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LA FAVORITA

Junio 14, 2015

A mediados del siglo XIX, en el hospicio de Las Niñas de Leganés, la joven Elena Sanz soñaba que, algún día, llegaría a cantar una ópera en el Teatro Real de Madrid. Su talento y belleza le hicieron superar todos sus sueños. Gracias a su voz conquistó los escenarios de toda Europa, desde el palco imperial del zar Alejandro II hasta el corazón de Emilio Castelar, que la definió como “una divinidad egipcia” por “cuya belleza hubiera perecido Antonio de Roma”.

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