ de Cadena Dial. María, que llegó muy sonriente y vestida con unos pantalones negros que moldeaban su silueta, no dejó de charlotear durante toda la noche con una Genoveva Casanova que parece haber encontrado el amor en alguien con el que sorprenderá no demasiado pronto. Tampoco quiso faltar a la cita, Alejandra Rojas que acudió sin Luis Medina, aumentando los insistentes rumores de separación que ellos desmienten al mismo tiempo en que el viento ondea sus melenas. Las periodistas Marta Robles, mucho más guapa que en otras ocasiones, e Isabel San Sebastián tampoco quisieron perder la oportunidad para entonar el cumpleaños feliz.
 
Sin embargo, sorprendió que nadie se percatara de la presencia de la Infanta Elena, que accedió por una puerta oculta. Fue la invitada estrella, a la que todo el mundo saludó efusivamente y que mantuvo en jaque a los miembros de la seguridad que escoltaron las inmediaciones del hotel hasta que decidió marcharse. Me cuentan que, a pesar del recibimiento, Elena se mostró desaborida, sin participar en conversaciones en las que se debatía sobre lo divino y lo humano, y ciertamente distraída. Sólo pareció cómoda cuando decidió acercarse a Soraya Sáenz para departir sobre asuntos algo más trascendentales. Sólo ella y su prima, María Zurita, consiguieron sacarle de un aburrimiento que le llevó a bostezar en más de una ocasión. ¡Es sacarla de una recepción con dos cientos mandatarios y la Infanta no sabe disfrutar!
 
Por Saúl Ortiz