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Hasta cinco cadáveres han sido encontrados en los últimos años en los bosques de esta zona montañosa

La historia maldita de Les Gavarres: nadie ha sido condenado por el asesinato de dos alemanes, cuyos cadáveres aparecieron en un pozo abandonado

Mayo 14, 2015

Además de constituir la mayor reserva forestal de la provincia de Girona, el monte de Les Gavarres también alberga los secretos de una serie de asesinatos brutales, muchos de los cuales nunca han podido ser esclarecidos.

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La historia del primero de los crímenes nos remonta al año 1992, cuando apareció un cadáver descompuesto dentro del maletero de un coche abandonado en La Rajolería Vella de Torrent. El cadáver correspondía a un hombre de entre 20 y 30 años de edad, y presentaba restos de pintura en sus ropas, por lo que se sospechó que pudiera ser un pintor. Cuando fue descubierto llevaba muerto más de un año, al parecer de un fuerte golpe en la cabeza. Nunca pudo ser identificado ni se descubrió a su asesino.

En mayo de 1998 fueron descubiertos los cadáveres de dos personas en el interior de un pozo de Sant Cebriá dels Alls, una zona boscosa y de difícil acceso del macizo de Les Gavarres perteneciente al término municipal de Cruilles. Los cuerpos eran de dos alemanes, madre e hijo, que habían desaparecido tres años antes. Ambos presentaban fuertes traumatismos craneales, presuntamente causados por una barra de hierro, que les habían ocasionado la muerte. 

El caso de los millonarios alemanes

Los dos alemanes, Inger Doohr, de 89 años, y Rolf Hesse, de 56, vivían en la Costa Brava, donde disponían de varias propiedades y contaban con un elevado nivel económico. Lo último que se supo de ellos es que iban a viajar a Alemania para cobrar 50 millones de las antiguas pesetas por la venta de una propiedad. Tras su desaparición, en 1995, las cuentas bancarias de ambos comenzaron a bajar de una manera espectacular merced al uso que alguien hacía de sus tarjetas de crédito y a operaciones bancarias realizadas en algunos casos desde el extranjero.

Las investigaciones policiales llevaron en un primer lugar a la detención de un jardinero de nacionalidad británica, Gregory Jason C., vecino de los asesinados, y que en el pasado había sido arrestado acusado de falsificar cheques bancarios de los alemanes. Los forenses, mientras tanto, determinaron y Hesse fueron asesinados a golpes en su propio domicilio, mientras que las partículas de barro encontradas entre sus dientes confirmaban que los cuerpos fueron enterrados directamente en el pozo donde serían localizados tres años después.

Poco más tarde, la Policía arrestaba en Canarias a un segundo sospechoso, Patrick L., de nacionalidad belga, que había tenido negocios inmobiliarios con los millonarios fallecidos. Además, los investigadores llegaron a la conclusión de que el padre del británico detenido, David Charles C., había sido el autor material de los asesinatos, haciéndose pasar por su hijo, por lo que el juzgado Número 4 de la Bisbal d’Empordá instó a Interpol a su localización y arresto, que se produjo inmediatamente en Bristol (Inglaterra).

Sin embargo la investigación se estancó: el Instituto de Toxicología comunicó que había perdido algunas pruebas (entre ellas los gusanos que databan el momento exacto del crimen, considerados prueba clave) y en abril de 2004 los tres detenidos quedaron libres de culpa y el caso, archivado. 

Otros descubrimientos espeluznantes

Sin embargo, la leyenda negra del macizo de Les Gavarres depara más sucesos tétricos. En octubre de 1999, un buscador de setas encontraba un esqueleto humano semienterrado en la finca El Celler. Los Mossos d’Esquadra determinaron que correspondía a un hombre, camarero de profesión, que había muerto de manera violenta bastante tiempo atrás, unos 3 años. Las ropas que tenía puestas el cadáver estaban atravesadas por numerosos cortes de arma blanca.

Espeluznante fue también el descubrimiento, por parte de unos excursionistas, del cadáver de una mujer, envuelto en trapos y bolsas de plástico y semienterrado. Fue el 29 de agosto de 2006 en una zona boscosa del monte. El cuerpo era el de Mercé Pérez, de 35 años, cuya desaparición había sido denunciada por su madre 3 semanas antes. En este caso, fue detenido el marido de Mercé, Jordi García, quien no pudo aguantar la presión policial y acabó confesando el crimen. 

José Manuel Gabriel