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La deriva criminal de algunos príncipes árabes: drogas, prostitutas, y supuestos asesinatos, violaciones, forzamientos y hasta tráfico de personas

Octubre 2, 2015
sheik rasid

Tan solo hace unos días, el 19 de septiembre, se anunciaba el súbito fallecimiento del  príncipe Sheikh Rashid de Dubai, el peculiar primogénito del riquísimo emir Mohammed bin Rashid Al Maktum, víctima a los 33 años de un infarto fulminante, según las fuentes oficiales, que ha despertado muchos interrogantes por la extraña personalidad de este príncipe a quien su propio padre destituyó el rango de príncipe heredero en 2008, que pasó entonces a su segundo hijo el príncipe Sheikh Hamdan. Extraña vida la de Rashid, un joven guapo, muy musculado, amante de los deportes de competición, y tildado de play-boy disoluto que se educó en la prestigiosa y elitista Academia Militar británica de Sandhurst, en la que se graduó en 2002, para posteriormente alcanzar un alto perfil en la sociedad dubaití como persona a la cabeza de muy lucrativos negocios con empresas como United Holdings Group Dubai llegando a amasar una fortuna valorada en 1.900 millones de dólares.

Al igual que su padre, gran apasionado de los caballos y de la equitación y habitual de las prestigiosas Carreras de Ascott, poseyó su propia cuadra, la Zabeel Racing Internacional, y en 2006 ganó dos medallas de oro en equitación en los Asian Games llegando a ser presidente del Comité Olímpico de los Emiratos. Pero, sorpresivamente, en 2008 el emir decidió que su hermano era más apto para la sucesión sin aducir otras razones, al tiempo que comenzaban a circular preocupantes rumores sobre la peligrosa forma de vida de Rashid en cuyo palacio de Zabeel y, según filtraciones diplomáticas, tenían lugar orgiásticas fiestas organizadas por este príncipe adicto a drogas y a esteroides en las que circulaban la cocaína y el hachís. Se dijo, incluso, que en un acceso de ira había acabado con la vida de uno de sus ayudantes y de ahí que haya quien cuestiona la versión oficial de su muerte en una corte en la que su madre, la Sheika Hind, permanece oculta por las estrictas leyes del Purdah coránico, mientras que la segunda esposa de su padre, la cosmopolita princesa Haya de Jordania, lleva un estilo de vida completamente occidental.

El saudí Majed Abdulaziz Al Saud, detenido por forzar a una trabajadora

Pero aún no se había enfriado el cadáver de Rashid cuando a fines de la semana pasada la prensa norteamericana se hacía eco de que otro príncipe árabe, el saudí Majed Abdulaziz Al Saud, de 28 años, era detenido en una lujosa Urbanización de Beverly Hills acusado de intentar forzar a una trabajadora a realizarle una felación según, la Policía de Los Ángeles. Tras su arresto, el príncipe salió de prisión bajo fianza de 300.000 dólares en un caso para el que no goza de la inmunidad diplomática de la que pretendía aprovecharse y para el que la vista se ha fijado en el 19 de octubre. La Policía fue alertada por uno de los vecinos del exclusivo barrio, que dijo haber visto a una mujer ensangrentada y pidiendo socorro que intentaba trepar por la valla de una de las casas.

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Mansíon de Majed Abdulaziz Al Saud,

Pero los casos de Rashid de Dubai y de Majed no son los únicos que en los últimos años llenan la crónica negra de los príncipes árabes con su secuela de asesinatos y comportamientos escandalosos en occidente bajo una impunidad que siempre han esperado que les confieran el enorme poder económico de sus familias y sus importantes contactos internacionales. Tal es el caso del príncipe Al Waaled bin Talal, cuya causa por una supuesta violación a bordo de su yate en aguas de Ibiza fue finalmente sobreseída en España en 2012.

Pero mucho peor fue la suerte de su primo el príncipe Saud Abdulaziz bin Nasser, sobrino nieto del actual rey Salman, que en octubre de 2010 fue detenido en los Estados Unidos y condenado a prisión por un mínimo de 20 años de cárcel por el brutal asesinato de su amante Bendar Abdulaziz, golpeado 37 veces en la suite de un lujoso hotel de cinco estrellas de Londres. Un caso que llenó las páginas de la prensa al desvelar la homosexualidad de Saud y su relación amo-esclavo con la víctima, que él mismo intentó ocultar a toda costa llegando a pedir asilo en Inglaterra por temor a que de regresar a Arabia Saudí le fuese aplicada la pena de muerte que impone allí la Sharia.  Sin embargo, y gracias al poder de la extensísima familia real saudí, en marzo de 2013 regresó a su país gracias a un acuerdo entre ambos países que le ha permitido terminar de cumplir allí su sentencia  evitando la pena de muerte que hubiera sido segura para otros.

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Príncipe Al Waaled bin Talal

Fiestas de Halloween, alcohol, cocaína, hachís, prostitutas

Mención aparte merecen las Fiestas de Halloween, prohibidas en Arabia, como la organizada en 2009 en los sótanos de su palacio de Jeddah por el príncipe Faisal al Thunayan, a la que concurrieron numerosas prostitutas en un ambiente en el que circularon el alcohol, la cocaína y el hachís; o la violación de una camarera por parte de un miembro del séquito del multimillonario príncipe Abdul Aziz Fadh, hijo favorito del difunto rey Fadh, que tuvo lugar en 2010 en una lujosa suite del Hotel Plaza de Nueva York. Sin olvidar al ahora desaparecido príncipe Nafef bin Sultan Al Shaalan, nieto del primer rey de Arabia y diplomático de alto rango que tuvo negocios petrolíferos en Colombia y Venezuela, que en 1999 llegó a Paris en su Boeing 727 privado en compañía de su amante colombiana Doris Mangeri llevando consigo dos toneladas de cocaína. Desaparecido, fue juzgado en ausencia en Francia en 2007 aunque se dice que podría residir actualmente en Arabia aprovechando la falta de tratados de extradición entre Francia y su país de origen. Hasta la princesa Meshael Alayban, esposa del príncipe Abdulrahman, también nieto del primer rey de Arabia, fue acusada de tráfico de personas en la localidad californiana de Irvine por mantener cautivas a cinco mujeres obligadas a prostituirse durante horas por algo menos de 10 dólares diarios. Procesada, en julio de 2013 fue puesta en libertad bajo fianza de 5 millones de dólares siendo su causa completamente desestimada unos meses más tarde.

Todo un rosario de actos criminales de estos príncipes educados en occidente pero hijos de monarquías absolutas que viven perdidos en un mundo de lujo, poder, ociosidad y ostentación en el que sus menores caprichos son atendidos y sus atentados contra la Ley suelen quedar impunes gracias a que gozan de la inmunidad que les otorgan su alto nacimiento y el poder de los petrodólares.

Ricardo Mateos