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Mientras Sanidad se plantea incluir en las cajetillas imágenes disuasorias para el consumo

La doble moral de Zapatero: endurecerá la Ley anti-tabaco, mientras subvenciona al sector

Mayo 3, 2009

La Ley anti-tabaco se convirtió en su día en uno de los slogans electorales fundamentales del PSOE para alcanzar el Gobierno. La ministra de Sanidad de entonces, hoy vicepresidenta económica del Ejecutivo socialista, se planteó durante su mandato incluir en las cajetillas de tabaco imágenes extremadamente duras sobre sus efectos en el organismo. Una posibilidad que quedó descartada y que ahora, con Trinidad Jiménez al frente de la cartera de Sanidad, se replantea. El objetivo: reducir al máximo el consumo de esta “droga” legalizada por la que el Estado ingresa, vía impuestos, miles de millones de euros al año.

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Pero mientras, probablemente de cara a la galería, el Gobierno de Rodríguez Zapatero lava su imagen con medidas como las relatadas, otro de sus ministerios, concretamente el de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino subvenciona al sector productor del tabaco. El pasado 1 de mayo el Boletín Oficial del Estado publicaba la Orden ARM/1064/2009 de 27 de abril, en la que se fijan los importes unitarios finales de las ayudas a la producción de tabaco para la cosecha del año 2008 por parte del ministerio de Medio Ambiente que regenta Ángeles Espinosa.

Doble moral

Los importes, que pueden apreciar en el cuadro que se adjunta, son los siguientes para las distintas variedades: Virginia, 2,18 euros por kilo; Burley, 1,74 euros por kilo; Burle fermentado y Havana, la misma cantidad; y, por último, Kentucky, 1,92 euros por kilogramo. El ministerio de Espinosa, por Ley, determino y fijo estas subvenciones una vez finalizadas las entregas de tabaco por los productores correspondientes a las cantidades contratadas con las empresas de primera transformación para la cosecha de 2008.
Para justificar tal subvención, el Gobierno se ampara en el Reglamento de la Comunidad Europea nº 1973/2004 de la Comisión, en el que se establecen los regímenes de ayudas y la utilización de las tierras retiradas de la producción con vistas a la obtención de materias primas. No sabemos si los agricultores dedicados, ya casi a la desesperada, a la producción de otros productos entenderán tal decisión. Lo que difícilmente se explica es que, por un lado se penalice el consumo de tabaco, y, por otro lado, se fomente la producción. Lo dicho, la doble moral y la necesidad imperiosa de recaudar impuestos.