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No todos los hermanos estuvieron presentes en la redacción del comunicado de prensa emitido

La esperada visita de Eugenia Martínez de Irujo

Octubre 9, 2008

Estos días se espera la visita de Eugenia Martínez de Irujo en el Palacio en el que la Duquesa de Alba se relame las heridas. Está respaldada por sus hijos, quienes hacen ´piña´ en torno a ella. Eso sí, el último comunicado no fue redactado por todos…

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Sus ojos siguen resplandeciendo de ilusión ante ese amor que ha conseguido mejorar, según fuentes médicas, su inestable estado anímico. Cayetana de Alba está convencida de sus sentimientos y lucha, con garra, por mantener ardiente su sueño. Hace caso omiso a los comentarios de aquellos que le insisten en que Alfonso Díez pretende esquilmarla y vivir del cuento durante los próximos años. A la Duquesa no parece importarle y estudia la posibilidad de dejarle el tercio de libre disposición de su legado, pese a que finalmente no se vista de blanco. El amor es ciego, y de eso son expertos algunos de los miembros de la familia. Mucho se ha especulado en torno a la relación que mantiene con sus hijos.
 
Sus hijos, por encima
 
Dicen que no acuden a visitarla ni que se preocupan por su estado de salud. Creencia errónea, pues prácticamente todos sus vástagos han estado le han acompañado en los últimos días. La suya no es una relación al uso. No se telefonean diariamente, ni se confiesan cuando la luna alumbra y los sentimientos afloran, ni tampoco lo necesitan. Sin embargo, pensar que sus seis hijos no se preocupan y ocupan de sus problemas parece locura. Eugenia Martínez de Irujo tiene previsto visitar a su madre, en Palacio, durante los próximos días. Quiere conversar con ella y preguntarle si todavía desea contraer matrimonio. Eugenia, que ha heredado esa rebeldía adorable de su madre, está ciertamente abrumada ante el aluvión de críticas y reproches recibidos. No se opone a que su madre vuelva a sentir como mujer, pero todavía desconoce las verdaderas pretensiones de Alfonso. Siempre reivindicativa de las libertades personales, le gustaría que pudiera escoger cómo y con quien vivir el resto de sus días. Quizás por eso no dudó en rubricar ese comunicado que sirvió como desmentido oficial de los rumores que aseguraban que, ella y sus hermanos, pretendían incapacitarle. Me cuentan que no todos los hijos de la aristócrata pudieron participar activamente en la elaboración del escrito de marras. Es el caso de un Fernando Martínez de Irujo, absolutamente conciliador, que se enteró a tiempo pasado de la decisión que habían tomado -también en su nombre- el resto de sus hermanos. Fue imposible localizarle. Horas después, cuando el documento estaba redactado, Fernando aprobó la acertada medida y festejó con animosidad que las aguas familiares volvieran a bajar tranquilas. Es una estirpe poco o nada habituada a comunicarse entre sí. Aplauden el individualismo y disfrutan en soledad de ese ensordecedor ruido que envuelve al silencio. Nada más.
 
Por Saúl Ortiz