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Le acusan de utilizarla para ayudar a sus propios parientes, evitándoles gruesos impuestos sucesorios de hasta el 70%

La controvertida Fundación de la reina Fabiola de Bélgica

Enero 13, 2013
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Cuando en España parece continuar de moda esa frívola idea, continuamente repetida, de que el príncipe Felipe no llegará a reinar, y el nombre de la ínclita Corinna (no princesa) de Sayn-Wittgenstein-Sayn vuelve a saltar a la palestra de la actualidad trayendo malos augurios, la poderosa maquinaria de la monarquía británica continúa recreándose a sí misma carente de temores. Pocos se espantan en Inglaterra de que los padres de la duquesa de Cambridge comercien con productos que se venden con el llamativo gancho del próximo nacimiento de su nieto, y todo apunta a que en breve los duques de Cambridge, hasta ahora residentes en Anglesey y con habitaciones en Nottingham Cottage, en el recinto del palacio de Kensington, se trasladen a una nueva residencia.

Se trata de una de las múltiples propiedades de la corona, Anmer Hall, que es una gran casa de 10 habitaciones ubicada en una pequeña población de menos de un centenar de habitantes a escasos kilómetros del palacio de Sandrigham al que la reina Isabel acude con frecuencia para alejarse del bullicio de Londres. Un edificio que data de 1802 y que hasta 1990 estuvo alquilado a los duques de Kent, estando en la actualidad habitado por la familia Everett a quien se habría de forzar para rescindir el contrato de arriendo.

Las dudas del príncipe de Gales

Entre tanto la reina Isabel ha modificado una antigua ley para garantizar que caso de ser niña la hija de los duques de Cambridge recibirá automáticamente el título de princesa con el rango de Alteza Real, y el parlamento británico ha emprendido el proceso de cambio de las leyes sucesorias encarando dos asuntos espinosos que han generado ciertas dudas y alguna crítica del siempre polémico príncipe de Gales: la igualdad de género en la sucesión, y el fin de la histórica prohibición de matrimonios con católicos.

Charles dice que no se han tenido suficientemente en cuenta las consecuencias futuras de tanta prisa por el cambio, especialmente habida cuenta de que la igualdad de género será con efecto retroactivo haciendo pasar a los hijos de la princesa Ana, Master Peter Phillips y Zara Phillips por delante de sus tíos Andrés y Eduardo, y de los hijos de éstos, que son en su mayoría príncipes de la Gran Bretaña y de Irlanda del Norte. Más polémica aún es la posibilidad de que un futuro rey pueda en un momento dado contraer matrimonio con una persona de confesión católica, generándose con ello un conflicto para el propio rey, que allí es el jefe de la Iglesia Anglicana, y un posible perjuicio a las relaciones entre el Estado y la Iglesia de Inglaterra.

La reina Fabiola se defiende

Y mientras eso sucede en Inglaterra, en Bélgica la anciana reina Fabiola ha tenido que defenderse ante la prensa de las acusaciones de haber querido utilizar la Fundación que acaba de crear para ayudar a sus propios parientes, evitándoles gruesos impuestos sucesorios de hasta el 70% a la hora de recibir su importante fortuna valorada en 100 millones de euros. Fabiola, que recibe una dotación anual de 1,4 millones de euros desde su viudez, creó en septiembre pasado la fundación “Fons Pereos”, de la que se ha tenido noticia sólo en días pasados, cuyos estatutos permiten posibles ayudas a sus múltiples sobrinos y sobrinas españoles, a los sobrinos de su difunto esposo, y a las personas que durante años han permanecido a su servicio, siempre por un periodo de tiempo limitado y si pasan por dificultades graves físicas, materiales, psicológicas o morales.

De sus propios bienes

Todo ello ha suscitado fuertes críticas en círculos políticos que denuncian un uso abusivo del dinero público que Fabiola recibe por sus funciones representativas, relanzando de nuevo el debate sobre la monarquía, especialmente en el territorio flamenco. Sin embargo una lectura atenta de los estatutos de la propia Fundación (http://blog.lesoir.be/docs/2013/01/09/les-statuts-du-fons-pereos-au-moniteur-belge/) no deja entrever grandes beneficios para los miembros de su familia, para quienes se recogen ayudas puntuales en caso de auténtica necesidad pero que probablemente recibirían mucho más mediante el pago de los impuestos arriba mencionados.

De hecho, la Fundación también reconoce un segundo propósito, poco mencionado, que es el “conservar y promover, en el sentido más amplio, las obras, la memoria, los mensajes, los ideales, los objetivos y las iniciativas de la fundadora en los terrenos culturales, espirituales, religiosos y católicos, filantrópicos, familiares, dinásticos, etc.”, respetando la profunda catolicidad de la reina. En su defensa Fabiola, cuya salud es muy frágil, ha declarado que el dinero destinado a la Fundación es parte de su propio patrimonio procedente de su herencia familiar como hija de los ricos marqueses de Casa Riera. Bienes inmuebles y cuadros que ella, por no tener hijos, habría vendido para dotar esta Fundación, añadiendo que su familia española nunca ha sido beneficiaria de los bienes del difunto rey Balduino ni antes ni después de su muerte. Una nueva polémica que viene a comprometer aún más a la ya muy baqueteada familia real belga.

Ricardo Mateos