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La filipina fue invitada a la final de la Champions por la directiva madridista y juntos realizaron el besamanos del monarca Felipe VI

La extraña amistad de Florentino Pérez con Isabel Preysler

Junio 22, 2014

A medida que pasa el tiempo, los encuentros entre el presidente del Real Madrid y la mujer de Miguel Boyer son más frecuentes

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En círculos financieros madrileños ha causado sorpresa la extraña relación que mantienen últimamente la filipina Isabel Preysler y el presidente del Real Madrid y presidente de la constructora ACS, Florentino Pérez. Él, viudo, y ella, junto a un Miguel Boyer que no se recupera totalmente de su infarto cerebral. Más sorpresa causó que juntos realizaran el pasado jueves el besamanos en la recepción real que se produjo en el Palacio de Oriente con motivo de la proclamación del monarca Felipe VI.El que fuera ministro de Economía, Comercio y Hacienda en el primer gobierno socialista de Felipe González, Miguel Boyer, a penas tiene movilidad y de ahí que su asistencia no fuera recomendable junto a su mujer en un acto tan público.

Dicen que fue por extrañas circunstancias de protocolo que Florentino Pérez e Isabel Preysler –que nadie sabe justificar por qué fue invitada-,  fueron acompañantes durante el besamanos, donde mantuvieron conversaciones distendidas y gestos de cariño mutuo. Cuentan algunos de los presentes que mientras que duró la espera hasta que pasaron al Salón del Trono compartieron juntos todo el tiempo en uno de los salones adyacentes. Ambos mantienen una buena relación desde hace ya tiempo, aunque ha sido en estos últimos meses cuando más se ha estrechado. Hay que significar que uno de los íntimos amigos de Florentino Pérez es el naviero Fernando Fernández Tapias, también miembro de la directiva de Real Madrid. Y que precisamente la mujer de Fefe, Nuria González, es ahora  la gran e íntima amiga de Isabel Preysler: La filipina comparte últimamente con Nuria González prácticamente todos los saros a los que acude: la barrera de los toros en Las Ventas, la fiesta Vogue, etc.

Sorpresa entre los asistentes al besamanos

Florentino Pérez está viudo desde hace dos años, cuando falleció su esposa María Ángeles Sandoval, más conocida como Pitina, tras años de pelea contra el cáncer. Pitina y Florentino Pérez estaban casados desde hacía más de cuatro décadas y con tres hijos en común: Eduardo –conocido como Over-, Florentino –apodado Chivo-, y María Ángeles -Cuchi-. Pitina fue siempre la mujer en la sombra del presidente del Real Madrid, al que acompañaba siempre al palco del Bernabéu. Pero desde que murió Pitina, el empresario siempre ha acudido a los actos institucionales en solitario salvo en alguna ocasión muy concreta, en la que ha ido acompañado de su hija Maria Ángeles. Por eso sorprende aun más que en esta ocasión tan importante “por protocolo” haya ido junto a Isabel Preysler.

Máxime cuando hace tan sólo un mes, que Isabel Preysler y sus hijas, Ana y Tamara,fueron invitadas por la directiva del Real Madrid a la final de la Champions League de fútbol entre el equipo blanco y el Atlético de Madrid celebrada en el Estadio de la Luz de Lisboa. La presencia de la filipina en este evento deportivo sorprendió también a muchos, ya que nadie conocía la pasión de Isabel Preysler por el balompié, hasta ese momento desconocida. Fue la propia Ana Boyer la que colgó en Twitter las imágenes en las que se las veía a las tres muy felices en Lisboa viendo el partido de fútbol en un palco particular.

La complicada salud de Miguel Boyer

Y mientras esto ocurre la recuperación de Miguel Boyer no avanza. Según se puede leer en el libro “Isabel y Miguel: 50 años de la historia de España” (Juan Luis Galiacho. La Esfera de los Libros), fue a mediados de 2013, justo un año después del derrame padecido por Boyer, cuando Isabel empezó de nuevo a recuperar sus compromisos laborales y lúdicos. Por esas fechas, en junio de 2013, Ana Boyer obtenía el título en la doble licenciatura de Derecho y Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Pontificia de Comillas. Era la primera de los descendientes de Isabel que terminaba los estudios universitarios. A la graduación fue acompañada por su hermana Tamara Falcó y por su madre pero no pudo acompañarle su padre. Fue un día muy triste para Boyer, impotente por no poder estar presente en la celebración académica de su hija, por la que siente devoción. Aunque inicialmente experimentó una leve mejoría en su recuperación, en poco tiempo la situación se estancó.

