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Extracto de un informe-denuncia realizado por la ONG "Save the Children" sobre la utilización y posterior abandono de jóvenes deportistas

La cara más siniestra del mundo del fútbol: el comercio de niños futbolistas

Julio 9, 2008

Esto que van a leer no es una información realizada por Extraconfidencial. Es un extracto de un informe-denuncia realizado por la ONG “Save the Children”. Es sencillamente escalofriante e intolerable lo que ocurre alrededor del mundo del deporte y más concretamente del fútbol. Por ese motivo lo reproducimos, extractado. Si pinchan en el enlace pueden leerlo en su totalidad. Millones de niños en el mundo hacen deporte. Pero a veces, a los niños involucrados en el deporte de competición se les convierte en mercancía para ganar dinero y abandonar a su suerte.

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En mayo de 2007, 130 jóvenes africanos llegaban a la costa de Tenerife después de un tortuoso trayecto en cayuco. Todos sufrían hipotermia, pero 15 de ellos mantenían ardiente la ilusión. Creían que venían a Europa para superar unas pruebas y pasar a formar parte de la cantera del Real Madrid o el Marsella.
En los clubes europeos hay miles de niños y jóvenes, de entre 9 y 17 años con licencia para jugar al fútbol. Por ejemplo en España, el mayor mercado del fútbol actual, hay más de 340.000 jóvenes en esas edades. Los técnicos sostienen por experiencia, que apenas el 4% de ellos llegará a jugar en un equipo de Primera división. Muchos de esos niños, del propio país o de un país distinto al del equipo por el que son fichados, encuentran en el fútbol la mejor oportunidad para ver cumplidos sus sueños y, en caso de que su carrera no siga adelante, cuentan con el apoyo de su familia y de unas condiciones favorables para seguir con sus vidas. Sin embargo, cada vez son más frecuentes los casos de menores que llegan a países europeos, principalmente de Africa y Sudamérica, “engañados” por supuestos agentes que les prometían un futuro prometedor en el fútbol profesional. El desamparo con el que se encuentran estos menores es tal, que muchos acaban en las calles de las grandes ciudades europeas lejos de sus familias, sin visado y sin esperanzas.
La ONU denunció el comercio de futbolistas en 1999 con un informe en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Era la primera vez que la cuestión veía la luz en un foro político internacional. Atrajo escasa atención mediática pero fue completamente ignorada por las delegaciones estatales.
El “reclutamiento” de futbolistas menores de edad empezó a hacerse un hueco en los medios con el caso de jugadores brasileños llevados a Bruselas para jugar en la liga profesional y que acabaron siendo abandonados en las calles. Bélgica se caracteriza por tener la frontera más liberal de la Unión Europea, un hecho que facilita las transacciones hacia el resto del continente. En dicho país no existen, por otra parte, las fuertes restricciones a los futbolistas extra comunitarios. Se realizan transacciones financieras al margen de los controles. Es el puente ideal para Italia, Holanda, España, Francia y Portugal; este último sospechoso de ser el centro operaciones para falsificar documentos -también en casos de jugadores mayores-..
El foco de atención sobre esta práctica se localiza actualmente sobre todo en Africa. Personas generalmente basadas en Europa suelen viajar a países africanos en busca de nuevos talentos. Otras veces son agentes o academias del propio país las que se encargan de buscar a los candidatos. El problema es que, cada vez existen más agentes y academias ilegales que tan sólo buscan lucrarse a costa de los niños y sus familias. Los agentes tratan de conseguirles
visados de corta duración para que estos jóvenes jugadores puedan salir de su país e intentar que sean fichados por un club extranjero. Las familias invierten cantidades enormes de dinero para conseguir el permiso que los jóvenes necesitan para emigrar. En su mayoría llegan a Europa siendo aún menores de edad, sin un contrato en la mano y con visados turísticos de tres o, como mucho, seis meses de validez. Durante este periodo hacen muchas pruebas. Los problemas comienzan cuando vence el visado y el futbolista no ha encontrado un club que lo fiche o cuando éste no le renueva el contrato. Pero en muchos otros casos, esas pruebas ni siquiera llegan a producirse y, una vez en Europa, los supuestos agentes les abandonan con explicaciones baladíes (en muchos casos se les dice que han llegado tarde para el inicio de la temporada y que el club no puede aceptarles). En situación irregular y sin dinero para regresar a sus países de origen, estos jóvenes se ven abocados a permanecer en las calles o a realizar trabajos ilegales.

