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A QUIÉN CORRESPONDA

A QUIÉN CORRESPONDA

La burguesía histórica catalana se repliega sobre sí misma dolida y con miedo por la situación en Cataluña que algunos nobles califican de “lucha de clases”

Octubre 6, 2017
El duque de Calabria en la catedral de Barcelona el 30 de septiembre

Hace ya largo tiempo que la “sociedad” catalana, entendiendo por tal tanto la gran burguesía histórica como la pequeña nobleza local titulada y no titulada, dejó de existir como grupo social que se muestra y que es capaz de proponer nuevos modelos desde el apoyo de un notable poder económico. Una gran burguesía históricamente catalanista pero claramente pactista y no partidaria de la separación del Estado, por haber sido siempre consciente de que su incuestionable pujanza económica, a lo largo de dos siglos muy convulsos, siempre estuvo vinculada a las Españas: primero al lucrativo comercio con las Colonias de Ultramar (Cuba, Puerto Rico, las Filipinas) y el tránsito de viajeros con compañías históricas y emblemáticas como la Trasatlántica, y posteriormente, al gran mercado nacional en el que vender sus textiles y el producto de su importante industria.

Una burguesía siempre cercana a la corona, que financió y apoyó la restauración de la monarquía en 1875 y en 1975, y que no vivió la Guerra Civil como algo externo sino como algo que también se dirimió en su propia tierra en la que se jugaban sus intereses y de la que muchos se vieron forzados a salir en el verano de 1936. De hecho, muchas personas de entre sus filas participaron en la Transición política, en algunos casos con importancia notable como fue la figura de Carlos Güell de Sentmenat, pero con el pasar de los años y la creciente radicalización política ese grupo social, tan cercano a la extinta Convergència i Unió en sus postulados tras la dictadura, fue quedando apartado de la escena social. Atrás quedaron las grandes fiestas y las casas se fueron cerrando conforme el nacionalismo prendía en las instituciones y las Universidades, y muchos se sentían también abandonados por una familia real a la que tanto habían apoyado en su exilio portugués.

Voces no escuchadas en una Cataluña que busca reinventarse

Así, esa burguesía que en otro tiempo fue un orgullo para Cataluña perdió relevancia y reconocimiento por parte de las nuevas autoridades -baste como muestra la polémica en torno a la retirada de la ciudad de Barcelona de la estatua del marqués de Comillas cuyo yerno, el conde de Güell, fue no solamente uno de los grandes próceres de la Cataluña histórica, sino también el mecenas de Antoni Gaudi y el creador del emblemático Parque Güell. Los suyos son nombres que ya no cuentan, y sus voces no son escuchadas en una Cataluña que busca reinventarse.

Algunos hasta prefieren alejarse a sus propiedades de otros lugares más tranquilos para evitar ser testigos del estruendo, mientras otros se repliegan en sus masías históricas de la Cataluña rural y sus circuitos se han restringido al ámbito más doméstico en el que poder encontrarse y continuar frecuentándose, a pequeños actos sociales, o a citas de tono cultural en los dos Clubs sociales aún en pie en Barcelona: el Círculo Ecuestre y el Círculo del Liceo. Así la víspera del 1 de octubre muchos asistían a la creación de nuevos caballeros y damas de la Orden Constantiniana de San Jorge, presidida por el príncipe Pedro de Borbón-Dos Sicilias, duque de Calabria, y su hermana la princesa Cristina que son personas cercanas a los reyes don Felipe y doña Letizia. Un acto solemne para el que se cerró la Catedral de Barcelona y en el que también estuvo presente el príncipe Carlos Manuel de Borbón-Parma.

Una lucha de clases

Sin embargo la falta de voz de la burguesía histórica como grupo es real, además de que el dinero ya está en manos de otras élites mucho menos sensibles, más materialistas y más descarnadas. Por otra parte, la fractura política también ha hecho fuerte mella en numerosas familias notables cobrándose su alto peaje. El grueso ven el independentismo con tristeza, dolor y miedo, y una conocida dama de incuestionables raíces catalanas cuenta como días atrás fue zarandeada en la calle, en la zona alta de Barcelona, por dos jóvenes con banderas esteladas que la calificaron de fascista e hija de puta. Los hay que aún justifican a Jordi Puyol, el político de siempre, apenas nadie es partidario de sumarse a posiciones radicales.

Días atrás el hijo de un noble titulado era increpado por mostrar dos banderas de España en un acto sardanista en el centro de Barcelona, y hasta hay alguna marquesa que declara estara la derecha de Francoy que afirma que lo que está sucediendo ya se ha convertido en una lucha de clases. En ese escenario los dedos acusadores apuntan a dos lugares. El primero, la pésima gestión del gobierno de Mariano Rajoy y de sus asesores que han tenido cuatro años para maniobrar, no han hecho nada, han delegado un problema político en la Justicia, han subestimado de forma completa todo cuanto estaba sucediendo y claramente se avecinaba, nunca contaron con un plan B viable, y el 1-0 confiaron en una acción de los Mossos de Esquadra que a todas luces no se iba a producir. El segundo, la entrega del poder local a los anti sistema de la CUP con su populismo y sus connivencias venezolanas. Pero todo esto, por supuesto, sottovoce.

Ricardo Mateos