Menú Portada

La grandeza económico-empresarial de la Baronesa Thyssen y notables financieros unidos por una mujer

Enero 28, 2011

Carmen Cervera sigue con su batalla familiar con Borja y su mujer, Blanca Cuesta. Y todo por la pasta. Ahora va a resultar que la táctica de la Baronesa es dejar que el déficit de caja de su hijo aumente para que se vea condenado a rebajar sus millonarias reclamaciones. Y eso que financieramente, salvo una honrosa excepción que lleva su nombre, sus cuentas parecen muy saneadas como lo demuestra el hecho de ofrecer al Ministerio de Cultura de González Sinde la prórroga de un año gratis total de su colección de 240 obras del Museo Thyssen-Bornemisza. Ella es consciente “de la situación económica que atraviesa el país”, como buena empresaria que es. Un contrato que vencía el próximo 12 de febrero. Además, la próxima primavera se estrenará el Museo, el primero de otros que Carmen Cervera tiene proyectados, en el Palacio Villalón de Málaga y que acogerá la colección de arte español y andaluz del siglo XIX que es de su propiedad. Y para tal fin requiere los siguientes puestos de trabajo: Jefe/a de Área de Conservación Y Exposiciones; Director/a de tienda; responsable de Servicios Generales y Atención al Público; técnico/a de Comunicación; jefe/a de Área de Mantenimiento; técnico/a en Informática; técnico/a de Extensión Educativa; técnico/a de Conservación y Exposiciones; técnico/a de Registro; técnico/a de Promoción y técnico/a de Gestión Económica y Administrativa. Ahí es nada.

  Cada uno son de su padre y de su madre como Dios manda. Podríamos decir que les unen sus cuentas millonarias –no siempre justificadas por su buen quehacer profesional-, su posición de poder por el cargo, no político en la mayoría de los casos, y por el desmedido deseo de algunos de ellos por introducirse en el mundo de la jet set a costa de lo que sea. Aquellos que han irrumpido en el mundo empresarial, económico y financiero y que se consideran alejados del epicentro de los negocios y de las decisiones empresariales. Para estos cometidos existen y existirán despachos de Relaciones Públicas que cobran auténticas millonadas por su trabajo. Pero hay algunos que ofrecen, digamos, servicios especiales, muy especiales. Todo ello, eso sí, con la máxima discreción. O al menos se supone. A ese Gabinete de Relaciones Públicas han acudido en diversas ocasiones personajes célebres de nuestro panorama económico-financiero. El problema surge cuando, por un fallo en lo que suponía la contratación de unas profesionales para cubrir esos servicios, estas no resultan ser tales. Es en ese instante -él hace la propuesta a la mujer (se siente triunfador porque le han asegurado que el encuentro va incluido en el precio), cuando salta el coraje de la mujer malinterpretada. “Pero tú que te has creído…” Pues ese “desliz” puede desembocar en una auténtica bomba informativa.