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Una vez más, desde el gabinete de prensa de Zarzuela, no se emitió información alguna sobre cuál sería la más que esperada representación

La familia real y la del rey acudieron masivamente al funeral por Kardam de Bulgaria en el que destacó la ausencia del gran poder de la Banca y los miembros de la gran escena social española

Junio 10, 2015

Nunca desde la abdicación de don Juan Carlos I habíamos vuelto a ver en un mismo acto a tanta representación, destacando la siempre inquietante presencia de doña Cristina que llegó acompañada de su primo, el príncipe heredero Pablo de Grecia, quizá por mor de no encontrarse sola. Una vez más pudimos constatar la buena entente existente entre doña Letizia y la reina holandesa, tocada con bello aderezo de perlas

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Nada sorprendente en la masiva asistencia a la gran misa funeral celebrada el lunes pasado por el difunto príncipe heredero Kardam de Bulgaria, fallecido el pasado 7 de abril, habida cuenta del gran afecto que el rey Simeón de Bulgaria ha sabido siempre ganarse entre propios y extraños. El lugar, la madrileña Iglesia de los Jerónimos, fuertemente vinculada a la casa real española; la hora, las 8 de la tarde, y la Liturgia por el rito ortodoxo a cargo del patriarca búlgaro para Europa. Una vez más, desde el gabinete de prensa de Zarzuela, no se emitió información alguna sobre cuál sería la más que esperada representación de la familia real, pues – tratándose de un acto de índole privado-, nunca se informa desde la Casa y, solo llegado el momento, pudimos asistir a la llegada de los reyes en ejercicio acompañados de los reyes eméritos, todos ellos íntimos de la familia real búlgara, a quienes se sumó un gran contingente de la más extensa familia del rey: la infanta doña Elena, su hermana doña Cristina, la infanta doña Pilar con dos de sus hijos, la infanta doña Margarita con su esposo y su hijo Alfonso, la princesa Irene de Grecia, y la duquesa de Calabria con varios de sus hijos entre quienes destacaban el duque de Noto y esa gran amiga de los nuevos reyes que es la princesa Cristina de Borbón-Dos Sicilias.

Nunca desde la abdicación de don Juan Carlos habíamos vuelvo a ver en un mismo acto a tanta representación de la familia real y de la familia del rey, destacando la siempre inquietante presencia de doña Cristina que llegó acompañada de su primo el príncipe heredero Pablo de Grecia quizá por mor de no encontrarse sola en una situación sin duda parcialmente incómoda para ella pues nadie consiguió, una vez más, fotografiarla junto a don Felipe y doña Letizia

La buena entente existente entre doña Letizia y la reina holandesa, tocada con bello aderezo de perlas

La Iglesia estaba abarrotada, el Coro fue magnífico y allí estaban la princesa Beatriz de Holanda y sus hijos, los reyes Guillermo Alejandro y Máxima de Holanda, y la princesa Laurentien, venidos expresamente para el acto y todos ellos grandes amigos del finado príncipe y fuertemente conmovidos en su encuentro con los reyes de Bulgaria y con la princesa Miriam por haber padecido la misma tragedia en la persona de su hijo y hermano, el llorado príncipe Friso, que al igual que Kardam permaneció durante largo tiempo en un coma que resultó ser irreversible. Todo fueron sinceras muestras de afecto tanto entre los presentes como dirigidos a la familia real búlgara in extenso.

Una vez más pudimos constatar la buena entente existente entre doña Letizia y la reina holandesa (tocada con bello aderezo de perlas), y vimos las numerosas atenciones que los reyes eméritos prestaron a su prima y gran amiga la princesa Beatriz de Holanda a quien acompañaron en todo momento. Pero allí también estaban los duques de Braganza, Helena Kirby (madrina de bautismo del difunto príncipe búlgaro), Jaime de Marichalar (abanicándose ostentosamente), le princesa Beatriz de Orleans, la duquesa de Franco y su hija Carmen Martínez-Bordiú, y todo un conjunto de personajes del papel couché como Naty Abascal o Marina Castaño (cuya presencia sorprendió a muchos), mezclados con la niñera alemana de los príncipes búlgaros y la gran representación de la colonia búlgara en Madrid. Sin embargo, sorprendió la ausencia  de una mayor representación del gran poder de la Banca, el mundo de la empresa, el ámbito de la política, y los miembros de la gran escena social española -si estaba representada la familia Maura-, del mismo modo que llamó la atención la ausencia de Luis Alfonso de Borbón o de una representación de la casa de Alba o de la casa real de Italia. Pero, en cualquier caso, se agradece una tan notable presencia de la familia real holandesa en España, que ha colaborado a que nuestros cuatro reyes hayan podido volver a aparecer juntos en escena.

Una semana de funerales regios

Una semana de funerales regios, pues días antes era enterrada en el Cementerio de Budingen la princesa Alexandra de Hannover, tía de la reina doña Sofía, en una ceremonia a la que no asistió su sobrino el príncipe Ernesto Augusto, de cuyas peculiares andanzas poco o nada se sabe, pero si su hermano el príncipe Heinrich y en la que no vimos a la reina emérita entre los numerosos príncipes alemanes allí congregados. Días tristes para la casa de Hannover, que el pasado día 4 también perdía a la princesa Mónica, madrastra de Ernesto Augusto y por vía política también de Carolina de Mónaco en su calidad de viuda del anterior jefe de tan importante y rica casa real alemana como es la de Hannover.

La condesa Mónica de Solms-Laubach contrajo matrimonio en 1981 con el viejo duque Ernesto Augusto viudo por entonces de su primera esposa la princesa Ortrud de Schleswig-Holstein y hermano de la reina Federica de Grecia por entonces recién fallecida en Madrid. Un matrimonio que sorprendió a muchos por la notable falta de belleza de la ya bien adulta condesa, cuya relación con sus hijastros nunca fue buena y aún habría de enrarecerse años más tarde, tras enviudar, a causa de la venta de algunas joyas familiares de gran valor de la casa de Hannover.

Ricardo Mateos