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Su nacimiento fue un revulsivo

La fiesta de Mar Flores en honor de sus mellizos

Julio 13, 2011
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Mar Flores es una buena madre. Quienes la conocen aseguran que se desvive por sus hijos, que los trata con dulzura y con mano dura. Y más ahora que vive la maternidad en una etapa madura, más sosegada. El nacimiento de sus dos mellizos, Bruno y Darío, fueron un revulsivo impagable. Con ellos ha encontrado una paz que, dicen, andaba buscando. No sólo ella, sino también el empresario Javier Merino con quien forma un matrimonio a prueba de bombas. Ni siquiera sus innegables problemas con la justicia han desterrado los impagables momentos que, poco a poco, les regalan sus pequeños. Por eso no es extraño que, en fechas destacadas, los entregados padres consigan cerrar filas en torno a ellos. Es lo que ocurrió hace unos días cuando Javier y Mar reunieron en su casoplón de la Moraleja a sus más íntimos para celebrar una

Quienes estuvieron allí me cuentan que la pareja se mostró tremendamente cómplice. Muy atentos con todos sus convidados, Flores consiguió que todo saliera a pedir de boca. No es de extrañar. Algunos recuerdan la maravillosa orquesta que amenizó las muchas horas que compartieron. Hubo regalos para todos los gustos, aunque destacan los relacionados con el cuidado de los pequeños. Advierten que, a pesar de que la pareja pidió que no llevaran óbolos, hubo quien quiso refugiarse en lo material para enmarcar un día tan importante. Hicieron bien, en ocasiones es necesario rascarse el bolsillo.

Por Saúl Ortiz

saul@extraconfidencial.com