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El sistema de competición aleja al público de las gradas y encima los equipos la desprecian como un torneo menor

La Copa: entre todos la mataron y ella sola se murió

Enero 6, 2009

La Copa del Rey de fútbol dirime este mes de enero los octavos y cuartos de final. En apenas tres semanas conoceremos la composición de las semifinales. Ayer se disputó la ida del Atlético Madrid-Barcelona. Hoy se juegan otros cinco encuentros y mañana se completa la ida de los octavos con los dos últimos partidos. Salvo el choque de anoche en el Calderón, con lleno en las gradas, los otros siete partidos no despiertan pasión ni tan siquiera en las dos ciudades de equipos de Segunda B que aún subsisten al sistema de competición, Ejido e Irún. Los grandes no querían eliminatorias a un solo partido, pero tampoco hacen nada porque sea el atractivo el sistema que impusieron.

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Dice el refrán que entre todos la mataron y ella sola se murió. Esa es la historia de la centenaria Copa de España –actual Copa del Rey-, arrinconada en el calendario nacional, que languidece hasta que llega la final. Entonces todo el mundo del fútbol se vuelca con el torneo, pero hasta ese día, maltrato, sólo maltrato. Pero, ¿qué es lo que falla? Esencialmente dos cosas: primero, que los equipos inmersos en competición europea ven la Copa como un lastre que les resta fuerzas para Liga y Europa; segundo, que otros seis equipos centran la temporada en alcanzar plaza europea y no quieren distracciones, y los ocho restantes bastante tienen con evitar el descenso. Y como los de Segunda y Segunda B saben que no la van a ganar, se conforman con tener un buen sorteo y que les visite uno de los grandes para salvar económicamente el año.
O sea, que deportivamente no hay un solo equipo que planifique la temporada pensando en la Copa del Rey. No hay un solo entrenador de Primera y Segunda que a las eliminatorias de Copa envíe a sus mejores hombres. Todos tiran de banquillo para dar minutos a los que no juegan habitualmente en Liga. Y hasta que no se alcanzan los cuartos de final, cuando ya la meta se vislumbra a cinco partidos, ninguno piensa seriamente en que el título de Copa puede convertir una temporada mediocre o mediana en buena.

Semana de octavos, descafeinada

Por eso estamos esta semana con los octavos y no le interesan ni al gato. Cuando acabe esta ronda, en cuartos sólo habrá como máximo tres equipos de los que actualmente ocupan las ocho primeras plazas de la Liga y dos de ellos podrían cruzarse en cuartos, con lo que para semis igual sólo hay uno de los que mandan en la Liga.
Los ejemplos más claros de que la Copa es un algo marginal que impone el calendario lo exponen el Real Madrid y el Barcelona. Los blancos se despidieron en dieciseisavos ante un Segunda B, el Real Unión de Irún, y anoche los catalanes se dejaron en la Ciudad Condal a siete titulares. El Barça, con la Liga encarrilada y el Lyon aguardando en Champions igual piensa que meterse ocho partidos entre pecho y espalda en el mes de enero puede pasar factura dentro de un mes. Es sólo una suposición, porque con los suplentes ya saben cómo acabó la cosa: 1-3. Con los suplentes y Messi, claro. 
¿Y qué hacer para vitalizar el torneo? Copiar, simplemente copiar porque todo está ya inventado. Copiar de Inglaterra donde los equipos de primera, segunda y tercera categoría se mezclan en sorteo puro a un solo partido desde primera ronda, y se juega en el campo que marca el sorteo. Si hay empate, segundo encuentro en el campo del visitante, con prórroga y penaltis si fuera necesario. Así hasta llegar a la final de Wembley. Éxito asegurado, mitad de partidos y atractivo para todos, especialmente para el público. ¿Por qué no se impone la cordura? Sencillamente porque a todos les importa un bledo y al organizador, la RFEF, le da igual quién llegue a la final porque seguro que será un éxito.