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Al gran funeral por el difunto príncipe, que tendrá lugar dentro de 30 días, se espera que sí acuda el rey don Juan Carlos I

La entereza del rey Simeón de Bulgaria ante la muerte de su primogénito, el príncipe Kardam de Bulgaria

Abril 13, 2015

En estos días ha llamado poderosamente la atención la ausencia de la reina doña Letizia que ese día no tenía actos de agenda oficial y cuya hija, la infanta doña Sofía, es ahijada del príncipe Konstantin de Bulgaria. Sin embargo, es sabido que la reina no gusta de las sopas aristocráticas, entorno desde el que recibe las críticas más gruesas a su persona

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No por esperada fue menos triste la muerte el pasado martes del príncipe Kardam de Bulgaria, primogénito del rey Simeón, tras largos años de mantenerse en vida vegetativa en su casa de Madrid para sufrimiento de toda la familia real búlgara y sobre todo de su ahora viuda, Myriam de Hungría, de cuya dedicación a su esposo durante todos estos años de dificultad tenemos cientos de testimonios de amigos y de personas cercanas. El príncipe fue llevado al Tanatorio de Sanchinarro al que, de inmediato, a las 10 de la noche, se desplazó la reina doña Sofía que, con lágrimas en los ojos, saludó con efusión a la viuda y a los reyes Simeón y Margarita y tomó cariñosamente del brazo al nuevo príncipe heredero, Borís, hijo del finado, seguida de todo un rosario de parientes de la familia real española unidos por íntimos lazos de afecto con la familia real búlgara: la infanta doña Elena, el enfermo infante don Carlos que llegó en silla de ruedas, la princesa Cristina de Borbón-Dos Sicilias con su esposo, Simoneta Gómez-Acebo, María Zurita, y un largo etcétera de personas de la gran vida social madrileña amigos y conocidos de siempre de la familia real búlgara como los miembros de la familia Gómez-Acebo o Ana Gamazo.

Al día siguiente se celebró un oficio religioso ortodoxo de carácter íntimo en presencia de toda la familia real búlgara (la princesa Kalina, que reside en Marruecos, no llegó a tiempo de despedirse de su hermano), la infanta doña Margarita, varios de los hijos de la infanta doña Pilar, la princesa Beatriz de Orleans, y la gran duquesa María de Rusia, tras el cual se procedió al entierro en la intimidad en el Panteón familiar de la familia Hungría en el Cementerio de San Isidro, en el que ya reposan los restos de un hermano de Myriam de Hungría cuyo estar en momentos tan difíciles para ella ha sido impecable.

La esperada presencia del rey Juan Carlos en el funeral

Según los usos en la Iglesia Ortodoxa, el gran funeral por el difunto príncipe tendrá lugar dentro de 40 días, al que es de esperar que si acuda el rey don Juan Carlos. Pero en estos días han llamado poderosamente la atención notables ausencias. La primera de ellas la de la reina doña Letizia que ese día no tenía actos de agenda oficial y cuya hija, la infanta doña Sofía, es ahijada del príncipe Konstantin de Bulgaria. Sin embargo es sabido que la reina no gusta de las sopas aristocráticas, entorno desde el que recibe las críticas más gruesas a su persona. Pero es más notable aún que el rey don Juan Carlos I, amigo íntimo de la familia real búlgara y gran compañero de vida del rey Simeón desde los viejos tiempos de su infancia y adolescencia en Estoril, no se hiciese presente puesto que en esos días se encontraba de nuevo en el Caribe como huésped de sus multimillonarios amigos del imperio del azúcar Pepe y Alfonso Fanjul, si bien no debió de tardar en ponerse en contacto con su primo búlgaro.

Pero también ha sorprendido la ausencia tanto de Luis Alfonso de Borbón, que quizá se encontraba en Venezuela o en Francia, donde se le vio en días pasados, y de su abuela, la duquesa de Franco, que siempre ha mantenido una excelente relación con la familia real búlgara. Ausencias significativas en momentos en los que el apoyo de sus familiares y amigos ha de dirigirse al nuevo príncipe heredero de Bulgaria, Boris, que próximamente tendrá que asumir (en breve cumplirá los 18 años), el título tradicional búlgaro de príncipe del Tirnovo, mientras su abuelo el rey Simeón se encuentra, nos cuenta quien estuvo allí, completamente abatido y la reina Margarita un tanto ausente por la turbación del impacto de la noticia.   

El rey Simeón, desposeído de sus propiedades

La luctuosa circunstancia se produjo estando en España el rey Simeón, con quien habíamos podido hablar tan solo unas semanas antes. Amable y siempre gentil y generoso, nos comentó entonces los particulares de su sobria vida en el palacio de Vrana, donde el servicio es muy escaso en un entorno en el que el lujo está completamente ausente, en esa Bulgaria natal a la que desde hace años vive completamente entregado y en la que en los últimos años ha tenido que encarar los desvaríos y los ataques del gobierno actual. Un gobierno, el de Borisov, que aglutina a muchos de los que en su momento fueron los opositores políticos del ex rey en los tiempos en los que él fue primer ministro del país, y que ahora, desde el poder, han intentado con argumentos poco sostenibles desposeerle de la mayor parte de los bienes familiares que le fueron devueltos entre 2001 y 2005.

Bienes como el palacio de Krichim, o las fincas de Tsarska Bistrirsa y Sitnyakovo y ciertos terrenos en la montaña de Rila, que fueron propiedad privada de la familia real búlgara y que ahora corren el peligro de ser incorporados al estado búlgaro en un acto de flagrante injusticia que ha llevado a Simeón II y a su hermana la princesa María Luisa, residente en los Estados Unidos, a llevar su causa ante el Tribunal de Estrasburgo. Sin embargo, nos contaba él, son muchas las personalidades de relevancia social, política y cultural del país las que en los últimos meses se han ido sumando a un movimiento de apoyo y de reconocimiento de su persona y de su dedicación decidida al país que puede ayudar a reconducir las cosas. Y también nos habló de su actual dedicación al museo de la dinastía búlgara que ya está en marcha en el país, y al que en próximas fechas piensa enviar numerosos bienes familiares procedentes de las colecciones históricas de la familia. “Es muy importante”, nos dijo, “dejar constancia histórica de los hechos y de los avatares de una dinastía tan entregada al país durante generaciones”.

Ricardo Mateos