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Prefieren alejarse de la polémica

La benevolencia de los hijos de Paco Marsó

Noviembre 16, 2010

Los hijos de Paco prefieren mirar hacia otro lado. Es como si, después de muerto, siguieran acatando las directrices de un hombre solitario, distante y algo más frío de lo que muchos lo describen. La muerte les ha hecho olvidar todos los problemas que surgieron en un momento. Manuel, Paco y Diana Patricia solían enterarse por televisión de los movimientos de su progenitor.

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La familia Marsó tiene muy claro que deberá comulgar con ruedas de molino para cumplir con la voluntad del magnánimo productor. Tras la muerte de Paco Marsó, la unión del resto de su familia parece indestructible. Incluso Concha Velasco defiende a capa y a espada al hombre que hizo rodar lágrimas de impotencia por su rostro. Sorprendente la actitud compasiva y hasta cercana de los hijos del empresario. Por ejemplo, Manuel Martín Velasco –tan hijo como Paco y Diana Patricia, a pesar de los rebuznos de muchos cronistas- podría haber arañado mediáticamente a Diosi, una mujer con ínfulas aristocráticas y que no es más que una suertuda cubana que consiguió mejorar su calidad de vida con un matrimonio por interés. Sin embargo, demostrando una benevolencia sin parangón, los hijos de Paco prefieren mirar hacia otro lado. Es como si, después de muerto, siguieran acatando las directrices de un hombre solitario, distante y algo más frío de lo que muchos lo describen. La muerte les ha hecho olvidar todos los problemas que surgieron en un momento. Manuel, Paco y Diana Patricia solían enterarse por televisión de los movimientos de su progenitor. La noticia de su boda con Diosi, su posterior paternidad, sus intervenciones televisivas para largar sobre Concha Velasco. Todo era una sorpresa para los vástagos.
Marsó era todo un gentleman. Un caballero en las distancias cortas, pero que vivía su ocaso profesional. Su economía se tambaleaba incesantemente. Sus colaboraciones con La Fábrica de la Tele eran, a lo sumo, su único sustento. Recuerdo el día que se incorporó como colaborador estrella en el corrillo de Jorge Javier Vázquez. No funcionaba como se esperaba, quizás porque llegaba cansado y adormilado al plató. Sálvame le quedaba grande. Aunque con el transcurso de las semanas consiguió calar hondo en compañeros y audiencia. Mala suerte. Ahora, al otro lado de la vida, Paco debe estar retorciéndose por los errores cometidos. No son tampoco tan alarmantes ni preocupantes como señalan algunos enemigos –que también los tenía-, quizás son el reflejo del descalabro económico que vivía en las últimas épocas. Su muerte seguirá siendo un misterio. Y, sin duda alguna, los que queremos y respetamos a los hijos de Paco Marsó obviaremos los motivos que le empujaron a tan trágico final. Cuando el momento llega, poco o nada hay que hacer. Cuestión de destino.