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Se produjo hace 13 años

La Guardia Civil sigue demandando colaboración ciudadana para resolver el crimen de la colombiana Alcira López Santa

Septiembre 9, 2014

El 14 de septiembre de 2001 un guardia forestal encontraba en una hondonada de Valsaín (Segovia), cerca de un pinar, junto al kilómetro 137 de la carretera que une el pueblo con Navacerrada, el cadáver semidesnudo de una mujer. El cuerpo mostraba signos de una tortura brutal y muerte por estrangulamiento, así como quemaduras en las yemas de los dedos para impedir la identificación. Para completar la macabra puesta en escena, los asesinos habían dejado un fajo de billetes dentro de la vagina de la víctima.

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Los investigadores de la Guardia Civil sospecharon desde el principio que estaban ante un ajuste de cuentas por asuntos de drogas y/o blanqueo de capitales. La mujer no llevaba ningún tipo de documentación y el cotejo de los datos post mortem con los archivos policiales reveló que podría ser una inmigrante irregular. Los forenses determinaron que la víctima tenía entre 35 y 38 años, pesaba 45 kilos, calzaba un 36 de pie y tenía el pelo de color castaño. Fue estrangulada probablemente con un cinturón fino, en un lugar distinto a donde apareció el cadáver. 

Made in Colombia
 
El primer hilo del que tirar se lo proporcionó a los agentes la ropa de la víctima. Aunque no llevaba pantalones ni zapatos, la mujer asesinada tenía un tanga con la inscripción Made in Colombia. También llevaba un colgante dorado con una Virgen y un Cristo, un adorno típico de Colombia. Pero la autopsia reveló un dato aún más importante para las pesquisas: la víctima, al parecer súbdita colombiana, tenía dos implantes mamarios de silicona.
 
Los especialistas del Instituto Armado sabían que cada prótesis lleva un número de serie identificativo con el que se puede saber en qué laboratorio ha sido fabricada e, incluso, qué cirujano llevó a cabo el implante. La Guardia Civil averiguó sin dificultad que los habían sido elaborados en una clínica francesa llamada Laboratorios Sebbin, que distribuye productos por todo el mundo. Tirando de esta pista, los agentes llegaron hasta un centro de cirugía estética de Medellín, en Colombia, llamado Sanatorio Avances Médicos, que confirmó la intervención quirúrgica y facilitó el nombre de la víctima.
 
Policías y narcos, en familia
 
Alcira López Santa, que así se llamaba la mujer terriblemente torturada y asesinada en España, era viuda, madre de dos hijos y, como sospechaban los guardias civiles, estaba metida en el mundo del narcotráfico. La sorpresa llegó cuando los investigadores descubrieron que el hijo mayor de Alcira trabajaba de policía en Holanda y les dijo que no quería saber nada de la muerte de su madre. Según explicó, sospechaba que ésta había asesinado años antes a su padre, que pereció carbonizado en un suceso también hoy por esclarecer.
 
Las investigaciones sobre el asesinato de Alcira López permanecen en punto muerto desde entonces. Los responsables de Homicidios de las Fuerzas de Seguridad del Estado mantienen en Internet el llamamiento a quien haya podido ver o escuchar algo relacionado con este crimen lo pongan de manifiesto de forma absolutamente anónima en la dirección de correo electrónico homicidios-desaparecidos@policia.es. Más allá, los expertos policiales reconocen que cualquier avance en la investigación sólo puede llegar por un golpe de suerte.
 

José Manuel Gabriel

josemanuelgabriel@extraconfidencial.com