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La CNC muere matando

Diciembre 20, 2012
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En España gozamos de un mercado de telecomunicaciones yo creo que correctamente dimensionado, con tantos operadores como debe haber, pero sin los excesos de los primeros años –hasta 80 licencias de operador se repartieron en los primeros años 2000- con las fusiones y adquisiciones necesarias, el hueco para los operadores inversores y el espacio –cada vez mayor- para los pequeños entrantes, en su mayoría operadores móviles virtuales.

Bueno, estos últimos no me gustan, ya he comentado aquí en otras ocasiones que el negocio de la reventa de servicios acabará por herir seriamente al mercado, desgrasándolo hasta que las compañías grandes se queden en los huesos, pero en fin. Digamos que los OMVs tienen su público y desde luego no pueden quejarse de cómo les va.

Bien, pues esta reflexión no solo la hago yo, también la comparto con la CMT, regulador especializado en el sector, que lo mira, observa, estudia y analiza concienzudamente desde 1997. Y ni la CMT, ni los clientes, ni los operadores habían expresado jamás queja alguna sobre los márgenes y precios de los mensajes de texto. Hasta que llegó la Comisión Nacional de Competencia.

Investigar sobre un problema inexistente

La CNC arrancó hace dos años, de oficio, una investigación dirigida por la implacable Clara Guzmán, para disponerse a resolver un problema que nadie tenía. Y hoy la han rematado, y casualmente deriva en una multa de 120 millones a repartir entre los tres operadores grandes, por haber achuchado a los pequeños con los precios de terminación en el coste de los mensajes. Unos operadores, los pequeños, que son los que más ganancia neta de clientes obtienen mes a mes, y que ostentan ya más del diez por ciento del mercado móvil total, insisto, sin una sola estación base ni un metro de cable extendido. Espectacular.

Vaya por delante que los datos de contabilidad con los que la CNC llega a esa extraña conclusión le fueron solicitados, y son, por tanto, los mismos, a la propia CMT, que manejando idénticas cifras no ha encontrado jamás motivo para sancionar a las telefónicas. Esto que parece inexplicable lo entenderían si conocieran a Clara Guzmán, una auténtica bestia negra para las compañías de todos los sectores, cuya animadversión a las empresas privadas da verdadero miedo. No se me ocurre un perfil menos indicado para estar en ese puesto.

El caso es que hoy las telefónicas se almuerzan con un nuevo multazo que aunque recurrirán inmediatamente en la Audiencia, como deben hacer, tienen que provisionar y gestionar, aunque solo sea desde el punto de vista de la imagen, y francamente, considero que no hay derecho.