AMBIGÜEDAD EN LA LEGISLACIÓN

El mercado del fútbol, que mueve mundialmente enormes cantidades de dinero, está organizado en torno a toda una estructura mundial de clubes que se rigen por encima de cualquier ley nacional o comunitaria. Por ello, y aunque el máximo órgano futbolístico, la FIFA, cuenta con un reglamento de normas bastante estricto, algunas de las partes implicada en el “mercado” del fútbol “incumplen” muchas veces la legalidad escudándose en artimañas que no pueden ser perseguidas por el control estatal. Aunque cada vez son más las voces que apuntan a una mayor cooperación entre los Estados y el mundo del deporte para luchar contra la violación de los derechos humanos, algunos organismos deportivos internacionales siguen mostrándose reticentes a ceder terreno a su independencia.
Desde la FIFA ya se ha reconocido la gravedad del problema de la trata de futbolistas. Su actual presidente, Sepp Blatter, ha acusado a los grandes clubes europeos de llevar a cabo una “violación económica y social” en referencia a la compra de jóvenes jugadores africanos a precios muy bajos. Además ha declarado que la existencia de la trata de jugadores y de agentes ilegales representa “uno de los problemas más serios a los que se enfrenta el continente dado que los agentes sin licencia tienen el poder de atraer a jóvenes africanos con talento prometiéndoles una carrera en el fútbol europeo que muchas veces ni siquiera podría existir”.
Según la legislación de la FIFA están prohibidos los traspasos internacionales de menores de 18 años. Existen tres excepciones a esta norma que permiten que, en muchos casos, la norma pueda soslayarse . Por un lado, para que sea legal, el jugador ha de ser traspasado dentro de las fronteras de la Europa comunitaria. La segunda excepción incluida en esta norma sería la de que los padres del menor deban trasladarse al país del nuevo club por razones no relacionadas al fútbol, lo cual da cabida a una enorme ambigüedad.
De acuerdo con la tercera excepción, la máxima distancia entre el domicilio del joven jugador y del centro del club con el que desea registrarse no puede ser mayor de los 100 kilómetros en el caso de que se trate de países diferentes (cada una de las partes debe estar asentada, como máximo, a 50 km de distancia de la frontera nacional). Si la distancia fuera mayor, el menor debería seguir viviendo en el domicilio familiar. Pero la realidad es que muchos menores africanos acaban entrenando en clubes de otros países dentro del continente tras obtener documentación con edades y nacionalidades falsas o tras conseguir la nacionalidad de manera “sospechosa”.
El mercado del fútbol mundial, de miles de millones de dólares anuales, está lejos de todo control estatal, y las pocas veces que los Estados u organizaciones internacionales, como la Unión Europea, han intentado legislar, han visto como sus “recomendaciones” han caído en saco roto, o simplemente no se respetan. Quizás la única excepción haya sido la sentencia Bosman de 1995 que obligó a los clubes a considerar jugadores nacionales a todos los nacidos en países de la Unión Europea, asimilando al jugador como un trabajador comunitario.
Por su parte, desde la Unión Europea cada vez se alzan más voces e iniciativas para tratar de regular determinadas situaciones en el deporte de élite. En marzo de 2007, el Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre el futuro del fútbol profesional en Europa en la que se reconoce la necesidad de establecer mecanismos adicionales para evitar la trata de niños en el fútbol profesional así como la aplicación de las directivas correspondientes a la protección de los jóvenes en el trabajo. En esta resolución, en la que por vez primera se reconoce la existencia de la trata, se hace una alusión explícita además a la necesidad de que los clubes se encarguen de garantizar una educación de calidad a los jóvenes y que estos regresen con seguridad a sus países de origen en caso de no poder iniciar su carrera en Europa, por lo que pide a la Comisión “que aborde el problema de la trata de niños en el contexto de la Decisión marco del Consejo sobre la lucha contra la trata de seres humanos”.

