Menú Portada
Mientras Luis Alfonso de Borbón, que últimamente cuenta con el apoyo de su madre Carmen Martínez-Bordiú, presentó a sus dos hijos varones ante los legitimistas franceses

La desafección de nobles, aristócratas y grandes financieros hacia doña Letizia

Julio 24, 2012

A parecer, en el banquete de bodas de los príncipes de Asturias la reina Beatriz de Holanda se habría quejado de que la sentasen tan cerca del buen abuelo taxista

El establishment no parece aceptar a aquellos que no son sus propios cachorros

Aunque hay excepciones, como Alfredo Pérez Rubalcaba que, nos cuentan, tiene una buena opinión de ella

pq__letizia.jpg

Llama poderosamente la atención, y resulta paradójico, que la princesa de Asturias, que goza de una más que notable popularidad entre las personas de la calle y que es especialmente alabada por cierta prensa internacional especializada en realeza europea (revistas como “Point de Vue”), tenga sus peores enemigos y sus mayores críticos entre aquellos que ahora debieran ser su entorno social natural: los grupos de poder. Este es un fenómeno del que la prensa no se hace eco, pero la desafección de nobles, aristócratas y grandes financieros hacia doña Letizia es un triste fenómeno del que muchos somos testigos una y otra vez cuando nos acercamos a ciertos cenáculos en los que parece que se cuecen las grandes cosas.

Y es que aunque los tres hijos de don Juan Carlos han contraído matrimonios totalmente fuera de su grupo natural y de pertenencia, pocos de los importantes se avanzan con críticas a Jaime de Marichalar (siempre compadecido por la nobleza y por la buena sociedad madrileña), y hasta fechas muy recientes Iñaki Urdangarin tampoco era el objetivo de las críticas del establishment. Para eso estaba Letizia, sobre quien desde su matrimonio con don Felipe se vienen lanzando bulos y rumores de toda suerte y a quien, en realidad, los poderosos no perdonan el no haber salido de sus filas porque, claro está, ni es hija de una familia noble (Marichalar lo es, aunque no de la gran nobleza histórica), ni tampoco pertenece a esa burguesía bien que los Urdangarin han sabido encarnar tan bien.

A Pérez Rubalcaba la princesa le cae bien

De ahí las clásicas críticas de “mandona”, “antipática”, “mal vestida”, “divorciada”, “sociata”, etc, que están siempre en las bocas de mucha de “la gente bien”. Además de esos “dicen que…”, tan propios de los salones, a los que a veces también se añaden algunas expresiones lo suficientemente groseras y descalificatorias como para no incluirlas en estas páginas. Hasta alguien nos cuenta, imaginamos que a título de rumor, que en el banquete de bodas de los príncipes de Asturias la reina Beatriz de Holanda se habría quejado de que la sentasen tan cerca del buen abuelo taxista.

Pero es que el establishment no parece aceptar a aquellos que no son sus propios cachorros, aunque hay excepciones como Alfredo Pérez Rubalcaba que, nos cuentan, tiene una buena opinión de ella. Difícil situación la de la princesa de Asturias a quien, a pesar del flaco favor que le hacen la incomprensible actitud de su hermana Telma y los problemas económicos de su tía Henar Ortiz, poco se le puede reprochar desde un análisis objetivo de la situación actual de nuestra familia real. 

Luis Alfonso de Borbón pierde fuelle en Francia

Entre tanto los monárquicos franceses, cada vez más escasos, parecen volver crecientemente la mirada hacia el joven príncipe Jean Christophe Napoleón, que a ojos de muchos es un pretendiente de mucho más talla que el desprestigiado conde de París (los Orleáns pasan por horas bajas y gozan de escasa credibilidad en Francia), y que el mismísimo Luis Alfonso de Borbón, que, a pesar del buen trato que por lo general le dispensa la prensa, no deja de decepcionar a muchos de sus grandes apoyos de otros tiempos. Hace tan solo unas semanas Luis Alfonso, que últimamente parece contar con el apoyo de su ínclita madre Carmen Martínez-Bordiú en sus apariciones públicas en Francia, presentó a sus dos hijos varones ante los legitimistas franceses en un acto por el que pretendía que sus retoños vayan conociendo y familiarizándose con su patria gala.

Dicen que el acto fue muy bien y que el lugar hasta quedó un tanto justo para albergar a las cuatrocientas personas que allí se congregaron. Hasta se vio a Carmen Martínez-Bordiú conversando animadamente con el barón Hervé Pinoteau, aquel que durante años fue la mano derecha del difunto duque de Cádiz en Francia. Pero también nos cuentan que, en la realidad, el legitimismo francés no cuenta con más allá de unos pocos centenares de fieles. Por tanto no es de extrañar que Jean Christophe Napoleón, hijo de una Borbón de las Dos Sicilias y de un padre que en otro tiempo ofició de comunista, sea una figura mucho más atractiva sobre la que depositar esperanzas de futuro pues tiene una excelente reputación como persona culta, afable y con una gran carrera profesional como asesor de inversiones de la prestigiosa firma neoyorkina Morgen Stanley.

A ello se suma la posibilidad de un próximo anuncio de compromiso entre él y la condesa Olimpia Arco-Zinneberg, de la mejor nobleza del imperio, hija de una archiduquesa de Austria y sobrina de la princesa Astrid de Bélgica. Toda una joven promesa que podría aglutinar a muchos de los decepcionados monárquicos franceses, que viven en la paradoja de ser súbditos de la república más aristocrática del mundo.

Ricardo Mateos