A principios de 2014 la vida social y profesional de la filipina siguió estando controlada. Midió mucho más sus salidas. Y éstas las realizaba a veces en compañía de alguna de sus dos hijas, Tamara –su preferida–, o Ana, ya más volcada en su nueva actividad profesional, como consultora estratégica en la multinacional Bain & Company Ibérica, y en su nuevo amor, el tenista Fernando Verdasco. Las apariciones públicas de Isabel se limitan prácticamente a acontecimientos rentables para su imagen, no sólo beneficiosos a nivel económico, sino también a nivel social, en pro de aumentar su exquisita agenda de contactos.

Un cumpleaños muy familiar

Isabel celebró en febrero, junto a Miguel Boyer, el 75 cumpleaños de éste. Lo hicieron rodeados únicamente de su familia más directa. Entre ellos su hija común Ana, Támara Falcó y la madre de Isabel. Fue una pequeña fiesta familiar fuera del ajetreo de otras ocasiones, en un ambiente íntimo dentro de la inquietante tranquilidad que hoy rodea el entorno del chalet de Puerta de Hierro. Atrás quedaban las grandes celebraciones que Isabel Preysler le organizaba a su marido, junto a la llamada beautiful people, con opulentos banquetes en Restaurantes de lujo como Zalacaín, Horcher, Club 31 o Jockey, con amistades que se consideraban por aquel entonces íntimas y que ahora no todas están al lado del político. Este 75 cumpleaños se celebró casi como si fuese un almuerzo más en un día cualquiera del calendario. El propio Miguel Boyer acudió como cada mañana al centro medico donde realiza sus ejercicios de recuperación y no se convocó a ningún amigo ni se organizó ninguna fiesta.

Aunque en un primer momento las amistades de la pareja mostraron un cierto interés por el estado de salud del ex ministro, una vez que salió del centro médico, con su lenta recuperación, fueron perdiendo progresivamente el contacto con él. Como confirmó en su día Ana Boyer al autor del libro Isabel y Miguel, “mi padre necesita atención médica constante, que limita sus quehaceres cotidianos. Es consciente de que su enfermedad le crea mucha impotencia. Su avance es muy lento, a pesar de que es una persona de gran disciplina, constante, luchadora, que no desfallece casi nunca. Reconoce sin problemas a la gente y tiene buen ánimo, aunque le cuesta mantener una conversación por lo que habla muy poco”. El ex ministro socialista, hoy por hoy, ha llegado a una situación de extenuación intelectual y física tras el ictus sufrido. Apenas ya escribe. Antes sí lo hacía. Le encantaba escribir, por ejemplo, sobre la mecánica cuántica o sobre la filosofía de la ciencia. Sin embargo, en medios científicos e intelectuales siempre se ha resaltado que Boyer nunca ha escrito un libro en solitario, aunque haya participado en diversas obras colectivas.

Hasta sufrir el derrame cerebral el ex ministro era aficionado al estudio, a la cultura antigua y a la discusión intelectual con sus amigos. Ahora su brazo y la pierna derecha no han vuelto a ser los de antes del accidente cerebral. Su problema fundamental es la movilidad. Sólo, de vez en cuando, si el tiempo se lo permite, se esfuerza en pasear por el frondoso jardín de su mansión de Puerta de Hierro, con más de de cinco mil metros cuadrados de extensión. Una casa que a Isabel Preysler se le ha quedado grande y que es muy costosa en su mantenimiento. Los tiempos brillantes del matrimonio han dado paso a una vida menos gratificante. Pero Isabel ha sabido adaptarse y elaborar un guión de vida que le permita seguir siendo una triunfadora. Ahora esta semana acudirá de nuevo al Palacio de Windsor, en el condado de Berkshire, en el Reino Unido, para posar junto al príncipe de Gales y ser de nuevo portada de la revista Hola.

Juan Luis Galiacho