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Su esposo fue primo de la finada y está considerada como una experta en disputas por bienes notables

La condesa de Romanones, Aline Griffith, pleiteará por la herencia de la condesa de Torre Arias estimada entre los 500 y los 1.000 millones de euros

Abril 28, 2014

“En los últimos años Tatiana Pérez de Guzmán se volvió muy rara”, comenta un aristócrata; “no recibía a nadie y ni siquiera respondía a las cartas. Quizá estaba en manos de alguien”
Lo peor del caso para los posibles herederos es que el grueso del resto de su fortuna quedó blindado ya en vida de la condesa por una Fundación que lleva su nombre, que fue escriturada solamente un año antes de su fallecimiento y que actualmente preside su antiguo administrador Teodoro Sánchez-Ávila Sánchez- Migallón
 

Mucho dará todo esto que hablar en los cenáculos aristocráticos de Madrid en los que resurgen los rumores sobre la sucesión en el ducado de Suárez, pues, según algunos, la nieta de Adolfo Suárez, Alejandra Romero, no está interesada en el ducado pero piensa solicitar su sucesión por considerar que su tío, Adolfo Suárez Illana, no se portó bien con su padre, el difunto ex presidente del gobierno


En febrero pasado se cumplió un año del fallecimiento de la riquísima condesa de Torre Arias, Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y Seebacher, y nos informan de que esa vieja espía que es la condesa viuda de Romanones, Aline Griffith, ya tiene dispuesta casi toda su artillería legal para presentar batalla por la herencia de la difunta que se estima entre los 500 y los 1.000 millones de euros pues es difícil tasar los bienes de alguien que pasó sus últimos años en total retiro de la vida social y al margen del contacto con sus pares. “En los últimos años se volvió muy rara”, nos comenta un aristócrata; “no recibía a nadie y ni siquiera respondía a las cartas. Quizá estaba en manos de alguien”.

Pero lo cierto es que su familia fue propietaria de extensísimos terrenos del cinturón de Madrid, además de notables fincas y joyas históricas: el palacio de los Golfines de Abajo, en pleno casco histórico de Cáceres, y la finca denominada Quinta Torre Arias en el madrileño barrio de Canillejas, con su palacio y sus 18,4 hectáreas de parque y varios edificios anejos. Ésta última ya ha pasado a ser propiedad del Ayuntamiento de Madrid por los acuerdos a los que la difunta condesa llegó en 1986 con el entonces alcalde Enrique Tierno Galván. Pero lo peor del caso para los posibles herederos es que el grueso del resto de su fortuna quedó blindado ya en vida de la condesa por una Fundación que lleva su nombre, que fue escriturada solamente un año antes de su fallecimiento y que actualmente preside su antiguo administrador Teodoro Sánchez-Ávila Sánchez- Migallón que es el gestor de esa fortuna destinada al estudio y cuidado de la naturaleza, la conservación del patrimonio histórico, la investigación científica y la juventud.
 
Aline Griffith, experta en disputas por bienes notables
 
Viuda y sin hijos y hermanos, los herederos naturales de la condesa de Torre Arias son los descendientes de sus tres primos hermanos ya fallecidos: los hijos del conde de Romanones, los hijos de la duquesa de Tamames, y los hijos de Casilda Figueroa y de su esposo Francisco Ussía. Ya meses atrás tres de ellos, Álvaro de Figueroa y Griffith, y los hermanos Luis y Santiago Messía Figueroa, reclamaron para sí los tres títulos nobiliarios de la difunta, el condado de Torre Arias con Grandeza de España, el marquesado de Santa Marta y el marquesado de la Torre de Esteban Hambrán. La sucesión en esos títulos aún no se ha resuelto, pero es más que esperable que recaigan sobre Luis Messía Figueroa, actual duque de Tamames, por ser quien posee mayor derecho aunque la sucesión en estos títulos no vincula a su poseedor con la fortuna de quien los llevó hasta ahora que es sin duda lo más importante.
 
Una fortuna por la que ahora pretende luchar esa experta en disputas por bienes notables que es Aline Griffith, cuyo esposo fue primo de la finada, pues dicen que la inefable Aline ya se ha ganado para su causa a todos los otros posibles herederos (los Messía y los Ussía), para luchar contra el viejo administrador de la condesa y que anda incluso en busca, entre las filas de la aristocracia, de otros posibles testigos con quienes contar para emprender un proceso judicial que consiga recuperar unos bienes que por el momento están atados y bien atados pues Ana Botella ya estudia ceder parte de la finca pública de Torre Arias a la Universidad de Navarra que pagaría la rehabilitación de los edificios históricos. Pero las habilidades de la condesa viuda de Romanones no son pocas, y en próximos meses veremos como se despliega esta historia con administrador, títulos del reino y millones de por medio.
La lucha por el ducado de Suárez continua
 
Mucho dará todo esto que hablar en los cenáculos aristocráticos de Madrid, donde vuelven a aparecer nuevos rumores relacionados con la sucesión en el ducado de Suárez, pues según algunos la nieta de Adolfo Suárez, Alejandra Romero, no está interesada en el ducado pero piensa solicitar su sucesión por considerar que su tío, Adolfo Suárez Illana, no se portó bien con su padre el difunto ex presidente del gobierno. Por el momento ni Alejandra ni su tío Adolfo se han personado en el Ministerio de Justicia para solicitar el tan notable título, mientras el gran clan aristocrático de los Fernández de Córdoba ya organiza su nuevo encuentro familiar anual que este año se espera que se organice en las próximas semanas en la finca El Rincón que es propiedad del marqués de Griñón. Allí estarán el duque de Arión (ahora de viaje por los Emiratos Árabes), los marqueses de Griñón y de Cubas con algunos de sus hijos como Tamara Falcó, los duques de Segorbe (ella es prima hermana del rey Juan Carlos), y un largo etcétera de otros aristócratas llegados incluso de otros países.
 
Y entre tanto en Gran Bretaña Kathleen Carmichael, viuda del duque de Hamilton, Angus Douglas-Hamilton, da dolores de cabeza a la reina Isabel al adherirse con celo a la causa de la independencia de Escocia afirmando que ello posibilitará una Escocia mejor y más justa. La singular duquesa (tercera esposa del duque), que prefiere ser conocida simplemente como “Kay”, pasó de una infancia en uno de los suburbios más pobres de la ciudad de Aberdeen a casarse con el duque más importante de Escocia y ahora confiesa su decepción y la de su esposo cuando Tony Blair y el presidente Bush llevaron a Gran Bretaña a la guerra de Irak, y declara que quiere ver como se completa el viaje que Escocia emprendió hacia la independencia aquel día de 1999 en el que en su calidad de primer par del reino y de custodio del castillo real de Hollyrood, su esposo portó la corona de Escocia en la que ceremonia en la que la reina Isabel abrió el nuevo parlamento escocés.
 
Ricardo Mateos