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Telefónica se enfrenta estos días a un paro de algunos instaladores por un asunto del que no es responsable

La huelga sin patrono

Abril 8, 2015
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Si estos días espera usted la visita de un técnico de Telefónica para instalarle algo o reparar una avería, es posible que viva de primera mano una situación poco menos que kafkiana. Y si tiene la suerte de ahorrársela, se la cuento yo.

Telefónica –Movistar-, se enfrenta estos días a una huelga de algunos, recalco, algunos, de los instaladores de sus contratas, instaladores que en su mayoría son autónomos. El resto son empleados de empresas colaboradoras y, sólo en tercera y última instancia, dependen de la actividad de Telefónica para trabajar.

La Compañía española -probablemente más protectora con sus empleados y con la trayectoria sindical más limpia y armoniosa de la historia industrial en nuestro país-, se ve ahora enfrentada a un asunto del que no es responsable, aunque sí está sufriendo directamente sus consecuencias.

Una huelga convocada por sindicatos con mínima representación

Me explican, y me lo creo, que la huelga está azuzada desde dentro de la casa, como siempre ocurre, por sindicatos con mínima representación en Telefónica. Como no logran pescar dentro, salen a pescar fuera, para ver si consiguen montar cuanta más bronca mejor alentando a los profesionales de las empresas colaboradoras… que en su mayoría no entienden en el fondo del qué se están quejando.

Dan ganas de hacer una votación a mano alzada entre esos 15.000 técnicos que Telefónica emplea de forma indirecta en esas 10 empresas a las que está vinculada por contrato y preguntarles si de verdad quieren dejar de instalar para Telefónica. Ni el 1% de ellos quieren en el fondo desvincularse de una de las pocas compañías españolas que no ha dejado de invertir en infraestructuras ni en lo más crudo de la crisis. Y que sólo el año pasado posibilitó la contratación de 5.000 técnicos y que ha comprometido con cada una de esas compañías colaboradoras la friolera de 50 millones al año durante los próximos tres.

A pocas fechas de las elecciones sindicales y con un material tan sensible como los trabajos y los salarios, la demagogia campa estos días a sus anchas.