ACADEMIAS Y AGENTES

Sin duda el elemento clave en el “mercado” ilícito de jugadores es la proliferación de academias de fútbol y agentes ilegales que han generado una nueva forma de explotación primero en Sudamérica y, más recientemente, en Africa. Los agentes de los jugadores y la ´trata´ que a veces se puede llegar a hacer con los jóvenes futbolistas han sido identificados por el que fuese secretario general de la UEFA hasta 2007, Lars-Christer Olsson, como unos de los principales problemas que afectan al fútbol.
Los jugadores de fútbol de Costa de Marfil en el extranjero son tan numerosos y de tan alta calidad que podrían formar tres equipos nacionales de dimensión internacional. ¿Cómo han llegado hasta allí? La respuesta hay que buscarla en el origen, es decir en los suburbios, en los que las escuelas o pseudoescuelas de fútbol han florecido de tal manera en los últimos cinco años que hay una en cada calle. Se estima que sólo en la capital de Ghana, Accra, existen más de 500 academias ilegales. Precisamente Accra y Abidjan, capital de Costa de Marfil, representan el punto central del “comercio” de futbolistas desde Africa.
El interés creciente de las ligas europeas sobre los jugadores africanos genera, además, otra situación de desigualdad: el fútbol de Africa se queda sin sus estrellas. 210 de los 368 jugadores de la Copa Africa juegan en equipos de 22 países europeos. Ningún equipo europeo puede estar liderando una liga si no tiene jugadores africanos, afirma el alemán Lothar Matthaeus. Costa de Marfil tiene siete campeones actuales de ligas europeas.
Africa, que sólo pudo ingresar a los Mundiales de la FIFA en 1974 con una plaza y jamás superó por ahora los cuartos de final, confía en dar el gran golpe en Sudáfrica 2010, en su propia tierra. Algunos especialistas, sin embargo, temen que la cada vez más temprana “europeización” arruine la habilidad que destaca a muchos jugadores de Africa.

PAISES BAJO SOSPECHA

Francia es el país de destino de la mayor parte de los jóvenes jugadores africanos; el 48 por ciento de los futbolistas profesionales son extranjeros y la media de edad de la liga se sitúa en 18,6 años. Culture Foot Solidaire, una ONG que ayuda jóvenes africanos víctimas de trata en el fútbol, ya ha registrado en Paris a más de 600 de estos jóvenes: el 98% son inmigrantes ilegales y el 70% son menores de 18 años. La estimación apunta a que podría haber más de
7.000 jóvenes en toda Francia viviendo en las calles después de fracasar en su intento de alcanzar el fútbol profesional.
Francia no es, en cualquier caso, el único Estado miembro en el que se dan estas prácticas: el programa “Panorama” de la BBC estuvo analizando durante 18 meses las prácticas de soborno en las transferencias de jugadores al fútbol inglés. En una entrevista con cámara oculta al Director General del Sporting Charleroi en Bélgica, Mogi Bayat, éste reconoció traficar con futbolistas extranjeros. “Bélgica es una plataforma en Europa donde puedes jugar con tantos futbolistas como quieras de la misma nacionalidad”. “Es posible hacer llegar diariamente 150 africanos por avión; entrenarlos durante un par de días; elegir a los cinco mejores y volver a meter a los demás en un avión con destino a África”, declaraba en el reportaje Bayat.
En 2005 el senador belga Jean-Marie Dedecker manifestaba haber descubierto 442 casos en Bélgica de importación ilegal de jugadores desde Nigeria. Según Dedecker, muchos de estos menores provenían de escuelas de fútbol locales que tenían vínculos con clubs belgas. El senador encontró ejemplos de contratos ilegales por los que los chicos apenas recibían comida y alojamiento, mientras que el agente y la escuela se quedaban con todo el dinero de la transferencia.
En Italia, una investigación realizada en el año 2000 por la comisión de la infancia en el Senado desvelaba que 5.282 jugadores con licencia, menores de 16 años, provenían de países no comunitarios (principalmente de Africa) y que apenas 23 de ellos contaban con un contrato registrado. La mayoría de ellos habían sido llevados a Italia de forma ilegal.
La policía de Serbia investigaba el pasado año los vínculos entre la mafia y el traspaso de jugadores en el mercado del fútbol, muchos de los cuáles, son menores de edad. Según fuentes policiales, en el proceso participan tanto mafias relacionadas con el mundo de la droga, como agentes ilegales y aquellos federados por la FIFA.
Pero la trata de menores también se produce entre países africanos. Jóvenes de Níger, Nigeria, Burkina Faso, Camerún y Mali juegan en equipos de Costa de Marfil y Ghana con la esperanza de conseguir los pasaportes y jugar como profesionales dentro de estos países. Las familias de los menores son conscientes de que en Ghana o Costa de Marfil es mucho más fácil que los agentes fichen a sus hijos y se los acaben llevando a Europa.