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La cara B del éxito del cine español

Septiembre 10, 2015
premiosgoya

En el último lustro hemos asistido atónitos como el desprestigiado cine español, hasta ese momento hundido en taquilla a base de etiquetas como “subvencionado”, “rojo” o “cutre”, se convertía en garantía de éxito. La concatenación de éxitos producidos por las grandes televisiones privadas, del que Ocho apellidos vascos parece el mejor ejemplo, encierra algunos aspectos poco conocidos de nuestra industria.

Y es que este sector está abocado a “desaparecer”, tal y como reconoció el ex presidente de la Academia de las Ciencias y las Artes, Álex de la Iglesia. El director de El día de la bestia señalaba en esta afirmación que la mediana película, “la que hace industria y da trabajo“, no existirá el día de mañana. La razón es sencilla: Atresmedia y Mediaset tienen obligación desde 1999 a invertir el 5% de sus ingresos en cine europeo, por lo tanto se han convertido de facto en los dos grandes gigantes de la producción cinematográfica.

Esta condición les ha llevado a buscar modelos rentables, la mayoría comedias o films de terror que en su mayor parte están protagonizados por los chicos de moda de sus series, con los que recuperar el dineral invertido (más de 1.800 millones de euros entre 1999 y 2012). Esto ha convertido al cine español en un género cada vez menos comprometido y más facilón. Pero al menos se ha convertido en rentable, hecho que ha ido confirmado Paolo Vasile con el tiempo. El consejero delegado de Mediaset España decía en 2012 que su compañía perdía el 35% del dinero invertido, mientras que tan solo dos años después admitía que “comenzaba a ser rentable“.

La presión de la Academia

Nuestro cine está cada vez menos ideologizado“, decía el actor Alberto San Juan en una entrevista el año pasado. Este hecho no tiene porque ser malo, pero está claro que los productores nacionales han decidido dejar de hacer política desde la industria, porque ésta se hundió en parte por la campaña de los diarios españoles conservadores contra nuestro cine tras la famosa gala del “No a la guerra“.

Este hecho ha tenido mucho que ver con que los actores dejen de hacer campaña en Los Goya, Gala que controla incluso las intervenciones de los presentadores de los premios. Este dato salió a la luz cuando el cómico Carlos Areces se cayó de la última entrega porque le obligaban a firmar un contrato en el que se especificaba que no se podía salir ni una línea del guion acordado. El protagonista de Los amantes pasajeros se negó y la Academia le negó su sitio en el escenario.

Jorge Higueras