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La reina doña Sofía retoma en Nueva York la "venta" de la marca España

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarín: ¿Aislados por sus propios pares o aislamiento voluntario de la gran sociedad de la suiza aristocrática?

Noviembre 27, 2013

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Los duques de Palma viven de espaldas a esa gran sociedad de príncipes y de aristócratas que se da cita en Ginebra, en Vevey, en Versoix o en Gstaad, muchos de los cuales son parientes en diversos grados de don Juan Carlos y doña Sofía o amigos de tiempos mejores

A poca distancia de doña Cristina, y en su mismo barrio, reside aquella novia de juventud de don Juan Carlos que es la princesa María Gabriela de Saboya que todos los veranos retorna a su casa en Ibiza

Es bien sabido el grueso reproche que desde los primeros tiempos de su instalación en Barcelona le ha venido haciendo siempre la sociedad aristocrática de la Ciudad Condal: “Nunca ha querido saber nada de nosotros, ni mezclarse con nosotros”

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El mismo martes pasado en que los príncipes de Asturias regresaban de lo que parece haber sido su exitoso viaje por tierras norteamericanas, doña Sofía llegaba a Nueva York para asistir en el simbólico e imponente Hotel Waldorf Astoria a la cena de gala de la entrega de las medallas de oro del Queen Sofía Spanish Institute que ella preside y cuya finalidad es “promover un mayor conocimiento de la cultura española en los Estados Unidos”. Ante tan selecto auditorio (el costo del cubierto para asistir a la cena es astronómico), doña Sofía, al igual que don Felipe en días previos, dio muestras de su excelente dicción en inglés y allí coincidió con otras realezas como la princesa Yasmine Aga Khan o su buena amiga y mano derecha de tantos años en Norteamérica que es la archiduquesa Inmaculada de Austria.

Y es que la distinguida, amable y culta Inmaculada de Habsburgo es quien está a la cabeza del Queen Sofía Spanish Institute, pues su vinculación con España, país en el que creció, es muy estrecha. Tanto es así que visita España con mucha frecuencia, ya sea para visitar las playas gaditanas o para reencontrarse con su hermana Alejandra, que durante décadas ha trabajado para el ayuntamiento de Barcelona. Pero no deja de ser paradójico que Inmaculada, representante de doña Sofía en Nueva York, sea hija de aquel archiduque Carlos que como Carlos VIII reclamó para sí la corona de España en los años 50 en calidad de nieto de aquel rey carlista que fue Carlos VII. Una pretensión dinástica sostenida por los llamados “Carlos octavistas”, que por aquellos años menudearon por Barcelona, y que llegó a interesar al propio general Franco que también jugó con él en su tablero de príncipes elegibles para la futura monarquía española.

La cara oculta de la vida de doña Cristina

Y mientras doña Sofía, que al día siguiente de la gala marchó a visitar una escuela bilingüe en el Bronx neoyorkino, y don Felipe trabajan afanosamente por levantar la maltrecha imagen de la familia real, la opacidad que rodea la vida de la infanta doña Cristina nos continúa planteando numerosas incógnitas. Sabemos que vive en el elegante “Quartier de Florissant” de Ginebra, y también que sus hijos asisten a la elitista escuela “La Grande Boissière” que es el más antiguo de los tres campus con los que cuenta en Suiza la prestigiosa institución escolar Ecolint, pero poco más. Sin embargo, todo parece apuntar a que los Urdangarin-Borbón viven de espaldas a esa gran sociedad de príncipes y de aristócratas que se da cita en Ginebra, en Vevey, en Versoix o en Gstaad, muchos de los cuales son parientes en diversos grados de don Juan Carlos y doña Sofía o amigos de tiempos mejores.

A poca distancia de doña Cristina, y en su mismo barrio, reside aquella novia de juventud de don Juan Carlos que es la princesa María Gabriela de Saboya que todos los veranos retorna a su casa en Ibiza. Un poco más allá, en Jussy, viven la princesa María Astrid de Luxemburgo y su esposo el archiduque Christian Carl de Austria. Unos kilómetros más allá, y a ambas márgenes del lago de Ginebra, se levantan la mansión del príncipe Víctor Manuel de Saboya, ubicada en Vesenaz, y la “Villa Serena” que es la propiedad que comparten en Versoix  las princesas Elena, Sofía y María de Rumania, hijas del rey Miguel que es uno de los primos hermanos más queridos de doña Sofía. Apenas nada de la vida de doña Cristina trasluce a la prensa, y ni siquiera sabemos si cuenta con el apoyo regular de esos amigos de siempre que son su prima Alexia de Grecia, Kiril de Bulgaria, o  Cristina de Borbón-Dos Sicilias.

¿Aislados voluntarios?

¿Aislados por sus propios pares, o aislamiento voluntario? Ya en junio pasado la infanta se encontró a momentos sola y sin mantener conversación con nadie durante el funeral en memoria de su abuelo el conde de Barcelona (“rezad por mí”, le dijo a uno de los asistentes), pero también es bien sabido el grueso reproche que desde los primeros tiempos de su instalación en Barcelona le ha venido haciendo siempre la sociedad aristocrática de la ciudad condal: “Nunca ha querido saber nada de nosotros, ni mezclarse con nosotros”.

En Inglaterra, entre tanto, la reina Isabel II ha tenido un notable gesto de inusitada apertura de mente y de modernidad al nombrar como su representante personal en el condado de Lincolnshire al musulmán Charles Abd al- Mateen, que desde hace unos días se ha convertido en su Alto Sheriff de esas tierras. Pero aún es más sorprendente que Charles Abd al-Mateen es en origen Sir Charles John Pelham, octavo conde de Yarborough y un refinado aristócrata educado en el selecto colegio de Eton y heredero de una fortuna de 68 millones de libras esterlinas que incorpora 17.500 acres de tierras en ese condado y valiosísimas colecciones de arte. Más a la baja va esa extraña pareja conformada por Alberto y Charlene de Mónaco, cuyo aspecto en su última aparición pública tras asistir a una representación de “El oro del Rin” en Montecarlo el día de la fiesta nacional del principado, está siendo fuertemente criticado en muchos foros.

Ricardo Mateos