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Mientras se prepara la primera gran boda real del año, la de Amadeo de Bélgica

La ficticia reconciliación de los reyes de España en su viaje oficial a Portugal

Febrero 16, 2014

Tras la tormenta del paso de la infanta Cristina por los juzgados de Palma, el rey don Juan Carlos emprendió la semana pasada el que se espera sea el primero de sus viajes oficiales al extranjero en su marcada voluntad de hacerse presente tanto en la esfera nacional como en la internacional. Zarzuela quiere pasar página y el rey ha querido, en primera instancia, llegarse a su querido y cercano Portugal donde siempre fue y será bien tratado por ser siempre allí una personalidad particularmente querida. Un viaje muy breve, especialmente para doña Sofía (que se mostró particularmente afectuosa con la primera dama portuguesa), que regresó antes, pero que alcanzó para una noche en el emblemático Hotel Ritz de la capital lusa elegido por ser más adecuado por cuestiones logísticas para que don Juan Carlos pudiese mantener allí algunas audiencias privadas con personas de su confianza como ese viejo amigo que es Mario Soares, que nunca negó su apoyo a la familia real española en Portugal ni siquiera en los tiempos de la Revolución de los Claveles.

Como en otras ocasiones hubiera sido de esperar que los reyes aprovechasen su estancia en Lisboa para reencontrarse con viejos amigos del pasado, pero en esta ocasión no hubo ni encuentros, ni fados, ni cena oficial en el palacio de Ajuda. No hubo callejeo por Cascais, visita a Estoril o tiempo para amigos de siempre como la familia Espirito Santo o los Sousa-Holstein ni para primos como el duque de Braganza, sino una cena en el palacio de la ciudadela de Cascais restringida a diez personas: los reyes, los presidentes Cavaco Silva y Napolitano y sus esposas, un ministro de los gobiernos de España, Italia y Portugal, y el presidente de la Fundación Champalimaud (surgida de esa conocida y riquísima familia portuguesa) en la que tuvo lugar el acto de clausura del IX encuentro Cotec Europa para la reindustrialización de los tres países.
 
Zarzuela, no sabe, no contesta
 
Desde el gabinete de prensa de Zarzuela su máximo representante, Javier Ayuso, nos dice no poder informarnos sobre cómo está el ambiente en palacio tras los últimos acontecimientos, pues de forma lógica se ampara en ese “ya sabes, nosotros nos limitamos a mantener un respetuoso silencio desde el respeto a la actividad institucional”. Pero es inevitable que Cascais haya traído al baqueteado rey recuerdos de aquellos años más ligeros en los que, a pocos pasos de allí, él y los suyos escuchaban los fados de Amalia Rodrigues en la villa de su tío el amable rey Umberto de Italia. Zarzuela y los amigos del rey se esfuerzan en transmitirnos la imagen de un don Juan Carlos renovado, pero los achaques son visibles y los disgustos son muchos.
 
Mientras, en Bélgica se anuncia con júbilo el compromiso oficial que ya habíamos aventurado en estas mismas páginas entre el príncipe Amadeo, hijo de la princesa Astrid y del archiduque Lorenzo de Austria-Este y sexto en el orden de sucesión al trono, con la joven aristócrata Elisabetta Maria Rosboch von Wolkenstein que trabaja como experta en la actualidad artística y cultural para la Bloomberg News de Nueva York. Esta será la primera gran boda real del año y tendrá lugar en el mes de julio contando sin duda alguna con una nutrida asistencia de miembros del Gotha europeo habida cuenta de las excelentes conexiones dinásticas de los padres del príncipe. No faltarán por razones de parentesco las familias reales de Suecia, Noruega, Dinamarca y Luxemburgo, una legión de archiduques de Austria, y un muy notable contingente de la mejor nobleza italiana (los Agnelli, Borghese, Caetani, Borromeo, etc.) con la que la novia está emparentada, siendo de esperar que en esta ocasión España pueda enviar a Bruselas a algún representante de nuestra cada día más exigua familia real.
 
La vida sonríe al príncipe Jaime de Borbón-Parma
Pero también le sonríe la vida al príncipe Jaime de Borbón-Parma, ese hijo del carlismo español y primo hermano del rey Guillermo Alejandro de Holanda que tras trabajar con empeño durante años para el ministerio de Asuntos Exteriores holandés ha sido nombrado en días pasados nuevo embajador de ese país ante la Santa Sede. Corren tiempos de fuerte cambio y renovación en el seno de la iglesia, y nada más inteligente que enviar a Roma a este príncipe de una familia de histórica vocación política que aúna una fuerte tradición católica con una sólida formación académica, una mente abierta, y aires de modernidad pues allí donde su padre Carlos Hugo se abocó a la lucha política su madre, la princesa Irene de Holanda, dedica su vida a proyectos solidarios en África desde una visión alternativa y espiritualizada de la vida.
Pronto le veremos allí junto a su esposa Victoria que ya espera su primer hijo, pero no todas las familias reales destronadas ven con aprobación los revolucionarios cambios que el Papa Francisco está llevando a cabo en el seno de la iglesia. Porque desde Brasil el príncipe don Bertrand, hermano del jefe de esa familia imperial, ha remitido un mensaje “reverente y filial” al Papa en el que ataca no solamente a su persona sino también a sus denominadas “actitudes marxistas”. El príncipe, que siente nostalgia de los tiempos de Juan Pablo II y Benedicto XVI, es miembro de la Asociación ultracatólica Tradición, Familia y propiedad cuyas actividades se dirigen a la lucha ideológica contra la reforma agraria en el Brasil, el debate ideológico con los sectores progresistas de la iglesia, la denuncia de la Teología de la Liberación, y el repudio de libros, películas y series televisivas que atentan, según la organización, contra los principios y los valores morales cristianos.
 
Ricardo Mateos