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La creciente y bienvenida buena sintonía de los reyes eméritos y su “reconciliación” con don Felipe y doña Letizia: doña Sofía ya ha cedido a la reina las denominadas “joyas de pasar”

Mayo 24, 2017
Doña Sofía en el Liceo de Barcelona

Desde la abdicación de don Juan Carlos son muchos los que han escrutado con la mayor atención hasta los más mínimos gestos que pudiesen desvelar el verdadero estado de la relación, sin duda alguna muy desgastada, entre don Juan Carlos y doña Sofía. Un escrutinio que en muchos casos quizá encubría deseos subyacentes desde distintos sectores de opinión, pero una situación personal para ellos que en cualquier caso necesitaba de un largo tiempo para una necesaria reacomodación de roles. Ninguna abdicación es fácil pues, salvo en el caso de Holanda, donde ya se ha convertido casi en una auténtica tradición dinástica, siempre hace aflorar crisis y disensiones internas y larvadas durante largo tiempo en contextos muy complejos.

Así ha sido en Bélgica, donde tras la abdicación de Alberto II la frialdad se instaló en el seno de la familia real y el rey saliente, aireó su molestia por las políticas de recortes presupuestarios de sus ingresos personales decidiendo emprender numerosos viajes por el extranjero en compañía de su esposa la reina Paola. En Dinamarca, donde la reina Margarita continúa en el trono a pesar de los rumores regulares e insistentes sobre su próxima abdicación, su consorte el príncipe Enrique prefirió retirarse hace ya dos años de la vida pública oficial para llevar una existencia mucho más tranquila. Por otra parte la edad no perdona y hasta el duque de Edimburgo, hasta ahora incólume, también ha terminado dando por concluida su vida oficial en Inglaterra hace tan solo unas semanas.

Poco a poco…

Los últimos años no han ahorrado nada a los reyes eméritos, pues la exposición mediática de las crisis internas de la familia real ha sido total con el consiguiente desgaste, y hemos visto a don Juan Carlos y a doña Sofía hacer vidas claramente por separado y en paralelo. Él buscando solaz tras sus años de reinado ya fuese en sus tours gastronómicos por toda España, en Beverly Hills, en las aguas de Caribe, o asistiendo a corridas de toros, y ella buscando apoyo en un replegarse sobre su círculo familiar más íntimo y más seguro con frecuentes visitas a sus hermanos los ex reyes Constantino y Ana María en su Grecia natal.

En abril de 2016 él asistió en solitario a la fiesta de los príncipes de Orleans-Borbón en Mónaco, y días después ambos viajaron juntos por primera vez a Estocolmo para asistir brevemente a las festividades por el 70 cumpleaños del rey Carlos Gustavo de Suecia percibiéndose una gran distancia entre ellos. Meses después, en otoño de 2016, doña Sofía volvía a viajar en solitario para asistir en Tirana a la boda de los príncipes Leka y Elia de Albania, y en diciembre asistió sola en Inglaterra a la boda de su sobrina segunda Sophie Brandam. No obstante, y a diferencia de un rey emérito un tanto más laxo, durante todo ese tiempo doña Sofía intentó mantener su agenda de actos de orden menor y de carácter marcadamente más popular (como la asistencia al Cristo de Medinaceli), conservando intacto su enorme prestigio, tal y como pudo verse cuando el 20 de febrero de este año fue homenajeada en Barcelona por el Círculo del Liceo en una noche en la que quien allí estuvo puedo ser testigo de las grandes ovaciones de las que fue objeto.

Doña Sofía ya ha cedido a doña Letizia las denominadas “joyas de pasar”

Sin embargo, en las últimas semanas hemos podido percibir un claro acercamiento entre la pareja real que sin duda se recibe con agrado. Curiosamente este año doña Sofía no estuvo presente en el homenaje anual a sus padres en el palacio ateniense de Tatoi, y durante todo este mes de mayo hemos a la real pareja asistir junta, y con mucha mayor sintonía, a una gran cantidad de actos de naturaleza diversa y sin duda muy superior en número a lo habitual en los últimos años. El día 8 estuvieron en la imposición a la infanta doña Margarita de la Medalla de Oro de la Real Academia Nacional de Medicina, el día 10 viajaron a Oslo para el 80 aniversario del rey Harald de Noruega, donde se les vio mucho más distendidos, el día 11 presidieron con don Felipe y doña Letizia el funeral en la capilla de palacio real por la recién fallecida la infanta doña Alicia, el día 17 no faltaron a la comunión de su nieta la infanta doña Sofía, y el día 22 presidieron la celebración del 40 aniversario de la Fundación Reina Sofía. Un acto en el que la reina emérita quiso expresar de forma enfática su agradecimiento a su esposo al afirmar en su discurso: Quiero agradecer también, muy especialmente, al rey Juan Carlos el apoyo y el cariño con el que me dio la oportunidad de crear mi propia fundación y así poder trabajar en lo que más me podía ilusionar, ayudar a los más necesitados.

Las aguas parecen cambiar, los roles parecen estar redefinidos y los reyes eméritos parecen reencontrarse con una nueva sintonía para estar al servicio de la corona y de su hijo don Felipe, rey en ejercicio, pues si de algo no carecen es de conciencia dinástica. De hecho, ahí están los pequeños gestos que casi nadie percibe pero que sin duda son definitivos. Uno de ellos, y fuertemente significativo, es que hace ya tiempo que doña Sofía ya ha cedido a doña Letizia las denominadas “joyas de pasar”, las grandes piezas históricas de joyería de la familia real, que ella ha dejado de lucir desde la abdicación y de las que doña Letizia dispone a su arbitrio en tanto que reina en ejercicio. Y para muestra las joyas de su estricta propiedad que la reina emérita quiso lucir en la cena de gala en la que recibió la Medalla de Oro del Círculo del Liceo de Barcelona: un valioso pendentif de brillantes con un hermoso rubí en el centro que es herencia de su madre la reina Federica de Grecia, y un magnifico collar de grandes perlas filipinas. A la reina lo que es de la reina, y así lo hizo saber ella a quien lo quiso escuchar.

Ricardo Mateos