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Cosmopolitan entregó sus premios con multitud de rostros conocidos

La estridente risa de Fonsi Nieto

Noviembre 11, 2008

El hotel Ritz de Madrid acogió la entrega de premios anuales. Hasta allí se desplazaron multitud de famosos que no quisieron perderse tamaño acontecimiento. Entre otros, el piloto Fonsi Nieto que río a mandíbula batiente.

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Madrid desempolvó la alfombra roja para celebrar los premios que Cosmopolitan entrega cada año a las mujeres más destacadas del año. Un fiestón, organizado con meticulosidad DYP Comunicaciones (bajo la batuta de David y Piti), que gustó por la variedad de rostros conocidos que se acercaron hasta el hotel Ritz de la capital del reino. Llamó poderosamente la atención la llegada de Fonsi Nieto. El guapísimo piloto, que acudió sin acompañante femenina, se fundió en un revelador abrazo con sus inseparables Javier Hidalgo y Rosauro Baro, con los que compartió cruce de miradas ante la presencia de mozarronas de escandalosas medidas. Gustó, pero irritó sobremanera, que Fonsi riera a mandíbula batiente ante las fotografías que Don Hidalgo y Sancho Baro le mostraron en una de esas intratables blackberry en las que guardan información aparentemente confidencial. A tenor de sus estridentes risas, que pusieron en peligro el contenido de las copas de quienes estaban cerca, el material debía ser de chirigota gaditana. No demasiado lejos, departía alegremente con una rubia de piernas kilométricas y escote profundo un Israel Bayón que decidió dar la espantá ante los medios de comunicación que pretendían sonsacarle una declaración sobre su relación con una Vicky Martín Berrocal que últimamente parece algo más hermosa: “Está todo fenomenal con ella y estoy tan feliz como hace unos años”, me dijo cuando me acerqué a saludarle. La última vez que lo vi calmaba sus penas en labios de otra mujer de apariencia similar a la de la Berrocal. Hay quien ahora también insiste en que su amor ya se ha esfumado. Es como el Guadiana, que aparece y desaparece. Cosas de un destino que parece jugar con las cartas marcadas.
 
Nada que ver con ese amor irracional que parece inquebrantable entre la actriz Raquel Navamuel, que festejaba aniversario encumbrada en unas bonitas sandalias, y su marido, Carlos, toda una eminencia en asuntos mercantiles. Navamuel rebosa una naturalidad que enloquece: “de momento no me quedo embarazada”. Rossy de Palma, con un moño que pronunciaba esa narizota que le ha permitido tocar las estrellas, exactamente igual de frívola que en tiempos de guiones ‘almodovarianos’. Habló de sexo y prometió sonreír algo más ante las preguntas de los reporteros asfálticos. En ocasiones gruñe tan fuerte que provoca mareos súbitos. Menos mal que su amiga Bebe, que se agarró a su brazo para sentirse segura, sabe como ganársela. Tanto como una María San Juan que accedió a toda prisa al hotel Ritz “porque quería ir al baño que no aguantaba más”. Enamoró su peinado y ese aire místico que le acompaña desde que se rodea con aristocracia de bien. Aburrido, quizás algo desubicado, Manu Tenorio paseaba sin consuelo por las instalaciones del hotel. Quién sabe si buscaba ese júbilo que perdió hace tiempo. Canta como los ángeles, pero resulta agotador ante las cámaras. No como esa Nuria Roca que es tan dulce como aparenta. A su marido se le sigue cayendo la baba ante semejante mujerón. Arropándola, con una corbata roja y explotando ese aire dandy que conquista a cualquiera, Edu Yanes sonreía como sólo él sabe. Es de los presentadores que sigue conservando la espontaneidad en saraos de etiqueta. Igual que la exuberante Lucía Riaño, luciendo zapatos de rebuscado diseño y un ajustado vestido que gustó sobremanera.
 
Sin David Bustamante, estos días en el ojo del huracán por asuntos que nada tienen que ver con su persona, la actriz Paula Echevarría desafió al posparto enfundada en un mini vestidito que resaltó su escandalosa anatomía. Está más esbelta que nunca y a punto de ponerle la voz a una película muy divertida. Está tan feliz como una Begoña Alonso que parece mucho más madura y alejada de los escándalos. Insisten en que la Alonso parece haber encontrado su sitio en la vida y sonríe como nunca, mucho más esbelta y favorecida con pelo oscuro. Compartiendo color de pelo, aunque algo más corto, apareció una Maria José Suárez radiante y llena de vitalidad. Ha adelgazado mucho, pero en su mirada todavía resplandece esa personalidad luchadora y llena de ilusión y bondad. Es una mujer para conocer en las distancias cortas. Mucho más hermética, quizás porque aún desconoce que famosos y periodistas están unidos por el mismo cordón umbilical, apareció una Amaia Salamanca ahora enamoradísima de Mario Casas: “Estoy tan feliz que sobra nada más”, me confesó cuando le pregunté. No le gusta airear su vida privada, igual que le ocurre a un Álex González al que le pesa su relación con una Chenoa que triunfa en Latinoamérica. El actor se pasó media noche colgado del teléfono, quizás buscando respuesta a un sinfín de preguntas que repetía con cierto desdén a su interlocutor. Otros de los actores de moda, de esa Bea que ahora es Be y que parece algo más inteligente que la Ruth Núñez que se esconde de los flashes de los periodistas para que no interfieran en su carrera, deslumbró con un rostro de porcelana y contoneos inenarrables. Igual que una Edurne algo recargada para su edad y con esa sonrisa perenne que enamoró al tímido de Fran Dieli. El mister Juan García Postigo, sin tantas bolsas oculares como hace unos meses –quién sabe si ha pasado por quirófano- habló con mozas y hombretones de miradas juguetonas. No como el valenciano Maxim Huerta que alumbra en la penumbra con una dentadura envidiablemente blanca. Es tan simpático y bonachón que como se comporta cerca de Ana Rosa Quintana. No como una Marisa Jara rebosanteque estuvo acompañada por su hermanota, casi igual que Caritina Goyanes. A cada cual más sorprendente, vestidas igualmente con un vestido azulón y lazo colgante. De traca.
 
Inusualmente parlanchina, la cantante Leonor Waltling vistió de David Delfín y dejó al descubierto ese embarazo que tanto negó cuando el río sonaba. Siempre dispar, Fernando Romay atendió a todos e intentó pasar desapercibido pese a esa estatura que casi le permitía arramblar con los alógenos del lugar. Tan o más divertida, la insuperable Llum Barrera con la que es impensable no reír en festones de relumbrón. Igual que con una Lucía Hoyos que volvió loco a más de uno con su ‘pechonalidad’. Karola Balaztena, siempre al pie de la fiesta no se separó de una Raquel Meroño aparentemente operada de los labios. Parecía como la propia Ana Obregón a la que en el programa de Anne Igartiburu se le ha visto con un diente menos, quizás de comer ese carbón que los Reyes de Oriente le dejan en el cajón de las medicinas.  
 
Por Saúl Ortiz