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La Casa Real manifiesta respeto por la decisión del juez pero a la vez conformidad con la fiscalía que recurrirá el auto

La imputación de la infanta Cristina, ¿llega tarde?

Abril 4, 2013

Su puesto como vocal del Consejo de Administración de Nóos, no era obligatorio ni necesario según los estatutos de la propia fundación
El papel de la fiscalía anticorrupción de Baleares, que presentará el recurso esta misma semana, y que depende en última instancia del Gobierno queda en entredicho
Mientras, Alberto Ruiz Gallardón, parece estar preparando reformas en la Ley de Enjuiciamiento Criminal y en el Código Penal, su pretensión podría ser crear una especie de “ley mordaza” que condenara a penas de cárcel superiores a dos años a las personas que filtren informaciones de los sumarios

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Desde hace tiempo contemplo con cierta distancia todo lo que está ocurriendo en torno al caso Nóos. La noticia de la imputación de la infanta Cristina ha hecho que las células grises de mi cerebro se revolucionen, salten, griten y las ideas y pensamientos se me acumulen y agolpen como un domingo soleado en El Rastro. Me gusta que las misivas que le escribo fluyan con ideas limpias y las palabras bailen enlazadas unas a otras como si el texto fuera una canción que hoy suena así.

Al conocer la noticia, he leído comentarios en las redes sociales elogiando la valentía y de forma más gráfica los atributos masculinos del Juez Castro. Inocente de mí que pensaba que todos éramos iguales ante la Ley como aseveró el propio rey Don Juan Carlos. Porque si todo se circunscribe a que el magistrado tenga redaños, ¿dónde queda la Justicia? ¿Un juez con menor carga testicular no la habría imputado? ¿La testosterona influye en la Justicia? ¡¡Qué simpleza intelectual!!, ¿no le parece?

Nada ha cambiado

No sólo no elogio al Juez Castro que, al fin y al cabo y en puridad, está haciendo el trabajo por el que le pagan, sino que discrepo de su decisión. En mi opinión la imputación de la infanta Cristina debería haber llegado mucho antes. Si ante las mismas circunstancias en vez de llamarse Iñaki y Cristina, sus nombres hubieran sido José y Ana, tengo el convencimiento personal de que Ana hubiera sido imputada desde el primer momento. Cristina era vocal del Consejo de Administración de Nóos, puesto que no era obligatorio ni necesario según los estatutos de la propia fundación y poseía el 50% de Aizoon, la sociedad que presuntamente Urdangarín y su socio utilizaban para llevarse el dinero. Con esos dos datos y con 6 millones de euros presuntamente desviados ya se merecía al menos acudir al juzgado acompañada de un abogado y enfrentarse a las preguntas del juez. Estos datos se conocían desde los albores de la instrucción, por eso, la imputación llega con tanto retraso como la vacuna para el cáncer.

Me pregunto si el escenario ha cambiado radicalmente desde entonces hasta ahora para dar semejante paso. Miro, analizo, pienso y no puedo evitar concluir que en mi opinión no. Los correos electrónicos aportados por Diego Torres desprestigian, ensucian, pero como indicio no llegan a apoyarse ni en dos patas. Entonces, ¿por qué ahora? He oído una docena de teorías en las últimas horas. La mía es que no le quedaban más huevos, que desde un principio sabía que debía hacerlo, que jurídicamente era el único camino y que si no seguía esa senda el desprestigio de la Justicia ante la opinión pública podría ser mayúsculo, como él mismo apunta en su auto. Si no lo ha hecho antes, y le recuerdo que es tan sólo mi convencimiento, es porque está al borde de finalizar la instrucción. Antes no quería problemas ni zancadillas y lo ha dejado para el final para evitar situaciones… complicadas.

Respeto pero sorpresa

Y llega la Casa Real y emite un comunicado. Hablan de respeto absoluto a las decisiones de los tribunales pero no pueden dejar de manifestar su sorpresa. A mí el respeto y ese dardo, esa advertencia suave y elegante pero envenenada me parece incompatibles. Pero hay más. Manifiestan su absoluta conformidad con la Fiscalía. ¿Y qué es lo que ha hecho el Ministerio Público? Pues pedir que le quiten la imputación a la infanta Cristina. Con dos… digamos narices que sino al final alguno se rompe y hay que utilizarlo para hacer tortilla.

Sabe usted, la fiscalía es el garante de la legalidad. Tremenda responsabilidad. Debe acusar si hay indicios de criminalidad y pedir el archivo si no los hay. He presenciado juicios en los que el Ministerio Público, a pesar de haber comprobado que no había pruebas para sostener la petición de cárcel, se ha mantenido firme y estricto y ha elevado a definitivo su escrito acusatorio. Luego ha llegado la obvia y aplastante absolución.

La Fiscalía en entredicho

Pero claro, debemos recordar que la Fiscalía es un órgano jerárquico en el que manda y ordena el Fiscal General del Estado. ¿Y quién lo nombra? El gobierno de turno. Y como Montesquieu murió hace tiempo, muchos estamos convencidos de que es el Ministro de Justicia el que mueve los hilos de la marioneta desde arriba y que si la Fiscalía se opone a que se impute a la infanta Cristina es porque alguna presunta instrucción o presunto susurro o sugerencia se ha deslizado en el oído adecuado.

Es obligatorio y necesario que la Justicia llegue a todos los estratos de la sociedad, pobres, ricos, poderosos, desgraciados… También me gusta que todos conozcamos los detalles, los vericuetos, las trampas, la corrupción en cualquier caso que nos afecte. Como comprenderá no a todos les gusta. Me cuentan que el Ministro de Justicia, el ínclito Alberto Ruiz Gallardón, el que a propuesta suya consiguió que se indultase a un camicace condenado a la cárcel y que mató a una persona, está preparando reformas en la Ley de Enjuiciamiento Criminal y en el Código Penal. Su pretensión (ruego a Dios que mis fuentes se equivoquen) es crear una especie de ley mordaza. ¿Cómo? Condenando a penas de cárcel superiores a dos años a las personas que filtren informaciones de los sumarios. Con los periodistas no quiere un enfrentamiento tan directo, me dicen. Eso sí, al medio que publiqué algo, multa millonaria, para estrangularlo económicamente y derrotarlo desde el bolsillo. Insisto, y que quede bien claro, que lo que cuento no es un hecho sino algo que mis fuentes me apuntan que el ministro de Justicia está construyendo. Y quiero y me debo de confundir porque, entre otras muchas cosas, está en juego nuestra profesión y no tengo conocimiento de que la prensa se esté organizando para repeler la agresión.

Pero si se confirma no se podrá hablar de casos como el de Bárcenas ni de Urdangarín ni de la infanta Cristina y seguirá prohibido robar, pero también denunciarlo y hablar de ello. Un pueblo menos informado es un pueblo más dócil.

 
Nacho Abad