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Todos los inmuebles eran patrimonio exclusivo del conde Barcelona

La herencia de don Juan de Borbón procedía de los dividendos de las ventas en España de los palacios de la Magdalena (Santander), y de Miramar (San Sebastián), de la Isla de Cortegada (Pontevedra), y de un edifico de pisos en la Gran Vía madrileña

Julio 8, 2013
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Tras tres meses de investigación, pues el asunto no ha sido nada sencillo después de veinte largos años, el gabinete de prensa del palacio de la Zarzuela, que durante tiempo ha tenido una persona desplazada a Suiza (aparentemente el propio Rafael Spottorno), para llevar adelante los trámites pertinentes, ha desvelado que don Juan Carlos no tiene cuenta bancaria personal alguna en Suiza toda vez que la compleja testamentaría de su padre, don Juan de Borbón, quedó resuelta en 1995 cuando las cuentas en cuestión fueron cerradas. Una cuenta, la de la Union de Banques Suisses, donde don Juan tenía sus capitales, y otra cuenta, la de la Société Générale, en la que don Juan Carlos recibió su parte de la herencia tasada en unos dos millones de euros.

Han pasado dos décadas desde el fallecimiento del conde de Barcelona y desenredar el ovillo no ha sido fácil, tanto por los cambios y fusiones de los bancos suizos como por la regular destrucción de documentos por parte de las entidades bancarias cada cierto tiempo, todo ello sumado a la complicación añadida del fallecimiento de la mayor parte de los albaceas testamentarios.

Zarzuela: lo saben pero no lo dicen
Se afirma desde Zarzuela que “existe la convicción” de que los derechos sucesorios fueron satisfechos en su momento, y eso no podía ser de otro modo puesto que la testamentaría fue tramitada desde España. Por otra parte, y cosa comprensible, se nos informa de que la mayor parte del capital que correspondió a don Juan Carlos se gastó, aunque la condesa de Barcelona no falleció hasta el año 2000, en liquidar deudas pendientes de los condes de Barcelona que también tenían sus propios compromisos. Hubo que liquidar a parte del personal y, cosa que no se cuenta, también se tuvo que hacer frente a algunas mandas testamentarias de don Juan una de las cuales fue dejar un pequeño capital a Fernando Ybarra, hijo de la fiel Amalín López-Dóriga que durante años fue la gran amiga y confidente de la condesa de Barcelona y, según algunos, su alter ego.

Todo un alivio para la familia real, aunque hubiéramos querido saber algo más  pues si bien estas informaciones parecen dar por concluido este delicado asunto dejan, paradójicamente, abierta una pregunta en torno a la figura del conde de Barcelona cuya imagen ha quedado desgraciadamente un tanto mancillada a ojos de la opinión pública. De ahí que por mucho que personas cercanas al círculo de don Juan de Borbón en Estoril, como es el caso de Luis María Anson o Alfonso Ussia, se esfuercen en afirmar con toda razón que los condes de Barcelona nunca fueron ricos ni vivieron en la abundancia y el lujo en sus años de exilio, persista la duda sobre el origen de esta fortuna de cerca de 1.000 millones de pesetas que el conde de Barcelona dejó a su fallecimiento en Suiza.

Ventas de Palacios

De hecho, pareciera que el gabinete de prensa de la Zarzuela desvista ahora a un santo para vestir a otro, cuando la realidad es sencilla ya que el que don Juan dejase una herencia de ese montante (una suma nada astronómica para el que durante años fue jefe de una casa real) es algo bastante lógico si se tiene en cuenta que esos capitales fueron el fruto de la herencia que recibió en 1969 tras el fallecimiento de su madre la reina Victoria Eugenia. Hasta su muerte la reina gestionaba la cuenta denominada “de usufructo” dejada a ella por su esposo el rey Alfonso XIII, cuenta que con los intereses producidos a lo largo de los años fue a parar al conde de Barcelona.

Además, a esos capitales vinieron a sumarse posteriormente los dividendos de las ventas en España, ya en los años 70 y 80, de los palacios de la Magdalena (Santander) y de Miramar (San Sebastián), de la isla de Cortegada (Pontevedra), y de un edifico de pisos en la Gran Via madrileña, que eran patrimonio exclusivo de don Juan de Borbón. La cosa es sencilla y hubiera podido explicarse de forma fácil y sencilla, especialmente ahora que el anuncio de la abdicación del rey Alberto de Bélgica deja el terreno abonado para que desde ciertos ámbitos se vuelva a hablar de una posible abdicación de don Juan Carlos, posibilidad que éste no ha considerado en ningún momento.  

Egipto no llora la muerte de la anciana princesa Fawzia

Entre tanto mientras el pueblo egipcio se levantaba en protestas para derribar el gobierno de los Hermanos Musulmanes generando una enorme inestabilidad en el país, desde Alejandría llega la noticia del fallecimiento el 2 de julio de la anciana princesa Fawzia de Egipto, de 95 años, de quien en cierta ocasión el fotógrafo y esteta Cecil Beaton dijo que era una “Venus asiática”. Fawzia, la última hija viva del rey Fuad I de Egipto, fue una gran belleza en su tiempo y por su primer matrimonio en 1939 con el Sha Reza Pahlevi fue emperatriz de Persia hasta su divorcio unos años después. Feminista convencida, tras su marcha de Irán regresó a Egipto donde en 1949 contrajo un segundo matrimonio con el coronel, y miembro de la realeza egipcia, Ismail Chirine, siendo una de las grandes figuras de la corte de su hermano el rey Farouk en aquellos años dorados de Alejandría en los que por los palacios reales pasaban numerosos príncipes y reyes exiliados como el entonces jovencísimo Simeón II de Bulgaria o los miembros de la familia real italiana. Con la princesa Fawzia ha muerto la época de mayor esplendor de la realeza egipcia contemporánea.

Ricardo Mateos