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La faraónica y ruinosa Ciudad Financiera del Banco Santander cambia de manos por el concurso de acreedores de su actual propietario mientras que la consigna de la entidad presidida por Ana Patricia Botín se mantiene: recortar en costes inmobiliarios

Octubre 5, 2016
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Han pasado 12 años de la inauguración del que iba a ser el buque insignia de Banco Santander: la Ciudad Financiera de Boadilla del Monte, el orgullo de Emilio Botín. Las proporciones desde luego asustaban, un terreno igual a 160 campos de fútbol, que consumía en agua el equivalente a una ciudad de 10.000 habitantes, con un Campo de Golf de 18 hoyos y 683.000 metros cuadrados y edificios de Oficinas de tres alturas que pivotaban entorno el edificio principal, el Pereda, el único de cuatro plantas en el que -en lo más alto-, se encontraba el despacho del entonces presidente del Banco Santander.

Pero la “joya” de Emilio Botín demostró pronto que era un capricho muy caro. No era lo que costó la edificación, sino los enormes gastos que supone su mantenimiento. Edificios pequeños, que generan un coste desorbitado por metro cuadrado y un mantenimiento y seguridad disparado. Por todo ello, tan sólo cuatro años más tarde, en 2008, Banco Santander la vendió a Marme Inversiones, un consorcio liderado por el Grupo inmobiliario británico Propinvest, por 1.900 millones de euros a cambio de un contrato de alquiler de 40 años, por el que paga unos 82 millones de euros anuales, tras el cual el Banco puede recomprar el enclave.

Un negocio ruinoso, presente y futuro

Seis años después de esta compra, en el 2014, Marme Inversiones entró en concurso de acreedores ante su incapacidad para hacer frente al crédito de 1.575 millones con el que financió la compra. ¿Cuál fue la razón de esta quiebra? Sencillamente, el Banco Santander no se ha comportado como el mejor de los inquilinos. El pago del alquiler tenía un componente fijo, pero otro por ocupación real y, la entidad que ahora preside Ana Patricia Botín, ha preferido tener edificios vacíos y pagar menos alquiler en la Ciudad Financiera mientras que arrendaba Oficinas en localidades cercanas como Las Rozas, Pozuelo de Alarcón (Ciudad de la Imagen y La Finca), o hacía edificios nuevos junto a la Ciudad Financiera pero fuera de ella, como hizo con sus filiales informáticas.

La guinda la puso la integración de Banesto. Con nulas posibilidades de conseguir la recalificación de unos terrenos de enorme valor económico junto a la calle Arturo Soria, una de las zonas más caras de Madrid, la consigna es aprovechar al máximo el metro cuadrado de unos edificios que son de su entera propiedad. Con todo ello, los 2.500 millones que dicen que pagará el fondo de Kuwait AGC Equity Partners puede ser una venta más ruinosa todavía. Aunque temporalmente se ha ocupado algún edificio vacío como el “Maya” por el regreso de alguna filial, las jubilaciones y despidos que se plantean para el próximo año volverán a rebajar la ratio de ocupación de la Ciudad Financiera. Se avecina una nueva oleada de cierre de Oficinas y de disminución de los servicios centrales que le soportan. Y la consigna de Ana Patricia Botín es clara en cuanto a los costes: recortar, recortar y recortar.

De hecho, el único que puede hacer su agosto es el Ayuntamiento de Boadilla del Monte. Este consistorio, que vio como en cuestión de meses se multiplicaban por dos el precio de las viviendas al calor de los empleados del Banco Santander que se mudaron a esta localidad, recibiría un jugoso pellizco por las plusvalías municipales que generaría su venta. Porque, de hecho, ni a la propia directiva le gusta la Ciudad Financiera e, incluso Emilio Botín, utilizaba ya más su despacho en el edificio que mantiene el Banco en el número 24 del Paseo de la Castellana de Madrid que su macro proyecto. ¿Por qué no ejerce el Banco su derecho de tanteo para recuperar la propiedad? Simplemente, porque si otro paga los caprichos, todo es más fácil.