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La clave del por qué el ministro del Interior, Fernández Díaz, nombró a Francisco Marhuenda, director de la Razón, Comisario honorífico de la Policía: ambos pertenecen a la Orden Constantiniana de San Jorge de la que también forman parte el director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, y el duque de Alba

Agosto 22, 2016
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El pasado jueves 28 de abril la Comisión de Interior del Congreso aprobaba una proposición del PSOE para revocar el nombramiento de Francisco Marhuenda, director del diario La Razón, como Comisario honorífico de la Policía que salió adelante con 26 votos a favor y 16 en contra del Partido Popular. El nombramiento, considerado muy impopular salvo para el partido del gobierno de Mariano Rajoy, nos remite sin embargo a las buenas relaciones de Marhuenda con otros correligionarios suyos de la Orden Constantiniana de San Jorge, a la que pertenece y de la que también forma parte el Ministro del Interior en funciones Jorge Fernández Díaz, el director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, o el mismísimo duque de Alba a quien el gobierno decidió conceder en febrero pasado la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.

Fue en noviembre de 2008 cuando Jorge Fernández Díaz ingresó en esta Orden dinástica de la Casa Real de las Dos Sicilias, a cuya cabeza se encontraba entonces el ahora difunto infante don Carlos, primo hermano del rey emérito don Juan Carlos, en su calidad de jefe de esa Casa Real no reinante. Una orden denominada Sacro Militar que está sujeta a la obediencia vaticana, consagrada a la glorificación de la Cruz, la difusión de la Fe, y la defensa de la Santa Madre Iglesia, y cuyos orígenes se remontan de forma legendaria al emperador romano Constantino el Grande que hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio.

Lucir sus capas azules con la Cruz de la Orden bordada

Sin embargo, su fundación real data del año 1190 por parte del emperador de Bizancio Isaac II Ángelo, recayendo su jefatura y su gran magisterio en siglos posteriores en la poderosa familia italiana de los Farnesio, duques de Parma, y a través de ellos finalmente en la casa real de las Dos Sicilias. Se trata por tanto de una orden dinástica muy vinculada a la familia materna de don Juan Carlos, si bien en 1960 se produjo una escisión dinástica no resuelta hasta nuestros días que dio lugar a que dos príncipes de la misma familia, el duque de Castro en Italia y el príncipe Pedro de Borbón-Dos Sicilias, hijo del infante don Carlos, en España sean los que a día de hoy creen nuevos caballeros de forma independiente.

El capítulo de la rama española de la Orden, en cuyas filas se encuentran numerosos miembros de la nobleza y de la alta sociedad española, se reúne periódicamente tanto para la creación de nuevos caballeros y damas, como para actos de índole litúrgico que por lo general se celebran en la Catedral castrense de Madrid o en la Iglesia de Santa Ana de Barcelona, donde los caballeros pueden lucir sus capas azules con la cruz de la orden bordada. Ceremonias a las que pueden asistir todos los caballeros como Fernández Díaz, que es considerado por el gobierno como su máximo interlocutor con la cúpula de la Iglesia española de la que forma parte el cardenal Rouco Varela, que también es caballero Constantiniano.

Una Orden sin el reconocimiento del Vaticano y la Santa Sede

Hace tan sólo unas semanas Pedro de Borbón-Dos Sicilias, nuevo duque de Calabria, encabezó una peregrinación de miembros de la Orden de Roma donde tuvieron lugar varios actos litúrgicos, si bien no fueron recibidos por el Papa Francisco puesto que la Santa Sede no da reconocimiento formal a esta Orden habida cuenta del pleito dinástico existente. De hecho, en 1980 Juan Pablo II zanjó momentáneamente la cuestión reconociendo como jefe de la polémica orden al duque de Castro y no al infante don Carlos, para desazón de los caballeros españoles. Cabe así mismo recordar que otro caballero de la rama española es Antonio González Terol, caballero de mérito y alcalde del municipio madrileño de Boadilla del Monte por el Partido Popular, a quien en 2015 su correligionario Francisco Marhuenda defendió tras las afirmaciones de Ana Garrido, técnico de juventud de ese Ayuntamiento, según las cuales se topó con fuertes trabas a la hora de denunciar la trama Gürtel en el consistorio. González Terol fue finalmente condenado por acosar laboralmente a Garrido, que tras alertar de que el ayuntamiento había contratado con la trama Púnica, abandonó finalmente su cargo.

Otro caso singular es el del cardenal Darío Castrillón Hoyos, Gran Prior de la Orden, que llegó a minimizar el Holocausto y que en 2010 felicitó a un obispo francés por ocultar un caso de pederastia siendo con ello el modelo de un padre que no entrega a sus hijos. La Santa Sede ha prohibido a la Sacro Militar Orden Constantiniana de San Jorge lo que considera como un “uso indebido” de los templos religiosos para sus ceremonias de investidura, pero ello no es óbice para que éstas se celebren habitualmente con el permiso de autoridades religiosas españolas como el cardenal Rouco, y en presencia del propio ministro como ocurrió en octubre de 2012.