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El médico desapareció cerca de la playa coruñesa de Riazor cuando regresaba de comprar comida para una cena familiar

La familia del doctor Fernando Cuadrado lleva 25 años sin noticias sobre su paradero

Enero 4, 2015

El 29 de diciembre de 1990, el doctor Fernando Cuadrado Conejo, jefe del Servicio de Rehabilitación del Hospital Juan Canalejo de A Coruña y su mujer celebraban su sexto aniversario de boda. El médico, vallisoletano de 49 años de edad, decidió acercarse a una carnicería cercana a por viandas para una cena especial. Salió de casa únicamente con 2.000 pesetas en el bolsillo y nunca regresó.

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El doctor vivía con su esposa y sus tres hijos (la menor de sólo 5 años de edad) en una vivienda de la calle Almirante Cadarso, próxima a la playa coruñesa de Riazor, por lo que los equipos de emergencias y sus amigos peinaron y dragaron la zona ante el temor de que hubiese caído al agua, pero no hallaron nada. Se descartó una posible huida voluntaria del domicilio puesto que Fernando Cuadrado no llevaba documentación, las gafas, ni suficiente dinero. El vehículo del doctor seguía perfectamente estacionado en su plaza de garaje. Tampoco se trataba de un secuestro, pues nadie pidió rescate ni el desaparecido había recibido amenazas de ningún tipo.

La Policía reconstruyó las últimas horas antes de la desaparición del médico. Cuando bajó a comprar fue visto por el hijo del propietario de un hostal que había junto a su casa y por el camarero de un bar cercano. Tras adquirir fiambre y una lengua de ternera volvió a su casa y, en el portal, cedió el paso a un vecino que salía en ese momento y le comentó que iba a preparar una cena de aniversario. De hecho, en el mismo portal se encontraron las bolsas con los alimentos. 

El Opus, los GRAPO y los anti-abortistas

Un mes después de la desaparición, la familia de Fernando Cuadrado protagonizó un hecho sorprendente. A través de un comunicado, los familiares desvelaban haber recibido una llamada de una mujer asegurando que el doctor estaba secuestrado por los GRAPO. Esta hipótesis se sustentaba por el hecho de que el médico había estado vinculado al Opus Dei y era dirigente de la Asociación pro-Vida. No obstante, el Gobierno Civil de A Coruña, tras analizar la llamada, descartó la participación de los GRAPO en la desaparición y dijo que carecía de credibilidad.

Mientras los medios de comunicación daban pábulo a otro tipo de conjeturas, como que Cuadrado había sido visto en Brasil realizando labores apostólicas, la Policía abordó otras pistas más sensatas. Se supo que el doctor era propietario de una pequeña clínica privada en la calle Linares Rivas y de un gimnasio de rehabilitación, y que tiempo atrás había despedido a una fisioterapeuta de origen venezolano. Tras investigar minuciosamente todos los extremos de esta pista, la Policía descartó cualquier relación entre estos hechos y la misteriosa desaparición del galeno. 

Sin novedades, sin delito, sin respuestas

En un último esfuerzo, las autoridades rastrearon la cala de San Roque, cercana al domicilio familiar, por si la víctima hubiese podido caer al mar, pero allí tampoco había nada. Ante la ausencia de avances policiales, los familiares del doctor decidieron contratar un investigador privado. Al cabo de un mes y medio de trabajo, este profesional se sinceró con el hermano de Cuadrado: “Mira, José, no he encontrado absolutamente nada, y creo que no tiene sentido que sigas gastando dinero porque no veo por dónde poder sacar algo. Lo dejo, pero si en el futuro hay novedades, podemos volver a hablar”.

En marzo de 1991, el juzgado de Instrucción número 1 de A Coruña decretaba el sobreseimiento provisional del caso por falta de avances en la investigación. El juez señalaba que no había datos que pudiesen, siquiera, presumir la comisión de un posible delito, y apuntaba como hipótesis más probable la huida voluntaria del domicilio, aunque sin pruebas que lo demostrasen.

José Manuel Gabriel