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LA DIFÍCIL HERENCIA

Octubre 14, 2012

A la muerte de su padre en 1598, Felipe III heredó un gigantesco imperio que inexorablemente exigía ser mantenido por la fuerza de las armas. El nuevo rey, con sus veinte años apenas recién cumplidos, era renuente a esa fatalidad y procuró no emprender nuevas aventuras militares. A pesar de la mejor voluntad real, las inmensas posesiones españolas se vieron una y otra vez atacadas y, en solo diez años, obligaron a sus ejércitos a mantener 162 batallas repartidas por todos los confines terrestres. Hasta ahora, la historiografía convencional solía tratar aquellos encuentros que se presentaban como los más decisivos para el devenir de los hechos y, muy particularmente, los que se producían en tierras europeas.

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