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El palacio de la Zarzuela desbordado por los acontecimientos

La familia real, abandonada a su suerte

Abril 4, 2013

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Vuelven a aparecer las voces que desearían la abdicación de don Juan Carlos, y también las de quienes vienen solicitando una renuncia definitiva y voluntaria de doña Cristina a todos sus honores personales como hija de rey
La Casa Real tiene actualmente personal desplazado tanto en Barcelona como en Ginebra, para buscar aclarar los particulares de la herencia de don Juan de Borbón, a la vez que buscan mantener las agendas previstas de los príncipes de Asturias y doña Sofía
Aún no se sabe quién o quiénes serán los encargados de defender y asesorar a la infanta Cristina

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El martes pasado día 2 los ex reyes Constantino y Ana Maria de Grecia asistían en el parque del palacio ateniense de Tatoi a un servicio religioso ortodoxo en memoria de los difuntos reyes de Grecia Jorge I y Jorge II, tío carnal y bisabuelo de doña Sofía. Un ceremonia sin duda alguna triste y melancólica, en la que cabe preguntarse que pasaría por el pensamiento de los depuestos reyes griegos, en otro tiempo tan presentes en la vida española, que en 1967 pasaron por el trágico derrumbe de la monarquía griega. Pero allí no estaba la reina de España, también ausente el año pasado a pesar de la veneración que siempre ha sentido por su familia de origen y por la figura de sus padres. Como tampoco pudo acudir esa misma tarde al concierto de la orquesta de Israel dirigida por su gran favorito Zubin Mehta, en una gala en Atenas cuyos fondos fueron a parar a la “Fundación Eliza” presidida por la princesa Marina, esposa de su querido primo el príncipe Miguel de Grecia. Porque las preocupaciones de doña Sofia estaban en Madrid tan solo un día antes de la demoledora noticia de la imputación de la infanta Cristina en el caso Nóos, que parece haber dejado a la familia real completamente abandonada a su suerte. Y vuelven a aparecer las voces que desearían la abdicación de don Juan Carlos, y también las de quienes vienen solicitando una renuncia definitiva y voluntaria de doña Cristina a todos sus honores personales como hija de rey. Un paso que quizá debiera haberse dado hace ya muchos meses, cuando hubiera tenido un efecto rescatador del prestigio de la corona, y que ahora llegaría con retraso en momentos en los que doña Cristina y su esposo parecen carecer de apoyos, aunque esperamos que sus primos y amigos de siempre, la princesa Alexia de Grecia, el príncipe Kiril de Bulgaria, y Cristina de Borbón-Dos Sicilias, sepan estar a la altura de las circunstancias.

Todos abandonan el barco

En suma una situación sin precedentes para nuestra baqueteada familia real, que corre el riesgo de convertirse en el gran chivo expiatorio de todos los grandes pecados de la transición. Hasta el PSOE (la derecha y la nobleza siempre acusaron al rey de lo que siempre consideraron sus simpatías hacia los socialistas) parece ahora abandonar el barco, y los partidos nacionalistas atizan el fuego que consume el prestigio de la corona que sin duda es la institución que les resulta más incómoda. Sin embargo, pocos reconocen que la familia real, ya sea por mal manejo de sus propios asuntos o por voluntad propia, está sometiéndose estoicamente a una auditoria pública y mediática, a una especie de exorcismo en todos los frentes, que no tiene parangón y por el que nunca antes ha pasado ninguna de las otras monarquías aún en pie en Europa, que no están exentas de sus propios pecados. Atrás quedaron los graves y peligrosos coletazos del asunto Lady Di en una Inglaterra a día de hoy reencontrada con los Windsor, y qué decir de los mayores y menores escándalos que en años pretéritos y más recientes salpicaron a otras familias reales pero a los que los distintos gobiernos locales, y la propia sociedad civil, decidieron dar un tratamiento bien distinto por dar más reconocimiento al valor de tanto de la institución como de sus regios representantes. En nada quedaron las investigaciones en Holanda en relación al caso de corrupción del príncipe consorte Bernardo en relación con la poderosa empresa Lockheed, un asunto al que hace tan solo unos meses el propio gobierno holandés decidió dar un definitivo carpetazo. A nada llegaron las acusaciones a la princesa heredera Victoria de Suecia y su marido Daniel Westling por recibir regalos millonarios de un importante magnate sueco. Sin olvidarnos de los ya reiterados abusos de poder y del uso personal de fondos públicos por parte del príncipe Laurent de Bélgica que nunca llegaron a instancias judiciales, de los gastos millonarios del príncipe Andrés de Inglaterra durante sus años como representante del comercio británico en el mundo, o de las acusaciones de evasiones de impuestos en Alemania por parte de algunos príncipes de Liechtenstein.

Pero como siempre Spain is different, y cuando se abre la veda y llega el momento esperado por algunos todos parecemos perder la mesura. Entre tanto, en el palacio de la Zarzuela no se da abasto a encarar tantos acontecimientos inquietantes, percibiéndose un ambiente de desbordamiento con personal desplazado tanto a Barcelona como a Ginebra (en este caso para buscar aclarar los particulares de la herencia de don Juan de Borbón), muchas llamadas que atender, y la necesidad de mantener las agendas previstas de los príncipes de Asturias y doña Sofía que continúan inalteradas. Por el momento la postura oficial es de respeto a las decisiones judiciales, y aún no se sabe quién o quienes serán los encargados de defender y asesorar a la infanta Cristina en su trago más amargo. Y todo eso cuando todavía estamos ante un proceso en fase de instrucción, y a la espera de un juicio que se alargará durante largos meses de inquietud, desasosiego y preocupación. 

Ricardo Mateos